9 de abril de 2015

La empatía

Sin duda, una de las virtudes más difíciles de ejercitar es la capacidad para ponerse en el lugar  del otro.

Hace unos días, en lugar y momento inadecuados, mantuve una agria e insospechada conversación con una persona a la que yo me había acercado a saludar por vez primera de forma cortés, absolutamente desprevenido de lo que iba a tener que aguantar, por exigencias de la buena educación, de la boca de aquél.

Confieso que me afectó, pues no termino de acostumbrarme a la mala educación y mucho menos cuando el maleducado ha tenido tantas oportunidades en la vida para no serlo. Con estos rozo la intolerancia.

Metido entre las escenas de la pasión de Cristo, decidí rezar el mal sabor de boca. Me puse a hablar con Dios sobre el susodicho, pues al fin y al cabo Él también murió por los maleducados. Le interrogué en silencio sobre la causa próxima o remota de sus desatinos, las respuestas me fueron dadas y finalmente le perdoné, tras intentar ponerme en su lugar (lo cual, es ciertamente difícil).

Finalmente me di cuenta que la fe tiene mucho que ver con la empatía o, cuando menos, con la voluntad de conseguirla.


LFU 

1 comentario:

  1. Como dijo Eckhart Tolle, en muchas ocasiones, habla el "cuerpo-dolor" y no la "persona o el Ser". Una persona no es maleducada...está maleducada. Tristemente muchos llevan pesadas dioptrías en las gafas de su vida (infancias robadas, abusos familiares, pérdidas dolorosas, sentimientos de culpa, inseguridades...) y con tales dioptrías, ven la vida desenfocada, y usan simples mecanismos de defensas como la mala educación. La clave está en ayudarles a eliminar esas dioptrías, para que aprendan a ver, y no sólo a mirar. Cuando el que ve, no es el cuerpo físico, sino el espiritual, esas "malas educaciones" desaparecen.
    Qué bien hiciste usando empatía y rapport.

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