"Mi sueño es el de la patria, el pan y la justicia para todos los españoles, pero especialmente para los que no pueden congraciarse con la patria, porque carecen de pan y de justicia.". JOSÉ ANTONIO
25 de septiembre de 2014
23 de septiembre de 2014
Con el honor intacto
Hace unos meses, cuando ya se vislumbraba que el proyecto de ley de reforma de la ley del aborto acabaría acumulando polvo en un cajón de presidencia del gobierno y siendo consciente de su soledad, le envié el mensaje de aliento y agradecimiento que había recibido de mi madrina, una mujer que dedicó 30 años de su vida a cuidar del amor de su vida, una niña con Síndrome de Down hasta que Dios quiso llevársela y que ahora cuida de su marido, enfermo del Alzheimer. Todo un ejemplo de amor y defensa de la vida.
Su contestación fue escueta, pero significativa: “Muchas gracias Luis. Esos son los ejemplos que confirman la necesidad de dar esta batalla. No tengas ninguna duda que la llevaré hasta el final, aunque me costase el ministerio. En toda mi vida política es ésta la causa más noble que he defendido.“
Lo que en un principio fue la negativa a habilitar una partida presupuestaria para ayuda a la maternidad –lo que ya dejaba cojo el anteproyecto- pronto comenzó a derivar en obstáculos, objeciones y recortes de todo tipo, que amenazaban con desnaturalizar por completo un anteproyecto que, como hemos comprobado, iba mucho más allá de lo admisible para un amplio espectro de la sociedad, en el que se enmarca la dirección del Partido popular. El final de la historia era previsible: una apelación a un consenso imposible para vestir el muñeco de lo que no es sino una clamorosa claudicación de principios.
Produce honda desazón comprobar cómo la falacia del falso progresismo ha contaminado al principal partido de la derecha (o de lo que sea). El inexplicable complejo de inferioridad frente a la izquierda ha acabado por aniquilar el menor atisbo de defensa de unos principios que habían llevado a muchos a darles su apoyo. Y es que todo el proyecto de ingeniería social de los ocho años de Zapatero (aborto, memoria histórica, etc…) se mantiene incólume en nuestro ordenamiento, ante la pasividad de un gobierno alérgico a los valores tradicionales de sus votantes y empeñado en confiarlo todo a la economía y al miedo que puedan meter los de “podemos”.
Era plenamente consciente de que poniéndole un plazo a la aprobación del proyecto de ley se estaba poniendo un plazo a sí mismo. Acaso era la única forma de que cada uno se retratase y asumiese su responsabilidad. Y él ha acabado asumiendo la suya con enorme dignidad. Con auténtico señorío. Ha tratado de dar una batalla imposible para concienciar a la sociedad de la necesidad de defender la vida frente a la cultura de la muerte y ha fracasado en el intento, o no, porque esto no acabará aquí, ni mucho menos. Y para mí, esa convicción interior que le ha llevado a sacrificar su carrera política por una causa tan noble como la defensa de la vida de los más débiles justifica y redime toda su trayectoria. Empezó en política de la mano de su padre defendiendo la vida frente a la primera ley del aborto y Dios ha querido que sea también esa la causa de su adiós.
Se va con el honor intacto. A otros les toca administrar las consecuencias de una vergonzosa claudicación. A él, recuperar su vida, ese mundo aparte que todos tenemos en un rincón del alma.
Un gran abrazo y gracias por tu ejemplo.
Luis Felipe Utrera-Molina
Su contestación fue escueta, pero significativa: “Muchas gracias Luis. Esos son los ejemplos que confirman la necesidad de dar esta batalla. No tengas ninguna duda que la llevaré hasta el final, aunque me costase el ministerio. En toda mi vida política es ésta la causa más noble que he defendido.“
Lo que en un principio fue la negativa a habilitar una partida presupuestaria para ayuda a la maternidad –lo que ya dejaba cojo el anteproyecto- pronto comenzó a derivar en obstáculos, objeciones y recortes de todo tipo, que amenazaban con desnaturalizar por completo un anteproyecto que, como hemos comprobado, iba mucho más allá de lo admisible para un amplio espectro de la sociedad, en el que se enmarca la dirección del Partido popular. El final de la historia era previsible: una apelación a un consenso imposible para vestir el muñeco de lo que no es sino una clamorosa claudicación de principios.
Produce honda desazón comprobar cómo la falacia del falso progresismo ha contaminado al principal partido de la derecha (o de lo que sea). El inexplicable complejo de inferioridad frente a la izquierda ha acabado por aniquilar el menor atisbo de defensa de unos principios que habían llevado a muchos a darles su apoyo. Y es que todo el proyecto de ingeniería social de los ocho años de Zapatero (aborto, memoria histórica, etc…) se mantiene incólume en nuestro ordenamiento, ante la pasividad de un gobierno alérgico a los valores tradicionales de sus votantes y empeñado en confiarlo todo a la economía y al miedo que puedan meter los de “podemos”.
