"Mi sueño es el de la patria, el pan y la justicia para todos los españoles, pero especialmente para los que no pueden congraciarse con la patria, porque carecen de pan y de justicia.". JOSÉ ANTONIO

24 de abril de 2019

"La Marina de Vichy"



Título: La Marina de Vichy.
Autor: Joaquín Ruíz Diaz del Corral.
Editorial: Actas.
Año: 2019.


La Marina de Vichy escrita por Joaquín Ruíz Díaz del Corral, coronel auditor procedente del extinto y prestigioso Cuerpo Jurídico de la Armada, no sólo es un excelente ejemplo de investigación histórica sobre un hecho poco conocido, también resulta una muy amena y rigurosa narración de hechos políticos y lances militares.

Los hechos que narra este libro de historia podrían considerarse marginales en el contexto de la II Guerra Mundial, pero no es menos cierto que los mismos determinaron, en parte, el futuro destino de millones de personas y de pueblos enteros de los 5 continentes que formaban parte del imperio francés antes de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, no resulta difícil rastrear en el mapa mundial las cicatrices en forma de fronteras y conflictos que tienen que ver con el acontecer narrado en este libro. Véase el discurrir de Vietnam, Líbano o Siria.

Desde otro punto de vista, abordar la historia de la Marina de Vichy es escribir sobre los vencidos de los vencidos, sobre el destino de una realidad histórica (la Francia de Vichy) olvidada a conciencia por la propia Francia salvo para anatemizarla. El fil rouge de los distintos escenarios geográficos y temporales que describe el libro, lo que unifica situaciones y lugares tan lejanos entre sí, es la Marina de Guerra francesa, cuyos oficiales desempeñaron un papel muy relevante en todos esos lugares y asumieron un protagonismo en un momento poco propicio y estimulante para detentar cualquier tipo de responsabilidades políticas y militares.

Es preciso destacar que la pluma del autor consigue aunar un excelente ritmo narrativo, junto a una notable capacidad de síntesis y acierto descriptivo en los sucesos que narra, especialmente interesantes fueron los que transcurrieron en el norte de África. La batalla del Mers el Kebir, el acontecer de la flota francesa en Alejandría, la resolución de la invasión aliada en 1942 en el norte de África, la desconfianza de nuevos y antiguos aliados, las tensiones entre De Gaulle y el resto de militares franceses, ejemplifican la enorme dificultad política, social y militar que tuvieron que gestionar los marinos de guerra franceses. De alguna manera, parece deducirse del libro, éstos actuaron como un estado dentro de un estado provisional, en un momento de dificultad máxima en el que ninguna solución era fácil de adoptar y cuyas consecuencias tampoco parecían claras. En este sentido, resulta de gran valor humano e histórico el relato de la conducta sacrificada y ejemplar de estos marinos de guerra que acabaron tomando las decisiones que una sociedad derrotada no quiso tomar y afrontando las responsabilidades que nadie quiso aceptar.

La hecatombe social, política y militar de la Francia republicana en la II Guerra Mundial sigue ofreciendo multitud de jugosas lecciones a cualquier sociedad y, particularmente, a cualquier sociedad Occidental. Este libro da pistas del destino de una sociedad decadente y dividida social y políticamente; también describe con imparcialidad como las sucesivas clases políticas de la Francia de los años 30, no sólo fueron incapaces de gobernar con éxito la nación francesa, en un momento crítico, sino que aquella que administró la derrota también fue objeto de la avidez de poder y el oportunismo frente a pocas excepciones ejemplares.

En definitiva, este libro, más allá de su valor historiográfico por la novedad que aporta a la bibliografía española sobre el tema, rinde homenaje, imparcial y riguroso, a aquellos que supieron cumplir su deber en los momentos críticos para una nación como es el de su derrota militar y lo rinde desde la perspectiva de un marino de raza como, sin duda, es el autor, Joaquín Ruíz Díaz del Corral.

César Utrera-Molina Gómez


23 de abril de 2019

Manuel Alcántara. Por Gonzalo Cerezo Barredo


Lo mejor del recuerdo  es el olvido
                                                           Manuel Alcántara    

A ti, fiel camarada, que padeces 
el cerco del olvido atormentado
                                                          Ángel  María Pascual
     
¿Que se puede decir de Manuel Alcántara que no se haya dicho ya?. Pues, eso.  Lo que nadie ha dicho. El fallecido poeta formaba con Manolo Cantarero y Pepe Utrera un núcleo de estrecha amistad. los tres malagueños,  y los tres miembros de  esa generación que algunos llaman perdida, otros olvidada, venían  a ser como tres mosqueteros  que, cada uno a su modo, persiguen sus ideales. Los tres pertenecían a
aquella juventud atrapada entre dos guerras, una en que no lucharon, pero ganaron. Otra que perdieron aunque no combatieron. Como tantos de nosotros,  demasiado niños para la primera y demasiado jóvenes para la segunda. Ni siquiera en la testimonial División Azul, que les pilló todavía de pantalón corto. Ya  no queda ninguno de los tres.

