27 de diciembre de 2007

Banderas y escudos de España



Aunque contiene algunas inexactitudes, el powerpoint que, sobre los escudos de España ha colgado El Manifiesto es bastante ilustrativo. A ver si se entera la gente de que no hay escudos anticonstitucionales ni preconstitucionales, pues la Constitución de 1978 no regula ningún escudo. Y sin embargo, sí que hay banderas anticonstitucionales, que son todas aquellas que no respetan el artículo 4 de la Constuiitución es decir "La Bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas."
LFU

22 de diciembre de 2007

Feliz Navidad



En estos días, no hay noticia en el mundo más importante que la de que millones de personas en todo el mundo celebran el nacimiento de Cristo.

Yo, en ésta la primera Navidad de mi bitácora, os quiero desear, a todos cuantos con infinita paciencia me habéis leído durante estos meses atrás y me habéis animado a continuar, una Feliz Nochebuena y una feliz Navidad y que cada uno de vosotros viva ese día como algo nuevo, como si acabara de descubrir a Cristo en su corazón.

Que Dios os bendiga y bendiga a nuestra maltrecha patria, tan necesitada de Su presencia.

LFU

18 de diciembre de 2007

Rajoy no manda

La entrevista de ayer del escudero de Esperanza Aguirre constituye una vuelta de tuerca más en la estrategia de presión al lider popular que, con su silencio, está aventando las más bajas pasiones de sus distintas baronías. Salta a la vista que Rajoy es incapaz de dar un puñetazo en la mesa y poner firmes a unos y otros en sus cuitas personales, que por cierto hacen las delicias de un partido socialista en el que hace tiempo que nadie desafina. Y es que, en política, como en la vida, no se puede decir a cada uno lo que quiere oir.

Aunque no me identifique en modo alguno con el Partido popular, no puedo negar que me preocupa la fragilidad de su lider -a quien no se puede negar honradez y preparación- pues nos coloca a todos ante la terrible perspectiva de una nueva legislatura de Zapatero, que sería letal para España. Y cuando lo que está en juego es España, son muchos los intereses que hay que dejar aparcados. Si el Partido Popular quiere tener alguna oportunidad en las elecciones -el pueblo es voluble cual piuma al vento-, no tiene otra opción que rodearse de sus mejores, de los que concitan más apoyos en forma de votos, ya sean alcaldes, concejales, presidentes, cantantes o empresarios. ¿Acaso se olvidan de que éste es el juego del sufragio universal? En otro caso, el Partido popular, en el que ya se apuntan demasiadas grietas internas, estará definitivamente perdido.

El Sr. González le ha hecho un flaco favor a su partido bailando al son que toca pedrojota. Mientras tanto, la sonrisa de ZP se convierte en carcajada.

LFU

14 de diciembre de 2007

Una sociedad enferma



Vivimos inmersos en una moral pública presidida por el respeto y cuidado del medio ambiente. Son constantes las llamadas que desde el sector público y la sociedad civil se hacen a concienciarnos de que debemos cuidar nuestro hábitat, respetar y conservar la naturaleza, conseguir un desarrollo sostenible que nos garantice un futuro más habitable en el planeta.

La obra pública se pliega a las exigencias medioambientales y no es infrecuente que los trazados de autopistas, carreteras y vías férreas se vean perjudicados por la presencia de colonias de especies protegidas en vías de extinción.

El Código penal ha dado entrada a figuras delictivas como el maltrato a los animales, la gente se lo piensa dos veces antes de salir a la calle con un abrigo de piel y los aficionados a la fiesta nacional tenemos que aguantar la pesadez de un ínfimo número de tontos pulgosos que insisten en su ignorancia en llamarnos asesinos a quienes disfrutamos de una tradición milenaria sin la cual la presencia del toro bravo hubiera quedado reducida a su curiosa exposición en los zoológicos.

En contraste con tanto cuidado ambiental y mimo de la naturaleza, proliferan en nuestra enferma sociedad, con pública anuencia, cientos de abortorios –allí no se sana a nadie de nada- en los que se asesina sin piedad a seres humanos que aún no han visto la luz por el mero hecho de constituir una carga escasamente cómoda para sus progenitores. Son seres humanos, en muchas ocasiones totalmente formados, con sus sentidos totalmente desarrollados, que sufren horrendas mutilaciones dentro del seno materno y cuyo dolor se ahoga en el líquido de una placenta convertida en macabra sala de torturas. No estamos hablando de coleópteros, de linces ibéricos o águilas imperiales. Hablamos de seres humanos, a los que no alcanza ni el más mínimo nivel de protección que se extiende a la más común de las especies irracionales.

Paradójicamente, los que aprueban y fomentan la práctica del aborto suelen coincidir con los que no dudan en clamar vociferantes contra la muerte del toro en la plaza y disfrutan viendo como los más adelantados de entre ellos destrozan abrigos de piel con botes de pintura.