Era plenamente consciente de que poniéndole un plazo a la aprobación del proyecto de ley se estaba poniendo un plazo a sí mismo. Acaso era la única forma de que cada uno se retratase y asumiese su responsabilidad. Y él ha acabado asumiendo la suya con enorme dignidad. Con auténtico señorío. Ha tratado de dar una batalla imposible para concienciar a la sociedad de la necesidad de defender la vida frente a la cultura de la muerte y ha fracasado en el intento, o no, porque esto no acabará aquí, ni mucho menos. Y para mí, esa convicción interior que le ha llevado a sacrificar su carrera política por una causa tan noble como la defensa de la vida de los más débiles justifica y redime toda su trayectoria. Empezó en política de la mano de su padre defendiendo la vida frente a la primera ley del aborto y Dios ha querido que sea también esa la causa de su adiós.
Se va con el honor intacto. A otros les toca administrar las consecuencias de una vergonzosa claudicación. A él, recuperar su vida, ese mundo aparte que todos tenemos en un rincón del alma.
Un gran abrazo y gracias por tu ejemplo.
Luis Felipe Utrera-Molina
15 de septiembre de 2014
Cataluña en el alma. Por José Utrera Molina
El hombre está compuesto de esperanzas y de recuerdos.
Algunos de estos últimos configuran toda una vida. De ellos arranca una
borrachera del corazón, un episodio inolvidable que resuena en nuestras almas.
A partir de ellos se configura toda una vida y se fortalece una gran ilusión.
Del dolor arrancan siempre las mayores cuestiones, los más inolvidables
episodios. Todo aquello que dio a nuestros músculos tensión, a nuestra mente el
clamor alborotado, a las decisiones de nuestra voluntad, fortaleza y valor.
Han pasado muchos años. Yo apenas contaba con la
inexperiencia de los diez abriles pero la inolvidable imagen de mi abuelo
vencido ante un aparato Telefunken que trasmitía las noticias sobre la quiebra
de la unidad española abanderada por Luis Companys, ha dejado
en mí una huella tan definitiva y profunda que puedo afirmar que de ahí arranca
el sentido último de mi patriotismo, siempre basado en la unidad de las tierras
de España.
Son pues las lágrimas de mi abuelo las que acaso fecunden mi
tremendo dolor actual. He llevado siempre a Cataluña en el corazón. Sus modos
ejemplares de convivencia, la finura de sus caracteres y su ambición llevada a
todas las partes del mundo con el sello de su irreversible personalidad, no
pueden ser una anécdota vana. Pero ahora,
cuando el griterío demagógico de una parte de los catalanes se empeña en
trocear la unidad española, quiero alzar mi voz, tal vez poco resonante pero
dramáticamente sincera, en defensa de la irreversible españolidad de Cataluña.
A todos nos corresponde la defensa de España y no puede tolerarse
ya ningún avance más en esta ofensiva secesionista llena de zafiedad y nacida
de la mentira que no tiene otro propósito que romper una hermandad con muchos
siglos de historia y que ahora aparece falseada en artículos y en lecciones que
han aprendido para el mal varias generaciones catalanas. Hay ocasiones de nuestra historia en las que el
silencio no es solo culpable, sino alevoso y criminal. Lo que estamos viviendo en
estos días es un episodio trascendente que tiene estas señales malditas. Las
profundas raíces históricas de la españolidad de Cataluña llevan más de 30 años
siendo borradas y manipuladas con notable impunidad por un nacionalismo tan
mezquino como astuto que ha contado con el beneplácito silente e irresponsable
de los partidos mayoritarios como precio intolerable de su apoyo parlamentario.
Yo denuncio esta intolerable actitud de quienes no quisieron atisbar las
consecuencias de su dejación y recuerdo las lágrimas de mi abuelo, que se
enjugan con las mías de ahora, con la voluntad y atrevimiento de ofrecer mi
propia vida si la ocasión lo permite, para defender la españolidad de Cataluña.
He tenido entre mis colaboradores a catalanes excepcionales.
He convivido con ellos y he aprendido la lección de su sobriedad y la pureza de
sus empeños. Casi todos han muerto ya, pero acaso Dios ha querido que yo esté
vivo todavía para denunciar esta monstruosa intención secesionista y para
llamar a las cosas por su nombre y a los políticos tibios y amedrantados como verdaderos
traidores que la historia habrá de juzgar algún día. Ha llegado la hora de que el gobierno escuche, por
fin, el clamor de quienes lo consideran todo perdido y se sienten abandonados a
su suerte en esa parte entrañable de España y demuestre firmeza sin complejos en
el cumplimiento de la ley.