Último en abandonarnos,  a su 91 años, Manuel Alcántara y Manolo Cantarero, eran miembros del Frente de Juventudes y pertenecían a la centuria  que mandaba José Utrera Molina. Pepe, para quienes fuimos sus amigos y camaradas. El destino les llevó por diferentes derroteros. Pero no les separó. Su amistad se mantuvo siempre, unidos, coincidentes en sueños y recuerdos; los mismos, pero  no lo mismo.

     Conocí a Cantarero y Alcántara a través de Pepe Utrera,  en los años de mi colaboración con  el en sus tareas ministeriales,  primero, y de  prolongada amistad,  después, cuando fue apartado de ellas,  aunque nunca de sus irrenunciables lealtades. Poeta secreto, brillante orador que traslucía en sus palabras la innata vocación poética, Pepe se orientó a la política activa. Fue gobernador en tres provincias y ministro en dos ocasiones y en  tiempos de turbulenta transitoriedad. 

Manolo Cantarero no desoyó la llamada de la mar que acariciaba su infancia y a ella dedicó buena parte de su vida como oficial de la  marina mercante. No tanta como para olvidarse de la política, a la que consagró los años que pasó en tierra. Dejó el cuaderno de bitácora para navegar  en mares más procelosos… Se dedicó al periodismo y escribió un  denso libro sobre el socialismo de la Falange;  fundó un partido con el que concurrió a las primeras elecciones de la Transición , y formó parte del Parlamento Europeo.

Muy diferente fue el camino recorrido por Manuel Alcántara. Si bien coqueteó con el boxeo -que marcó su nariz para siempre-  la  poesía, nada secreta en su caso,  fue la pasión de su vida. Incluso aunque se la ganara con el sudor de su pluma (no me lo imagino escribiendo en un ordenador), atado, como decía Capmany —otro de los nuestros- “a la columna”.  En realidad, su verso y su prosa no se diferenciaba más que en la música. Si el periodismo era su profesión, la poesía constituía su vocación. Solo él sabía dónde comenzaba una y concluía  otra. Tan está llena su poética de naturalidad espontánea y cuidadosa selección del lenguaje coloquial que resplandece  con insólita luminosidad al pasar por sus manos; al igual que la prosa se nutre de metáforas, Insólitas, inesperados quiebros o referencias sorprendentes, tanto  que, si no fuera por su dominio del lenguaje, diríase  que,  contrariamente al personaje de Moliere, hablaba en poesía sin saberlo.

     Menos Baudelaire que Ronsard; menos  sarcástico que Quevedo; tan humano como Lope, venía poco por la Corte,  recluido, pero más afortunado que don Francisco el “rincón de estos desiertos”,  en su malagueño Rncón de la Victoria.

     La política era un venero soterrado en su escritura. No se notaba, pero estaba allí,  como en otros poetas de esa generación olvidada (Marcelo Arroita Jáuregui, Alfonso Albalá Cortijo, Salvador Jiménez,...) A ella se refería Ángel María Pascual (191),   algo más tempranero, en su inolvidable soneto  Envío.  Hacerse  un hueco  tras aquellas dos generaciones del 27 y del 36,  sin haber  pertenecido a ellas como sus hermanos mayores, tenía mucho mérito,  pero lo lograron aunque  hoy se pretenda borrar sus huellas y mistificar sus señas de identidad. 

Todos los que he citado, han fallecido, pero no han muerto. Permanecerán en nuestro recuerdo. En Manuel Alcántara, encasillado en su columna periodística,  como si su poemario no existiera, resumo esta memoria del olvido. A todos conocí.  De todos mantengo recuerdo.


                                                                                                                    Gonzalo Cerezo Barredo
Publicado en "Desde la Puerta del Sol"
Número 162– martes 23 de abril de 2019

22 de abril de 2019

Dos años después. La muerte en ti no manda.




Hace hoy dos años del día en que cerraste los ojos en este mundo para abrirlos a la luz de Cristo. Dos años del día en que conociste por fin la Verdad, los misterios que nos inquietan, el porqué de tantas cosas que no somos capaces de entender. Dos años del día en que moriste para vivir siempre.