Claro que todos podemos ver al toro en la hora de su muerte y, sin embargo, no es frecuente que se televisen las carnicerías que se practican en los abortorios. Por eso, Intereconomía Televisión prestó anoche un servicio impagable a la sociedad y es justo reconocerlo. Confieso que aún tengo el corazón sobrecogido por las terribles escenas que emitió ayer dicha cadena. No han desaparecido de mis pupilas las imágenes de un pequeño cuerpo descuartizado, sus piernecitas, los brazos, la cabeza. Nunca podré olvidarlo y no podría verlo una segunda vez, pero el mejor servicio que podemos hacerle a esta sociedad es invitar a todos a que contemplen el horror de esas imágenes.

El mundo no se estremeció ante los horrores del holocausto judío hasta que pudo contemplar con sus propios ojos el dantesco espectáculo de los cadáveres amontonados en los campos de concentración. El mundo no se estremeció ante el terrorismo hasta que no pudo contemplar en directo la tragedia de miles de personas en las Torres Gemelas. Y el mundo no se dará cuenta del terrible holocausto que diariamente se está practicando en nuestra cada vez más higiénica y reciclada sociedad hasta que no contemplen, de una vez por todas, y a todo color, la carnicería del aborto y el macabro resultado de tan horrendo crimen.

LFU

11 de diciembre de 2007

España y Cataluña


30 de noviembre de 1934. Se debatía en el Congreso de los Diputados una enmienda de D. Honorio Maura para derogar el Estatuto de Autonomía de Cataluña tras los sucesos de Octubre del mismo año en los que Companys proclamó el Estado Catalán.



Subió a la tribuna de oradores un joven diputado de 31 años, de nombre José Antonio y pronunció un brillante discurso para defender la derogación del Estatuto que hoy, setenta y tres años después, está de plena actualidad y resulta estremecedoramente profético:



(...) Cataluña existe con toda su individualidad, y muchas regiones de España existen con su individualidad, y si queremos conocer cómo es España y si queremos dar una estructura a España, tenemos que arrancar de lo que España, en realidad nos ofrece, y si nos obstinamos en negar que Cataluña y otras regiones tienen características propias es porque tácitamente reconocemos que en esas características se justifica la nacionalidad, y entonces tenemos el pleito perdido si se demuestra, como es evidentemente demostrable, que muchos pueblos de España tienen esas características.



(...) Se ha dicho que la autonomía viene a ser un reconocimiento de la personalidad de una región; que se gana la autonomía precisamente por las regiones más diferenciadas, por las regiones que han alcanzado la mayoría de edad, por las regiones que presentan caracteres más típicos. Yo agradecería -y creo que España nos lo agradecería a todos-, que meditásemos sobre esto; si damos las autonomías como premio a la diferenciación, corremos el riesgo gravísimo de que esa misma autonomía sea estímulo para ahondar la diferenciación. (...) Por eso entiendo que, cuando una región solicita la autonomía, en vez de inquirir si tiene las características propias más o menos marcadas, lo que tenemos que inquirir es hasta qué punto está arraigada en su espíritu la conciencia de la unidad de destino; que si la conciencia de la unidad de destino está bien arraigada en el alma colectiva de una región, apenas ofrece ningún peligro que demos libertades a esa región para que, de un modo o de otro, organice su vida interna.



¿Es éste el caso de Cataluña?. Acaso los que le concedieron el Estatuto pensaron que la conciencia de la unidad de destino estaba tan arraigada en Cataluña, que el Estatuto no iba ser nunuca instrumento de disggregación, y podía ponerse en sus manos sin ningún peligro para la unidad. Ahora bien, aquello que en el mejor caso fue una presunción (...) ha sido evidentemente destruido por la prueba en contrario. Los dos años de experiencia en Cataluña han sido dos años de deshispanización, y si en dos años se avanzó lo que se avanzó en el camino de la deshispanización, con el instrumento puesto en manos de los que ejercieron el gobierno de Cataluña, la presunción se invierte, pensar que si dejamos entregado el Estatuto en manos semejantes, probablemente comprometemos, ponemos en trance de pérdida definitiva, el sentido de la unidad de destino nacional que debemos exigir arraigado en todas las tierras de España. (...)



Once días después, el 11 de diciembre de 1934, el Congreso rechazó la enmienda y el joven Primo de Rivera subió de nuevo a la tribuna a explicar su voto negativo:



El pueblo catalán presenta una faz de melancolía de vencido que no promete, ni mucho menos, una adhesión a la unidad hispana
. El pueblo catalán se siente dolorido en lo suyo y no crea el Sr. Presidente que el pueblo catalán va a cambiar de representantes cuando de nuevo los elija.



(...) cuando se compruebe de nuevo que en Cataluña no está suficientemente afianzada la unidad de destino, será una repetición, ya sin discvulpa, de todos los riesgos, de todas las traiciones, de todas las crueldades que han estado a punto de deshacer de nuevo la Unidad de España. Ya es tarde para que os diga esto. ya habéis votado desechando la petición de que el Estatuto se derogase. ¡Bien! Os habéis retorcido el corazón una vez más; pero habrá un día en que España, defraudada y exasperada, entre en este salón a retorcernos a todos el pescuezo."