Sé que mis palabras apenas nada significan, que mi emoción
está amordazada, que mi decisión de combatir está lastrada, pero declaro
firmemente que no quisiera morir sin haber presenciado la resurrección de
España. Considero que no vale la pena vivir viendo nuestra patria derrotada y
agonizante. Hoy más que nunca, el
silencio ante esta cuestión vital es culpable. Pidamos a Dios que la historia
no nos condene por cobardía ni nos castiguen por indiferentes, en lo alto de
los valles, en la profundidad de nuestras llanuras, en la longitud de nuestras
playas, en los pueblos en que viven, tal vez olvidados, los catalanes que
sienten a España en su corazón, a los que quiero hacer llegar esta proclama:
Nadie tiene derecho a romper lo que los siglos han amasado con gloria, dolor y
lágrimas.
José Utrera
Molina
10 de septiembre de 2014
Sic transit gloria mundi
Eso
es lo primero que me ha venido a la cabeza al escuchar la noticia del
fallecimiento de Emilio Botín. Reflexionar
sobre lo efímero de la gloria terrenal y pensar si, sorprendido por la guadaña
en plena noche, habrá tenido tiempo para bien morir. Saber que de nada sirve en
ese último viaje lo atesorado en la tierra, que el único equipaje que hay que
tener siempre a punto son las cuentas de amor que tenemos en el haber.
Me
ha venido a la memoria aquella impresionante carta de un joven José Antonio,
condenado a muerte, a su amigo Rafael en la que se quejaba de la forma en la
que había de entregar la vida: “Quisiera haber muerto despacio, en casa y cama propias, rodeado de
caras familiares y respirando un aroma religioso de sacramentos y
recomendaciones de alma, es decir, con todo el rito y la ternura de la muerte
tradicional. Pero ésta no se elige”
No
se elige. Ni el día ni la hora tampoco. Viene sin avisar y todos vivimos como
si fuéramos a estar aquí para siempre. Por eso olvidamos con frecuencia qué
importante es vivir cada día como si fuera el último, disfrutar de los que
queremos, darnos a los demás, no dejar para mañana esa palabra, ese perdón, ese gesto amable que los demás esperan y que siempre dejamos para un mañana que a lo mejor no lo es.
He
rezado por su alma, que por muchos juicios terrenales que ahora reciba, sólo
conoce Dios. Es lo que debe hacer un cristiano. Y estar preparado, también.
LFU
8 de septiembre de 2014
Ha muerto el soldado Palomo. Por José Utrera Molina
Ninguna etapa de mi vida ha tenido una resonancia en mi
corazón tan fuerte y definitiva como los años inolvidables del servicio
militar. Allí tuve la ocasión de conocer
a un hombre excepcional. Una mañana, en el cuartel de San Jerónimo (Granada), sorprendí
a un grupo de soldados que atendían absortos a las palabras de un soldado de
filas, para mí desconocido. Me acerqué al grupo y escuché con admiración las
palabras cortantes, lacónicas y firmes que utilizaba el soldado Francisco
Palomo. Cuando terminó, le pregunté: soldado,
¿vendrías conmigo a donde yo te dijera? “Aunque fuera al infierno” -me contesto-.
“Al infierno, no –le dije-, pero tienes derecho a conocer muchas cosas de la
vida, porque creo en tu valor, en tu inteligencia y mereces una vida nueva.
Cuando termine mis prácticas de Alférez, quiero que vengas conmigo.”
No lo dudó y desde entonces tuve el extraordinario honor
de su compañía. Lo llevé conmigo al Gobierno civil de Ciudad Real, luego a
Burgos y por fin a Sevilla, donde se asentó, ya casado, en una pequeña vivienda
juntó a la que instaló un quiosco en el que vendía todo aquello que sabía que
la gente necesitaba.
Jamás se interrumpió nuestra amistad. Hablábamos con
frecuencia. Palomo amaba a España con la intimidad de su corazón insatisfecho.
Decía que su patria era la mejor del mundo, cuando él había nacido sin ningún
medio y perpetuaba su existencia sin lujos de ninguna clase.
Pasó el tiempo. Yo cesé de ministro, abandoné mis responsabilidades
políticas y con el tiempo, también las privadas pagaron el precio de mi lealtad.
Palomo, que sabía de mi abundante carga familiar, me llamó un día y me dijo: “Mi
alférez: tengo cinco millones ahorrados. Son para usted”. Las lágrimas que
derramo ahora, brotaron entonces de la emoción y le dije: “Gracias, amigo.
Puedo todavía enfrentarme con la vida sin ninguna clase de ayuda, pero jamás
olvidaré tu enorme gesto de generosidad.” Esa era la nobleza de un hombre sencillo
que atesoraba una riqueza en el corazón que no he conocido en nadie más.
Hace tres días me llamó su mujer: “Mi alférez, soy la
mujer de Palomo y le llamo para decirle que se ha ido”. ¿Dónde se ha ido?, le
pregunté. “Se ha ido, para siempre”, me contestó. Aquella lacónica comunicación
me produjo una perturbación emocional que nunca había conocido. Palomo, mi
soldado, mi entrañable amigo, había muerto, y su viejo Alférez lloraba de dolor.
