"Mi sueño es el de la patria, el pan y la justicia para todos los españoles, pero especialmente para los que no pueden congraciarse con la patria, porque carecen de pan y de justicia.". JOSÉ ANTONIO

19 de mayo de 2017

"La Lealtad de Pepe Utrera". Por Alberto Ruiz-Gallardón

LA LEALTAD DE PEPE UTRERA
ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN
23 abril 2017 (Diario ABC)


Me hubiera gustado escribir estas líneas contando únicamente las excepcionales cualidades humanas de Pepe Utrera, un hombre machadianamente bueno y cuyo desprendimiento y caballerosidad no ha podido desmentir nadie que le haya conocido.
Me hubiera gustado compartir con el lector de ABC –esta casa que en su liberalidad siempre le dio voz pese a discrepar de sus ideas– quien fue esa persona a quien Juan Manuel de Prada definió como honrado a machamartillo, de una gallardía estoica y una bondad aquietada por la sabiduría. Caballero humanismo, compasivo ante la desgracia ajena, dotado de una fina sensibilidad, hondamente religioso y leal a sus convicciones”.
Me hubiera gustado relatar tantos diálogos con él, en su casa de Nerja, desde que me recibió como un hijo. Contar nuestra emoción cuando nos leía los sonetos que dedicaba a sus hijos, y, sobre todo a Margarita, su mujer “cuando calle mi voz… mis rosas te dirán que te he querido” que ahora habrá de esperar la imposible promesa de Pepe: “Si de la muerte regresar pudiera, volvería a decirte que te quiero…”.
 Pero creo que sería una grave injusticia despachar su trayectoria política con el juicio displicente que en España se ha dedicado a quiénes hasta el final de su vida no han querido traicionar sus lealtades. La lealtad es la distancia más corta entre dos corazones, nos enseñó Ortega. Pepe Utrera fue, siempre, leal a España y a sus convicciones.
Para juzgar a un político hay que  conocer sus circunstancias particulares. Las de Utrera Molina fueron difíciles desde la infancia. Procedente de una familia modesta vio a los nueve años como esta se dividía  y sufría a manos de los dos bandos de la guerra. Padeció, pues las consecuencias de una  contienda en la que no  participó. Dejó escrito que, al abrazar después el programa de José Antonio Primo de Rivera, lo hizo sin albergar deseos de revancha, toda vez que esta hubiera tenido que repartirse entre unos y otros.
A partir de ese momento –el de su ingreso en el Frente de Juventudes- su trayectoria es conocida. Entre otras cosas porque el se encargó de hacerla transparente, pero también porque tuvo una fuerte presencia pública que  no pasó desapercibida allí donde desempeñó sus responsabilidades. Tres nombres de la geografía española marcan sus pasos iniciales: Ciudad Real, Burgos y de modo singular, Sevilla, provincias donde será gobernador civil, y en las que despliega una actividad desbordante. En la época en que se desenvuelve  (década de los sesenta) debe hacer frente a las inmensas desigualdades que el desarrollismo trae consigo, pero ese reto no hace sino estimular su ya arraigado sentido de la justicia y solidaridad. Personas de creencias opuestas a las suyas dan fe de su trabajo incansable para dignificar la vida de barrios enteros, donde todo estaba por hacer. “La mejor universidad es una vivienda”, solía decir a sus colaboradores. Y en coherencia con esa afirmación promovió miles de ellas. Su despacho permanecía abierto para escuchar los problemas de todo aquel que acudiera a buscar ayuda.
Su gestión ministerial, desplegada en dos tiempos y sendas carteras, no le reportó la misma satisfacción. Durante seis meses fue ministro de Vivienda, Ministro General del Movimiento, ya con Arias Navarro, cuatrocientos días. Si en un caso le faltó tiempo para aplicar la política de vivienda que le había dado nombre, en el otro se enfrentó a la amargura de la soledad en su defensa de no alterar los principios fundacionales del régimen. Sin embargo, no se llamaba a engaño. La peculiaridad de su figura radica en que teniendo plena conciencia de la dificultad de su propósito no quiso renunciar en ningún momento a sus ideas. Su cese en marzo de 1975 representó para él un alivio. No en vano, su mujer, Margarita, había acogido la noticia de su nombramiento en diciembre de 1973 con una reacción premonitoria: se echó a llorar y le anunció que sería desgraciado en el cargo.
“El mundo que viví se ha desvanecido como un espejismo” constató.  Y aunque aparentaba ser un hombre herido, su desencanto con los nuevos tiempos nunca obedeció a razones personales. Su preocupación era sincera. Aunque le dolió España hasta el último día no convirtió su dolor en hostilidad o amargura, lo cual no le privaba tampoco de hacer oír su protesta cuando lo consideraba oportuno. Su rica vida intelectual y familiar, de la que he tenido la fortuna  de ser testigo y participe, pero también su propio sentido del saber estar, le pusieron a salvo de esos fantasmas. Se trataba además de una limpieza de corazón que era una auténtica seña de identidad. Porque en su caso el apego a unos principios  no se transformó jamás en rencor  hacia el adversario. “Nunca viví estrangulado por la intolerancia” confesaba.

Se puede disentir de sus opiniones y de la interpretación del tiempo histórico que le tocó protagonizar. Pero su personalidad resultó enormemente atractiva e inspiró respeto en gentes de muy distinta condición. Pongo como ejemplo a mi propio padre que, por haber estado encarcelado en 1956, por defender la causa monárquica, no tenía motivos de cercanía al franquismo y que, sin embargo tuvo siempre una inmensa admiración por Utrera Molina  que después se convirtió en amistad. Observar la admiración de mis hijos por sus dos abuelos, de ideas políticas bien diferentes, ha sido para mi la constatación  del triunfo de la tolerancia en España por la que lucharon incansablemente los dos.
Pepe Utrera era profundamente católico y esperaba la existencia de una vida venidera, o como él decía “una mansión eterna”. Que en ella descanse y tenga paz. Pese a las amarguras de la política, se ha ido con serenidad y con mucho amor. Y como a todo aquel que ha tenido un por qué para vivir, no le pudieron vencer los que sólo tienen un cómo.

1 comentario:

José Ubalde dijo...

Ante todo era un hombre de palabra en el Día Nacional de OJE en Valencia agosto 1974 nos prometió a los cadetes que íbamos a estar con Franco y en diciembre de aquel mismo año estábamos en el Pardo con Franco en un homenaje de la juventud española al Caudillo. Para nosotros era el falangista ideal en unos años mozos que ya teníamos asumida la reconciliación nacional en una OJE que todos eramos camaradas sin importar el origen ideológico familiar.
Ahora en que hasta las distintas falanges están divididas por afán de protagonismo de sus líderes en APUN de Falange sigue siendo un ejemplo ideal para seguir.
Camarada José Utrera Molina Presente!!!