Pero fue tanto lo que sembraste en vida que puedo decir que la muerte en ti no manda. No manda, porque tu recuerdo sigue vivo en el corazón de esa gran familia que formaste y en el de miles de españoles en los que anida la virtud de la gratitud. No manda porque tus escritos, tus discursos, tu incansable cruzada por mantener una verdad maltratada siguen llegando a muchos españoles que no han sido anestesiados por la mentira. No manda porque la colosal obra social que tú contribuiste a hacer realidad sigue en pie aunque arranquen las placas y borren los nombres de hospitales, viviendas, pantanos, universidades y hogares de ancianos. No manda porque todavía queda un puñado de españoles valientes que no están dispuestos a asistir impávidos y cobardes a que se escupa impunemente sobre la tumba de sus padres y abuelos. Porque cada vez son más los españoles que sienten la emoción de serlo y muy pronto empezaremos a ver esa primavera que, pese a todo, seguiste anunciando en cada escrito.

No hay noche sin aurora, repetías. Y la noche que ha sido larga, no va a ser eterna, ni mucho menos. No vamos a permitir impasibles a que los muñidores del odio profanen vuestras tumbas y vuestra memoria y nos impongan un relato mentiroso de nuestra historia, de vuestra historia para blanquear el odio de quienes te robaron la niñez y llenaron de sangre las calles de España.

Los españoles empiezan a reaccionar a una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa, como decía José Antonio. Estamos hartos de que nos digan cómo tenemos que vivir, pensar y hablar y el grito de Viva España y los acordes de nuestro himno vuelven a escucharse vibrantes por toda nuestra Patria.  

He tenido el privilegio y el honor de poner mi grano de arena en la defensa de la dignidad del sepulcro de tu viejo capitán. No creo en las casualidades. Tú te empeñaste en que aquél niño de 6 años te acompañase a conocer al capitán de tu juventud y hoy tengo el orgullo de estar en primera línea de combate defendiendo con mis armas de abogado su dignidad frente a los profanadores.  En este año convulso, a veces angustioso, he sentido como nunca tu aliento y tu presencia. Sé que estás conmigo y que desde tu lucero, pides por España.

Como tú mismo dijiste, la verdadera tumba de los muertos está en el corazón de los vivos.  Por eso en ti la muerte no manda. Porque siempre seguirás vivo en nuestro orgulloso corazón.

Recibe, una vez más, en esta nueva primavera, esas cinco rosas como tributo del amor eterno de tu hijo que jamás podrá olvidarte.

Luis Felipe   

3 de abril de 2019

Las Naciones Unidas y el choque de dos visiones del mundo: una dominada por poder y dinero y otra por la verdad y el sentido común. Por Beatriz Silva de Lapuerta


«El respeto a la mujer comienza respetándola de acuerdo con todos los aspectos de su humanidad, incluyendo su capacidad para ser esposa, madre, y vivir en relaciones de familia.»


Hace un par de semanas asistí a la 63ª sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW63) que tuvo lugar en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York del 11 al 22 de marzo, bajo el tema “Los sistemas de protección social, el acceso a los servicios públicos y la infraestructura sostenible para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y niñas”. Si bien es cierto que las conclusiones de esta Comisión no tienen carácter imperativo y se trata simplemente de recomendaciones, sin embargo allí se dirimen los asuntos relacionados con los derechos de la mujer que luego se implementan en los diferentes países ya que vienen “recomendados” desde la ONU, como son el aborto, la ideología de género y el adoctrinamiento sexual a nivel internacional.

Estamos todos de acuerdo en que la condición jurídica y social de la mujer puede mejorar mundialmente, pero al comenzar a leer los títulos de algunas de las reuniones con antelación, y más tarde al asistir a algunas de las mismas, me sobrecogió la presencia de dos puntos de vista totalmente opuestos que se encuentran representados en la ONU pero en medida muy desproporcionada; se estima la asistencia de unos 8.000 participantes, pero solo unos centenares que claramente defienden los valores tradicionales del Matrimonio, la Familia y la Vida.

Por una parte está el punto de vista del “feminismo radical” con una abrumadora mayoritaria representación, que bajo expresiones como “acceso a derechos sexuales  y reproductivos” intentan incluir acceso libre al aborto para toda mujer y a cualquier edad, el aborto como un “derecho fundamental”, el acceso libre a condones y otros métodos anticonceptivos, la defensa y promoción del derecho del trabajador sexual (prostitución), la educación sexual e ideología de género y educación comprensiva sexual para niños, intentando intensificar el adoctrinamiento de 0-3 años. Claramente, una visión que promueve una “cultura de muerte y destrucción de la familia”, dirigida principalmente por aquellos países “llamados” del primer mundo. –A este respecto, debo destacar que en los últimos dos años la Administración de EEUU y sus representantes en la ONU, se han manifestado rotundamente en favor a la vida, no otorgando ningún dinero para financiar o promocionar el aborto internacional y dirigiendo las cantidades asignadas a ayuda real de la mujer-.