Era su corazón el más puro, el más auténtico que traté
jamás. Poseía un altísimo grado de
intuición, que es siempre el principio motor de la sabiduría. Tenía valor, pero
sus límites estaban claros y limitados por su bondad. Ya no escucharé más su
voz preguntándome “¿cómo está, mi Alférez?” Pero yo seguiré cada día, mientras pronuncie
su nombre en mi oración de cada mañana,
contestándole lo acostumbrado: “voy viviendo, Palomo.”
Escribo esto en homenaje a su hombría de bien, a su profundo
amor a España, a su generosidad y a su amor por su familia. Fue un soldado
ejemplar. Un hombre de una pieza. Yo le rindo mi homenaje y se me rompe el
corazón al recordarlo. Tengo la seguridad de que ahora nos mirará desde el
lugar de privilegio que Dios tiene reservado para quienes pasan por la vida
haciendo el bien, sin proclamarlo.
Descansa en paz, Palomo, amigo del alma.
José Utrera Molina, Exministro y Alférez del Arma de
Ingenieros
4 de septiembre de 2014
Un heróico 16%
Con la que está cayendo, que algo más de un 16% de los
jóvenes españoles esté dispuesto a dar la vida por España, lejos de ser una
mala noticia, resulta una invitación a la esperanza. Yo creía que eran, o éramos -pues con
cuarentaytantos aún me considero joven-muchos
menos.
Fue la derecha –no olvidarlo- la que eliminó de un plumazo
el servicio militar con la repugnante gracieta del peor ministro que recuerdan
los militares, Federico Trillo, que quiso hacerse el enrollado con aquello de “se acabó la puta mili”. Era evidente que Aznar pensaba más en las
próximas elecciones que en las siguientes generaciones, aunque con su proverbial
humildad seguro que tampoco es capaz de reconocer aquél inmenso error. Se privó
a generaciones de jóvenes de conocer la milicia, de aprender valores como la
disciplina, la humildad, la renuncia o el compañerismo. Se les hurtó la
posibilidad de escuchar en la orden del día las hazañas gloriosas de nuestro
ejército, de sentir el orgullo de servir a una patria que para muchos ha
desaparecido de su entorno, de saber en definitiva, lo que representa ser
español.
Como decía Spengler, al final siempre es un pelotón de
soldados el que ha salvado la civilización. Y en una España en plena decadencia, en
la que los valores del honor y de la patria quedaron arrumbados, cuando no
proscritos, hace decenios; en los que los chavales estudian de memoria los
churros, rosquillas y huesos de santo como alimento tradicional e ignoran
el nombre de nuestros legendarios conquistadores del XVI; en la que la
categoría de las personas se mide por el precio de su teléfono y el sacrificio ha
pasado de ser un valor a convertirse en una patología más del masoquismo, saber
que hay un 16% de los españoles que, resistiendo heroicamente el colosal embite
de un medio hostil, serían capaces de dar su vida por España, es como para
estar orgullosos y sacar pecho.
En ese 16% caben muchos pelotones. Con muchos menos, D.
Pelayo inició la reconquista. Definitivamente, un nuevo motivo para creer aún
en nuestra querida España.
LFU
1 de septiembre de 2014
De vuelta
Gracias a Dios, he podido disfrutar de un mes de vacaciones en compañía de mi mujer, de mis hijas, de mis padres y de mis hermanos. No todos pueden decir lo mismo. Por eso sé que soy un privilegiado. Por eso no sé qué es eso del "síndrome posvacacional", esa horterada insensible con quienes no pueden permitirse ni un día de vacaciones porque no tienen donde trabajar.
Así que de vuelta al trabajo y feliz por tenerlo. Ojalá muchos españoles encuentren trabajo el curso que comienza, que se nos antoja vital para nuestra querida España y en el que procuraré asomarme a esta página, en su7º año de vida, cuando mi trabajo me lo permita. "Primum vivere..."
Como decía Don Quijote, podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo, jamás.
Un abrazo a todos
LFU
Así que de vuelta al trabajo y feliz por tenerlo. Ojalá muchos españoles encuentren trabajo el curso que comienza, que se nos antoja vital para nuestra querida España y en el que procuraré asomarme a esta página, en su7º año de vida, cuando mi trabajo me lo permita. "Primum vivere..."
Como decía Don Quijote, podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo, jamás.
Un abrazo a todos
LFU
29 de julio de 2014
Pujol, Game over
El reciente destape de una mínima
parte sus vergüenzas pecuniarias por el patriarca nacionalista Pujol ha hecho
emerger de las profundidades enormes dosis de impostura en no pocos políticos y
comentaristas que parecen recién caídos del guindo tras décadas mirando para
otro lado mientras la familia hacía
caja con las pingües comisiones que formaban parte de la normalidad empresarial
en medio del paisaje putrefacto de un oasis mantenido durante lustros por
tirios y troyanos gracias a una ley electoral hecha a la medida de las fuerzas
centrífugas.
