31 de enero de 2013

Con el alma maltrecha y dolorida. Por José Utrera Molina


(Artículo publicado hoy en ABC)

«Desde la contemplación de mis muchos años le pido a Dios que ayude a Cataluña, que no está representada por sus actuales dirigentes sino por la voz de la historia, que reclamará algún día el precio de la fractura que se pretende consumar»


HACE unos días leí en las páginas de ABC, diario que asiduamente leo, un gran artículo de Jaime González titulado «El claudicante». Hace una oportuna referencia a las palabras que escribió en su día el poeta Neruda que decían lo siguiente: «Mirad mi casa muerta, mirad España rota…». Estas frases traen a mi memoria el recuerdo de algo que el tiempo no ha podido borrar de mi corazón. Tenía yo ocho años y contemplé a mi abuelo que era un hombre alto, fuerte y con un vigor extraordinario, doblado ante un aparato Telefunken que transmitían las noticas del recién proclamado estado catalán. Mi abuelo lloraba. Le pregunté sorprendido qué ocurría para que él manifestara en sus sollozos su desazón y su dolor. Me contestó: «Tú no lo comprendes, pero España se está rompiendo y yo estoy muy triste».

Cito estas palabras y esta anécdota porque fueron el inicio de mi sentimiento patriótico. Me preguntaba entonces, cómo un hombre tan recio podía llorar y comprendí que su llanto debía estar motivado por una causa grande.

Quién nos iba a decir a tantos españoles que íbamos a contemplar de nuevo una circunstancia tan desastrosa en el orden histórico y tan perversa en el orden moral; que transcurridos nada menos que setenta y nueve años, España iba a volver a sufrir con tanta alevosía, con tanta desvergüenza, con tanto rencor y con tanta malicia un atentado contra su ser esencial y su unidad irrevocable.

No voy a entrar a referir aquí todo lo que Cataluña ha sido para España. Las épocas más gloriosas de nuestro acontecer histórico han estado llenas de la entusiasta y a veces incluso delirante colaboración de Cataluña. Yo he vivido muchos de sus latidos y he entonado muchas de sus canciones y, sobre todo, he conocido y respirado en su aire la atmósfera distinta y maravillosa que representaba el más sólido pilar de la Nación española. Me duele ahora, después de tantos años, la criminal actitud de los actuales gobernantes catalanes, que posiblemente no podrán recordar a tantas gentes como yo personalmente conocí, que con sus raíces catalanas habían defendido hasta la muerte el sentido de España, habían nutrido con numerosos efectivos la gloriosa División Azul y habían mantenido un clamor de lealtad cuando existían por entonces algunos silencios precursores de una dolorosa negación.

Hoy es para mí un día de luto, un día triste, sobre todo al no escuchar la palabra justa que defina una actitud firme de gobierno frente a este dislate separatista. Me duele, me sobresalta este silencio gubernamental que no llego a comprender y que me produce sorpresa, indignación y estupor. A mi juicio es el gobierno de la nación el que tiene una irrevocable obligación de salir al paso de tanta inadmisible bravuconería, que tiene justicia y resortes suficientes para mantener la energía intocable de la independencia nacional.

Día tras día verbalmente se atacan los cimientos de nuestra Constitución, se provoca el ánimo no solo de los catalanes sino con sentido contrario el de muchísimos españoles. Se juega a una increíble división, se alistan en la tribu de los que desconocen por completo el valor histórico y español de los catalanes. ¿Cuánto va a durar esta situación? ¿Cuánto tiempo va a soportar el Gobierno tan sucesivas agresiones? Yo creo que la mayoría de los españoles somos contrarios a ese disparate promovido por la ambición y el descaro personalista de unos profesionales de la política que carecen de valor y de dignidad.

Desde la contemplación de mis muchos años le pido a Dios que ayude a Cataluña, que no está representada por sus actuales dirigentes sino por la voz de la historia, que reclamará algún día el precio de la fractura que se pretende consumar. Escribo esto sin rencor y sin furia, pero declaro que me gustaría agotar mi senectud ya avanzada con mis ojos cerrados para siempre sin contemplar el espectáculo vergonzoso de una clamorosa traición. España debe permanecer unida y en paz, y debe librar su futuro de falsos encantamientos, de miserables oportunismos y de equivocaciones tan solemnes como históricamente impropias.

