11 de septiembre de 2012

Cataluña, esclava de la mentira.


Cataluña conmemora hoy la derrota de los partidarios del archiduque Carlos de Habsburgo contra los de Felipe V en la Guerra de Sucesión a la Corona de España. Los nacionalistas, sin embargo, han convertido tal efemérides en una suerte de holocausto del sentimiento catalán por parte de España como potencia opresora.  Bien pensado, podían haber elegido algún otro acontecimiento histórico, como la toma de Granada por los Reyes Católicos, la Batalla de las Termópilas o el diluvio universal como justificación histórica de su aldeano afán.

Josep Pla se preguntaba con clamorosa ingenuidad: “¿Tendremos algún día en Cataluña una auténtica y objetiva historia? ¿Cuándo tendremos una Historia que no contenga las memeces de las historias puramente románticas que van saliendo?”.

Pero en lugar de seguir a Pla, el nacionalismo catalán, desde el inicio de la transición, decidió emular a Joseph Goebbels, ministro encargado de la propaganda de Hitler, quien solía decir que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.  Desde hace más de 30 años, todo el aparato del Estado en Cataluña, servido en bandeja a los nacionalistas por los padres de la Constitución y los sucesivos gobernantes, ha venido adoctrinando a la juventud en la colosal mentira de que Cataluña es una nación secularmente oprimida por España. La obsesión  de Stalin –denunciada por Orwell en 1984- por manipular la historia a su antojo, siendo el precursor del borrado de personajes de las fotografías, ha servido de hoja de ruta para los genios de la disgregación, que han contado en su empeño con el entusiasmo catalanista de la izquierda y con la displicencia, cuando no complicidad interesada, de la derecha.

La última y más reciente mentira goebbelsiana utilizada por el independentismo catalán es que la grave crisis económica que padecen es consecuencia de que Cataluña está siendo exprimida por el resto de España que está de fiesta perpetua a su costa. No, por supuesto, del coste de sus embajaditas, de sus innumerables canales de televisión, y de sus innumerables fuegos de artificio identitarios. Y es que fue Zapatero quien tras ganar las elecciones en 2004 levantó el techo de gasto público a todas las Comunidades Autonómicas, y el triparto empezó a derrochar sin medida abriendo embajadas por doquier para colocar a hermanos y familiares y un largo etc., dejando al término de la legislatura la deuda más grande de toda la historia de la Generalidad.

No me gustó que el nuevo embite independentista se despachase ayer por el Presidente del Gobierno con un “no toca” y “estamos para otras cosas”. Frente a la mentira, que esclaviza, la verdad nos hace libres y Cataluña necesita de forma urgente un baño de verdades que la rescate de la roña nacionalista que amenaza con dejar en la postración más absoluta a una de las partes esenciales de España.

LFU

No hay comentarios:

Publicar un comentario