No creo demasiado en las
casualidades. Que precisamente en el año clave para la ofensiva separatista y
pocos días antes de que el presidente de la Generalidad visite la Moncloa se
destape el escándalo conocido y tapado por tantos durante tanto tiempo, tiene
un tufillo a seria advertencia más que a descubrimiento policial, y me provoca
un asco inmenso por el desprecio y agravio que supone al resto de los españoles
que procuramos cumplir con nuestras obligaciones y no tenemos nada que ofrecer
para la “estabilidad” institucional de la nación.
Es precisamente la quiebra del
Estado de derecho que durante tantos años ha estado ausente de forma selectiva
en Cataluña y que tuvo quizás su faceta más turbia en la Sentencia del caso
Banca Catalana, la que me hace dudar que, una vez más, al final de esta
historia, y a cambio de frenar el proceso secesionista, hayamos de tragarnos
los demás el inmenso sapo de que las millonarias comisiones del 3% se hayan
convertido para la historia en una romántica y añeja masa hereditaria
tardíamente regularizada.
Parece claro que a Pujol y a su
familia se les ha acabado su rentabilísimo juego. Pero no apostaría a que sufrirán
como cualquier otro ciudadano el rigor de la justicia. Las cloacas del Estado
aprietan, pero no parece que ahoguen.
LFU
17 de julio de 2014
Cataluña. La cesión al chantaje
Sólo
desde la humildad y la autocrítica pueden afrontarse los problemas que nos
afectan. España debe reconocer que, ante el desafío separatista del
nacionalismo catalán, lleva décadas a la defensiva, cediendo continuamente a su
chantaje y tratando de encontrar un “encaje” de “Cataluña” en España, cuando en
realidad de lo que se trata es de calmar a la fiera con carne cruda.
Pero
la fiera –el nacionalismo separatista- cada vez pide más. Hasta ahora se había
contentado con inyecciones de dinero y transferencia de competencias. Con ese
dinero y esas competencias han educado a dos generaciones que en su mayor parte
no se sienten españoles, con la inestimable ayuda del control de los medios de
comunicación, al servicio de los mitos goebbelsianos
del separatismo.
Resulta
desazonador comprobar cómo en las élites de la sociedad prevalece el tacticismo
y la resignación y toda la estrategia gira en torno a ver cómo se
puede contentar “a los catalanes”
cuando de lo que verdaderamente se trata es de contentar la voracidad del
separatismo, olvidando absolutamente a ese 40 o 50% de los catalanes que se
sienten españoles, a los que nadie toma en serio y que sufren en silencio la
opresión nacionalista.
No
resulta baladí el hecho de que el rey Felipe en los últimos meses haya viajado en
ocho ocasiones a Cataluña y en ninguno de sus viajes se haya reunido con alguna
de las plataformas que se atreven a hacer frente públicamente al nacionalismo.
En los últimos días se habla incesantemente de nuevas maniobras
opacas para ofrecer nuevos privilegios al nacionalismo a costa de la soberanía
de los españoles y si hace falta cambiar la Constitución, ésta no será la
barrera.
Es la derrota del Estado de derecho frente al desafío y la
chulería del nacionalismo. España está abandonando a su suerte a millones de
catalanes que se sienten catalanes y españoles y sobre cuyo atemorizado silencio
cabalga triunfante la hidra nacionalista.
El verdadero triunfo del nacionalismo separatista está en la
extrema debilidad de España como nación. Se equivocan quienes piensan que esta
vez lo van a solucionar con dinero. Ya es demasiado tarde. La única solución
pasa por la firmeza en la defensa de la ley y el estado de derecho frente al
chantaje y la desobediencia.
LFU
15 de julio de 2014
Mariano Rajoy y el peligro Chamberlain
“Bien está, sí, el
diálogo, como primer instrumento de comunicación (…)” pero quienes elevan
el diálogo a categoría absoluta corren el riesgo de ser derrotados por
los que presionan con la fuerza de los hechos consumados.
Daladier y Chamberlain creyeron que debían dialogar con
Adolfo Hitler tras la anexión por el Reich de los Sudetes y el Anschluss y el
resultado fue la invasión de Polonia, y de la mayor parte de Europa, la guerra
mundial y el caos. “Renunciasteis al
honor para tener paz y ahora no tendréis ni paz ni honor” les reprochaba Sir Winston Churchill a aquellos ingenuos enamorados del diálogo.