Por otra parte nos encontramos con un segundo punto de vista, aquellos que luchan por defender los "valores tradicionales”, el valor de la maternidad, el matrimonio, la defensa de la vida y la libertad religiosa, al tiempo que tratan de encontrar auténticas soluciones a verdaderos problemas, tratando de erradicar la pobreza y el hambre, mejorar la educación y la sanidad, crear programas para ayudar a obtener agua potable etc. Estas son necesidades de todas las mujeres y son vitales en países con recursos limitados. Proponen el ver a la mujer desde un punto de vista auténtico y con una  visión integral de la misma, no presentándola solo como un sujeto económico u objeto sexual y solicitan el que no se les impongan programas –especialmente de aborto, anticonceptivos e ideología de género- que no desean a cambio de asistencia económica que realmente necesitan. Encabezando este grupo se encuentra la voz constante de la Santa Sede, Observador Permanente de la ONU, así como los países “llamados” del tercer mundo, especialmente África.

Mientras paseaba por los pasillos y atendía distintas reuniones, me sobrecogió la gran contradicción de un mundo que se ha vuelto del revés; un mundo donde se ataca aquello que es sentido común y sin embargo se ensalza aquello que está en contra de la mujer. Pude ver la presencia del “impostor/engañador” tergiversando la verdad y la mentira hasta que quedan pocos que pueden reconocer la diferencia entre ambas.

Destacando de nuevo que la representación de estos dos puntos de vista no es igualitaria sino que el “feminismo radical” se haya representado con una mayoría aplastante, quisiera acabar con una nota de esperanza, ya que la última reunión que asistí estuvo organizada por la Santa Sede sobre el tema del “trabajo no remunerado de ayuda a la familia”, especialmente el trabajo de las madres en todo el mundo. Allí pude ver con claridad, que rodeada por una gran oscuridad, existe una Institución que todavía se mantiene hoy como un faro dando luz en medio de la noche y defendiendo la Verdad y el sentido común: La Iglesia Católica.

Puede ser que haya un porcentaje muy pequeño en la ONU que defiende la Verdad que Dios ha imprimido en nuestros cuerpos y almas; el matrimonio como una institución permanente entre un hombre y una mujer para amarse (el don mutuo de uno mismo para beneficio del otro y de la familia) y para la procreación (la participación con Dios en el acto de crear); los hijos como bendiciones con potencia de pasar la eternidad en el cielo o en el infierno y la responsabilidad de guiarles por el buen camino; la vida como un regalo de nuestro Creador y que se nos acaba en “su tiempo perfecto” y cuando El así lo desea; la dignidad humana como algo que debe ser respetada y apoyada desde su concepción hasta la muerte natural, para aquellos con discapacidades y sin ellas, para ancianos y jóvenes; el respeto a nuestros cuerpos y la sexualidad como algo valioso que no debemos usar como un objeto sino como algo sagrado que debe ser apreciado y vivido dentro del matrimonio; los hombres y mujeres como seres complementarios uno del otro y colaboradores y no como enemigos; pero existe una mayoría en el mundo que no se haya representada en la ONU y que si pudiera asistir a esta Conferencia de la CSW levantaría su voz contra el programa del “feminismo radical”; por eso aquellos que podemos participar en este tipo de reuniones, tenemos la obligación de hablar abiertamente por aquellos que comparten nuestros valores y no se hayan representados, como dice el Arzobispo Charles Chaput de Filadelfia: “los seculares pretenden imponernos su manera de ver el mundo, y si nosotros no promovemos la visión de nuestra fe, una visión de la realidad contraria a la nuestra se nos impondrá”.

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En cuanto a las ideas que se promueven en la ONU, debemos preguntarnos: ¿respetan verdaderamente la dignidad de la mujer auténticamente como mujer?, ¿son realmente lo que la mujer desea o están tratando de hacer a la mujer competitiva de acuerdo con un modo masculino de ver la vida, la sociedad y la realidad económica?

El respeto a la mujer comienza respetándola de acuerdo con todos los aspectos de su humanidad, incluyendo su capacidad para ser esposa, madre, y vivir en relaciones de familia. Por ello debemos condenar aquellas situaciones de injusta discriminación de la mujer, apoyar su protección social, el acceso a servicios públicos e infraestructura sostenible que la permitan el acceder al trabajo fuera de casa si lo desea, pero esto debe hacerse sin separar su maternidad y su feminismo. Debemos de valorar y promover a la mujer en todos sus aspectos de “auténtico feminismo”, incluyendo el fundamental, la maternidad.


                                                                                     Beatriz Silva de Lapuerta