JOSÉ UTRERA MOLINA

25 de enero de 2013

Con los chulos no se dialoga



Rajoy ha dicho que no le oiremos levantar la voz ante el reto soberanista y que seguirá dialogando con Mas. Se equivoca gravemente. Son legión los catalanes que están hartos de escuchar sólo las bravuconadas de los genios de la disgregación y de que el gobierno de la Nación no haga oír su voz en defensa de la españolidad de Cataluña.

Un Presidente del gobierno no tiene nada de qué hablar con los chulos y los delincuentes.

Sr. Rajoy:  no está Ud. a la altura de la coyuntura histórica que le ha tocado vivir.

LFU

23 de enero de 2013

Situación límite.



El Parlamento de Cataluña ha dado hoy un paso más en el desafío al Estado, vulnerando manifiestamente la legalidad vigente al declarar como sujeto de soberanía al pueblo catalán. Sería un error quitarle importancia al gesto, en cuanto símbolo y precedente de una futura declaración de independencia. Trinchera que abandonas, trinchera que es ocupada por el enemigo y en esto no es admisible ceder ni un palmo de terreno.

España espera que su gobierno no guarde silencio en esta situación.  Urge una declaración pública por parte del gobierno que demuestre firmeza en el cumplimiento de la legalidad y en la defensa de la unidad de España.

Urge recordar a todos alto y claro que Cataluña no es soberana, ni lo ha sido nunca. Que la soberanía reside en el pueblo español y solo en el y que no se tolerara ningún atentado contra la unidad de la patria.

Estamos ante una situación limite y callar ahora seria una gravisima irresponsabilidad. España se merece un gobierno que la defienda y no haga mutis por el foro consintiendo declaraciones o actitudes desafiantes y manifiestamente ilegales.


LFU

17 de enero de 2013

Cambiar todo para que todo cambie.


Leo en la prensa que el foro Sociedad Civil presidido por Ignacio Camuñas (el otrora conocido como “Nacho de Noche”) presentó ayer una propuesta de reforma constitucional que supondría un cambio radical del actual sistema político. La primera es suprimir las comunidades autónomas para establecer «un estado unitario con un solo gobierno, un único parlamento y un tribunal supremo para todo el territorio». «España no puede seguir así», remachó, «porque no nos podemos permitir 17 gobiernos, 17 parlamentos, 17 tribunales superiores de justicia y 17 tribunales de competencia».

La segunda, cambiar la Ley Electoral e instaurar un sistema mayoritario con 300 circunscripciones pequeñas que elegirían a un solo diputado. Los otros 50 se votarían en circunscripción nacional. Además, plantean la supresión del Senado, porque en un estado unitario no tendría sentido mantener una pretendida cámara territorial.

El ex ministro expuso que el Estado de las Autonomías se ha demostrado «un intento fallido» porque «tuvo como función esencial dar acomodo a los nacionalistas catalanes y vascos». Más de 35 años después, esos nacionalistas han demostrado su «gran deslealtad» y que quieren «romper España» al aspirar a la independencia de Cataluña y del País Vasco.

«Queremos purificar nuestra democracia», añadió el ex ministro, «que se retiren las subvenciones a los partidos y a los sindicatos y que estas enormes organizaciones que hoy son los partidos cobren una dimensión menor, dejando paso a la sociedad civil».

En efecto,  los nacionalistas han demostrado una gran deslealtad....pero los que diseñaron el modelo constitucional, acreditaron, en el mejor de los casos, una colosal ingenuidad. Espero que nadie nos venga nunca más con lo de la “modélica transición”, porque la verdadera transición no la hicieron Suárez, Torcuato, ni el Rey. La dejó hecha el régimen anterior que tomó una España pobre y desgarrada y dejó una nación reconciliada, en paz y desarrollo, para que otros sentaran después las bases para la decadencia de nuestra Nación.