Ante la ofensiva separatista de los nacionalistas catalanes,
Mariano Rajoy parece más inclinado a emular a Chamberlain que a Churchill. Sólo
así puede entenderse que ante el constante y abierto desafío a la legalidad
vigente, ante la descarada desobediencia de las sentencias judiciales, ante la bravuconería
y chulería del Gobierno de la Generalidad y ante la quiebra del Estado de
derecho en una parte querida de España, el Presidente del Gobierno reaccione
con una nueva invitación al diálogo con el agresor.
No hay nada de qué hablar con quien amenaza abiertamente con
romper la convivencia y atentar contra la soberanía de la nación española. Con
los que chantajean al Estado y se burlan de la ley no se dialoga, se aplica la
ley, con todas sus consecuencias. Hacer lo contrario constituye un síntoma de
debilidad alarmante y un precedente extremadamente peligroso, además de una
colosal injusticia y agravio comparativo con el resto de los españoles que
cumplimos la ley.
LFU
8 de julio de 2014
Pablo Iglesias, el "bueno" y el "malo"
Aunque no soy asiduo al género chamuscado de las tertulias,
resulta difícil husmear entre los canales y las redes sociales sin que alguien
esté hablando de Pablo Iglesias. Y cuando el que habla pertenece al Partido
socialista, suele apostillar su referencia distinguiendo al líder de “Podemos”
de su fundador, al que le ha caído el apelativo de Pablo Iglesias, “el bueno”, quizás para destacar la
radicalidad del omnipresente y flamante eurodiputado.
Pero de “bueno” o de moderado tenía poco el linotipista. Según recoge Luis
Gómez Llorente en su libro "Aproximación
a la historia del socialismo español hasta 1921",( Cuadernos para el
Dialogo, Madrid, 1972, página 169-) el 12 de noviembre de 1921, en su discurso
pronunciado ante el VI Congreso del PSOE en Gijón, Pablo Iglesias, “el bueno” pronunciaría éstas palabras
pletóricas de talante: "Queremos la
muerte de la Iglesia… para ello educamos a los hombres, y así les quitamos la
conciencia… No combatimos a los frailes para ensalzar a los curas. Nada de
medias tintas. Queremos que desaparezcan los unos y los otros".
Pues bien, no sé cuál de los dos Pablos es peor, aunque seguramente
ambos habrán renegado por igual de su apellido. Del contemporáneo, debo señalar
su fuerte dogmatismo, su carácter sectario y la extraordinaria habilidad que
demuestra ante las cámaras. No hay duda de que la cámara “le quiere” y lo más
sorprendente –o no- es que todos los medios hayan decidido promocionarle de
forma gratuita. Me barrunto que algo tendrá que ver la cocina de Arriola en
todo esto, pero la estrategia no es nueva y es peligrosa. Ya lo intentó
Miterrand con el Frente Nacional y ahora es la primera fuerza política de
Francia.
Lo peor es que a Pablo Iglesias se las ponen con a Fernando
VII. No es que el muchacho sea tonto, ni mucho menos, pero si le ponen de
sparring a tertulianos de profesión a sueldo de los partidos, intelectualmente
menesterosos y sin otros principios que los de Groucho Marx, la victoria la
tiene asegurada. Vean si no el repaso que Fernando Paz le dio a Pablemos a cuenta del franquismo, esgrimiendo
con valentía la verdad frente el rancio argumentario de la historiografía marxista.
Ya sé que al Partido popular le interesa sacar el espantajo
de este revolucionario con coleta para alentar el voto del miedo, pero mucho
cuidado con estos experimentos. La campaña se la están haciendo gratis y esto
se acaba pagando.
LFU
1 de julio de 2014
27 de junio de 2014
Pablo Iglesias le abre la puerta grande a Rubalcaba
El cinismo, o tal vez la fragilidad de la memoria, nos
presenta hoy a Alfredo Pérez Rubalcaba como un gran hombre de Estado al que se
despide como a los buenos toreros, con una gran ovación y el olvido de sus
tardes negras.
El mismo Rubalcaba que hizo el trabajo sucio en aquella
terrible jornada de reflexión de marzo de 2014, el que sirvió de escudero al
infame Zapatero durante sus dos legislaturas, el que ha sido capaz de justificar
y defender tripartitos, aborto libre y educación para la ciudadanía, ayer era
despedido por tirios y troyanos –y cómo no, por el cursi pomposo de Posada, como
un gran prócer de la democracia.
Me quedo con el Suum cuique
tribuere de Ulpiano y líbreme Dios de juzgarle, pero sus actos y dichos están
en la hemeroteca. No derramaré una
lágrima por un político que tanto daño a hecho a nuestra nación por mucho que lo
que haya de venir sea peor.
Pero la pura verdad es que Rubalcaba se va, porque Pablo Iglesias le echa. La izquierda se está echando al monte encendida por la mecha del sectarismo que
prendió el infame con su escudero. El
hijo se revuelve contra el padre y lo aparta, porque la semilla del odio acaba
dando sus frutos podridos. Descanse en paz.
