16 de febrero de 2016

¡Qué sabe nadie!

Hasta los más conspicuos informadores andan a tientas lanzándose a la piscina del pronóstico político sin saber si hay agua debajo. En realidad, el único que sabe lo que quiere es Pablo Iglesias y no estoy seguro de que lo sepa del todo. Él tiene la llave del gobierno o de las próximas elecciones, pero no creo que confíe demasiado en la cohesión interna de sus 69 diputados, ni en la de sus grupúsculos de cara a unas nuevas elecciones.

Tampoco Pedro Sánchez. Ni sabe lo que quiere, ni sabe si puede. No sabe si los suyos le van a dejar y tampoco que, si le dejan, quiera ser un Presidente monigote en manos de un tahúr bolivariano.

Lo de Mariano es otra cosa. Alguien mece la cuna de su despedida y cada vez que saca el gaznate le explotan varias portadas con casos de corrupción o dimisiones envenenadas. Su dilema no es gobernar, sino cuando irse con un mínimo decoro. Tan sólo un postrero gesto de altruismo puede salvarle la cara y a su partido de unas elecciones que se presentan demoledoras, ahuyentando el fantasma bolivariano y posibilitando el entendimiento del centro izquierda. Tan sólo aquí podría poner alguna condición, pero su futuro político es, quizás, lo único que se ve con nitidez.

Rivera está jugando bien sus cartas, con un estudiado silencio-radio a la espera de aparecer como salvador de la patria.

Pero el único que sabe lo que va a pasar es Dios nuestro Señor, al cual encomiendo mi Patria cada mañana. Lo que suceda es un misterio que intentaremos descifrar con ayuda de la gracia.


LFU   

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