Nunca es tarde si la dicha es buena, reza el adagio castellano.  Ojalá nos hubieran ahorrado tanto sufrimiento y evitado que España se convirtiese en un lodazal infectado de corrupción y desvergüenza.  Pero bienvenida sea esta iniciativa y bienvenidos Camuñas y los demás que vengan con humildad al camino del sentido común, porque para que todo cambie, antes es preciso cambiarlo todo.

LFU

8 de enero de 2013

España, antes que la Corona

Estuvo mal, muy mal el rey en su mensaje de Nochebuena, que ya sólo ven los fetichistas y otros animales de costumbres. Omitir cualquier referencia a la unidad de España en plena exaltación impune del secesionismo catalán, no es sólo una irresponsabilidad, sino también una colosal estupidez.

Debiera saber el rey que la mejor manera de mejorar su imagen -tan deteriorada después del asunto de su yerno y de las aventuras cinegéticas y de las otras- no es ofrecer entrevistas enlatadas y almidonadas con periodistas cortesanos, sino dar muestras de coraje en defensa de la nación española, aunque resulten provocadoras para quienes anhelan su destrucción. Aquel "porque no te callas" ante Chávez le hizo grande en España a pesar de los insultos de su destinatario. Este silencio, en una de las horas más tristes de España, le empequeñece y le convierte cada vez más en prescindible.

 La Corona no tiene sentido si España se rompe como nación. El único sentido que aconseja mantener la monarquía como institución es su sentido vertebrador por la continuidad histórica que representa de cinco siglos de Historia común. Por esta razón, si sabiendo lo que tiene por delante se contenta con una dosis insoportable de incienso por parte de los medios de comunicación que tanto le han perdonado olvidando dar la cara cuando España se lo demanda, mal futuro le auguro a la Corona, porque antes que ésta y por encima de ella, estará siempre España.

LFU

4 de enero de 2013

Mi mujer cumple 40 años


Todos necesitamos un bastón aunque no todos sabemos apreciar su verdadero valor.

Reconocer nuestras propias limitaciones nos lleva a la búsqueda incesante de un punto de apoyo que nos mantenga de pie frente a las adversidades de la vida, que mantenga su firmeza y fidelidad en medio de la tormenta y nos conduzca seguros por el difícil y apasionante camino de la vida.

Mi primer bastón fueron mis padres.  De su mano di los primeros pasos y adquirí la seguridad necesaria para caminar solo, para soltar amarras y hacerme a la mar en busca de mi propio porvenir. Tardé mucho en hacerlo;  tan bueno era el bastón que me ofrecían y aún me ofrecen, gracias a Dios, los autores de mis días.

Pero hace ahora dieciocho años, tuve la suerte de encontrar, entre todos los que había, el mejor bastón, el definitivo.   Un bastón al que entregar para siempre mis confidencias, sobre el que llorar mis penas, desnudar mi alma y compartir mi esperanza. Con el que compartir la felicidad y también el peso de las responsabilidades con las que la vida nos va cargando.

Mi precioso bastón cumple hoy 40 años y se llama Paloma.  Sé muy bien que aunque avance rugiente la tormenta y en mi mástil ya gima el huracán, jamás habrá de faltarme su aliento y su consuelo, su amor y su esperanza.  Tiene la solidez de la roca y tras una perfecta y ordenadísima armadura esconde un corazón cálido y también menesteroso de protección, de cariño, de certidumbres.  Ella también necesita un bastón,  aunque el que yo puedo ofrecerle sea, más que de botica, de romántico anticuario. 

Mis hijas no podían haber encontrado mejor bastón al que agarrarse. Con su ejemplo y su cariño van bien pertrechadas para salir a la interperie de la vida.

Y yo no podría prescindir jamás de mi bastón, porque la quiero con todo mi corazón. 

Por todo lo que has hecho, por todo lo que eres, por todo lo que nos das, gracias.

Con todo mi amor, muchas felicidades y que Dios te bendiga.

Tuyo

LFU