LFU
20 de junio de 2014
Mi hermana Reyes
“No hay quinto malo”. Eso decimos los aficionados a los toros para agarrarnos a un clavo
ardiendo cuando la corrida no da para más. En este caso, de ocho morlacos que somos los hermanos Utrera,
la quinta, es sin lugar a dudas, la mejor. Y para no romper la tradición, le
dedico esta página con motivo de su cumpleaños.
Mi hermana Reyes es, simplemente, la personificación de la
bondad. Siempre he admirado en ella su
extraordinaria capacidad para ver y mostrar siempre la luz de los demás,
ignorando las sombras que nos rodean.
Alérgica a la murmuración y a la maledicencia, sabe apartar los
prejuicios para ponerse en lugar del otro y siempre encuentra justificación para
salvar al árbol caído, algo que sólo lo consiguen los que tienen enorme el
corazón.
En algún sitio he leído que no hay mayor signo de
superioridad que la bondad, y es que ésta sólo brota con fuerza en el corazón
de los elegidos por Dios para servir de faro a los que le rodean.
Reyes es la dulzura sin empalagos, la sinceridad piadosa, no
hay persona en el mundo que sepa como ella arrimar el hombro como el Cireneo
para cargar con las cruces que los demás llevamos a cuestas, siempre con una
sonrisa. Y tiene el corazón –como su
casa- abiertos de par en par. Por eso son tantos los que buscamos la paz en su
consejo y por eso también, si alguna vez he sentido, no ya su enojo, sino un
leve reproche en su mirada, nunca he dudado que era yo quien había fallado.
De los ocho hermanos, la única que cambió el Código civil
por el de Hammurabi, volcó su enorme sensibilidad en el cultivo de la historia
y del arte, y es de esas personas que saben que la luz que entra por su balcón
cada mañana viene a iluminar la tarea justa que Dios les ha asignado en la
armonía del mundo.
Sólo los que saben darse alcanzan la verdadera felicidad. Mi
hermana quiere y es querida por todos. Su marido, Alejandro -que compite con
ella en bondad- y sus hijos, Victoria y Alejandro, saben muy bien de lo que
hablo. Por eso sólo puedo imaginarla con una sonrisa.
Que Dios te bendiga siempre, querida Reyes y te conserve
intacta esa mirada luminosa que te hace grande entre los demás.
Tu hermano que te quiere.
Luis Felipe
16 de junio de 2014
¿Proclamación o simulacro?
La monarquía es, sobre todo, tradición y rito. Al margen de
las justificaciones accidentalistas de la institución por su utilidad
contingente, la corona representa el vínculo que nos une a nuestra historia.
Felipe VI será rey en tres días por haber nacido Borbón e hijo de rey y porque
sigue en vigor la Pragmática Sanción de 29 de marzo de 1830 que posterga a la
mujer en el orden sucesorio por detrás del varón independientemente de su edad.
La monarquía española es, además, de tradición católica. Las
reinas de España gozan por su condición católica del “Privilegio de Blanco” que
ejercen habitualmente vistiendo de blanco en las Audiencias con el Papa.
Todo ello forma parte del rito y de la tradición histórica
de nuestra patria. Por eso, la decisión de la Casa Real de prescindir de la
Misa del Espíritu Santo posterior a la proclamación, del Crucifijo y los Evangelios
no es un signo de modernidad, sino, cuando menos, un desprecio a la tradición
que forma parte de la esencia misma de la Corona y justifica su existencia y
también al sentido cristiano mayoritario del pueblo español.
Todo el rito y ceremonial de la Corona -que con tanto mimo
cuidan y respetan las monarquías sajonas, tan orgullosas de su historia y tradición-
forma parte también de lo que los cursis denominan ahora “marca España”. Y ese
remedo que se inventó Aznar del “Patriotismo constitucional” es una filfa que a
nadie puede emocionar.
Si tan empeñados están en que España nació con la
Constitución –esa especie de big-bang que nos hizo surgir de la nada- no sé qué
narices le van a explicar a los independentistas de Cataluña. España es mucho
más, siglos de historia de la nación más antigua de Europa no pueden
despacharse con un simulacro vergonzante que a nadie contentará. Porque los
nostálgicos del Frente popular no lo agradecerán y los monárquicos de
convicción acusarán el agravio. Al resto de los españoles, ni fu ni fa. Con lo
que le gusta al pueblo presumir de boatos y añejas estirpes, la fría proclamación
constitucional que se anuncia es como
la leche esterilizada, sin microbios, pero también sin vitaminas.
Me vienen a la cabeza los versos de Martínez Mesanza:
Quien no comprende la
razón del rito,
quien no comprende majestad y gesto
nunca reconocerá la humana altura,
su vano dios será la contingencia.
quien no comprende majestad y gesto
nunca reconocerá la humana altura,
su vano dios será la contingencia.
Quien las formas degrada y luego entrega
simulacros neutrales a las gentes,
para ganarse fama de hombre libre,
no tiene dios ni patria ni costumbre.
Mal comienzo, Majestad.
simulacros neutrales a las gentes,
para ganarse fama de hombre libre,
no tiene dios ni patria ni costumbre.
Mal comienzo, Majestad.
LFU
4 de junio de 2014
Ante la Abidicación del rey, "Asumir la Historia" Por José Utrera Molina
(Ante la negativa del Diario ABC a publicarlo, "Arriba" lo hace con orgullo.)
Tras escuchar atentamente a su Majestad
el Rey de España, hacer un resumen de su vida sin hacer la menor mención a
quien fue el verdadero artífice de que la monarquía se instaurara en España, me
he preguntado sobre la oportunidad y acierto de esta omisión, en mi opinión injusta, aunque
políticamente comprensible. Hago mías, aquí, las palabras de Nietzsche citadas
por Ortega, precisamente, en su elogio a la Monarquía británica por mostrar su
afán de continuidad escrito en «La rebelión de las masas», «cuando define al hombre superior como el ser de más larga memoria».
Relatar el presente inmediato mutilando parte de los eslabones que explican la
continuidad con el pasado, no deja de ser una operación cosmética que disimula
pero no puede borrar el pasado. Nadie, nunca, comienza enteramente de nuevo. El
pasado es el patrimonio singular del hombre como especie, su privilegio y
señal. Asumirlo, sin jactancias y olvidos, es propio del hombre seguro de sí.
Ningún historiador riguroso puede negar,
sin incurrir en una clamorosa parcialidad, la tenaz voluntad de Franco para
instaurar en España el régimen monárquico continuando la línea dinástica de
Alfonso XIII, su padrino de boda. Jamás tuvo la menor vacilación en su decisión
cuando no fue una cuestión nada fácil, políticamente hablando, dentro del
Régimen anterior, donde los monárquicos no eran precisamente legión y D. Juan
de Borbón- sin duda mal aconsejado-, no ayudó precisamente con su célebre e
inoportuno Manifiesto de Laussane. Me
encuentro en la obligación de señalar este pequeño detalle de olvido por un
elemental imperativo de justicia. Y es que hubiese bastado una levísima señal
que en modo alguno le comprometiera ante nadie. Asumir la historia en su
integridad es muestra de fortaleza, de superación valiente de añejos rencores.
Ojalá que el nuevo Rey de España, que
estoy seguro que el pueblo espera y aclamará, mantenga una sabia neutralidad y distancia
en relación con tantos y tantos vuelcos que ha tenido la historia española. Que
sirva con su innegable juventud a España enfrentándose a los riesgos del
futuro. Yo lo espero así porque tiene condiciones suficientes para cumplir su
misión limpiamente. Él no debe nada a nadie sino a su padre y es depositario de
una tradición histórica secular.
Pido a Dios que le asista en su
andadura. No hay en mí el menor reproche a su imagen y a las palabras que hasta
ahora ha pronunciado. Creo en él y pido a Dios que le asista para que España
fuertemente unida alcance los ideales de bienestar y de grandeza que muchos
españoles seguimos soñado.
JOSÉ UTRERA MOLINA
2 de junio de 2014
La Abdicación del rey
Si hay algo que los años le
enseñan a uno es que, en política, casi nada es lo que parece. Estoy seguro de que la abdicación del rey hoy
anunciada, obedece a causas últimas que se nos escapan, aunque podamos
barruntarlas. Qué duda cabe que si su decisión no era la de morir siendo rey,
el momento de abdicar era hoy, que la estabilidad parlamentaria permite la rápida
aprobación de una ley orgánica que asegura una sucesión sin sobresaltos.
En cualquier caso, a pesar de mi
escaso fervor dinástico provocado por la más que cuestionable trayectoria política
y vital del rey Juan Carlos y sus predecesores en el trono, pensando en España y
nada más que en España, creo que lo mejor para esta hora de tribulación en la
que se encuentra nuestra patria es que la Jefatura del Estado permanezca ajena
a los vaivenes de la lucha partidista y a salvo de los desvaríos del sufragio
universal.
La Corona es hoy,
indiscutiblemente, uno de los pocos elementos vertebradores de la nación
española, por representar el lazo de unión con nuestra tradición histórica. Ahora,
cuando la unidad de España está en peligro, la mayor parte de las instituciones
desprestigiadas y la clase política en entredicho por la corrupción y la falta
de ejemplaridad, la Corona tiene ante sí una ocasión histórica única para hacer
valer su papel integrador y evitar que España perezca como nación.
Si así lo hace, justificará para
cien años más su existencia. Si no, se verá arrastrada con toda justicia por el ocaso de una
nación a la que no habrá sabido servir como debía.
Que Dios ilumine al nuevo rey y
bendiga siempre a España.
LFU
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