Lástima que los Constituyentes de 1978 no tuvieran en cuenta tan medidas y profundas reflexiones. Ya no son dos, sino treinta los años en los que se ha caminado indefectiblemente hacia la deshispanización de Cataluña con el beneplácito de los gobiernos de España preocupados sólo de asegurarse los votos de unas minorías. La marcha atrás parece ya una quimera y alguien tendrá que poner el pescuezo para que España se lo retuerza.



LFU

4 de diciembre de 2007

Miserables

Quiero reproducir una carta que he leído en el blog de unos amigos http://elbaluartedeoccidente.blogspot.com/. Pero, a modo de prólogo, diré dos cosas:

Miserable el Ministro del Interior del Gobierno Español insistiendo una y otra vez en el carácter fortuito del asesinato, en un repugnante intento de rebajar el nivel de culpabilidad de ETA y dar a entender a la sociedad que "está todo controlado".

Miserables todos los partidos del arco parlamentario -con excepción en este caso del Partido Popular- que se han pasado la legislatura dando alas a los terroristas con el repugnante proceso de paz y ahora se ponen a la cabeza de la manifestación para lavar sus culpas al olor de las urnas.
No voy a asistir a esa pantomima unitaria, porque confieso que a mí si me produce asco ir de la mano de Llamazares -que cogobierna en el País Vasco con el PNV y financia a los familiares de los presos de ETA-, de Carod Rovira -que le pidió a ETA que no matase en Cataluña-, de Pepiño Blanco y compañía. Espero que les llamen todo lo que se merecen. ¡Miserables!
LFU

MISERABLES

Una vez más, la banda terrorista ETA ha actuado. En esta ocasión, no ha sido como ya nos tenía acostumbrados, jugando al ratón y al gato, sino que ha actuado de verdad, a la vieja y macabra usanza: el cobarde tiro en la nuca que asegure su indemnidad. Tal vez porque esta vez querían asegurar el resultado y, desde luego, con total conocimiento de sus objetivos, que no deja de resultar significativo, a estas alturas. Lo que no ha cambiado es la condición de sus víctimas: una vez más, se trata de ejemplares cumplidores del deber, Raúl Centeno, fallecido, y Fernando Trapero, herido muy grave, que se jugaban la vida para librarnos de la lacra terrorista.

Soy hija, nieta, hermana, tía y sobrina de Guardias civiles, y fue un austero cuartel de este benemérito Cuerpo lo primero que vieron mis ojos al nacer, en aquella mi querida tierra vasca. Por ello se agolpan en mi mente y en mi alma tantos sentimientos de orgullo y de dolor contenido, pero también de repulsa -que no odio- hacia tanto miserable que nos rodea. Porque malditos y miserables son todos los asesinos terroristas que continúan golpeando nuestra patria. Pero, por desgracia, no son los únicos.

Miserables son todos aquellos grupos vascos de siglas cambiantes y esquivas que sostienen política y socialmente a la banda terrorista ETA. Quienes contribuyen con su apoyo, sus algaradas o sus recursos económicos al sostenimiento del entramado terrorista. Los que, con fondos públicos, mantienen o sustentan colectivos del entorno de ETA y alientan y fomentan el odio entre los niños y jóvenes vascos.

Miserables todos aquellos -y créanme que son muchos- que hoy se dan golpes de pecho por el atentado contra estos dos Guardias civiles pero durante largo tiempo sonrieron furtivamente o, cuando menos, se encogieron de hombros ante el asesinato de tantos Guardias civiles, ni mejores ni peores que los de ahora, que un día subieron al altar de los héroes.

Miserables, en fin, los que han obtenido, pretenden obtener ahora o buscarán en un futuro alcanzar algún tipo de rédito político con la sangre de un Guardia civil. Y en cambio, todos han merecido, como españoles, el derramamiento de hasta la última gota de la sangre de tantos servidores públicos que fueron fieles a lo que un día juraron. Me consuela saber que su generosidad será recompensada en lo Alto, donde un nuevo tricornio negro luce desde hoy.

30 de noviembre de 2007

La trituradora


Dolor, rabia, indignación, tristeza. Cada uno de estos sentimientos se me anudan en el estómago de forma persistente desde que hace unos días tuve noticia de la carnicería que vienen protagonizando con el beneplácito y silencio de las autoridades, un grupo de salvajes alimañas con bata blanca y manos manchadas de la sangre inocente de cientos de miles de niños, a los que diariamente se enviaba a la trituradora, para borrar sus rastros. Sí, a la trituradora. Sí, a niños de ocho meses, los mismos que tenía mi hija Paloma cuando la vi nacer emocionado. Claro que previamente se habían encargado de acabar con sus pequeñas vidas, bien hundiéndoles el cráneo, bien inyectándoles una letal sustancia en sus pequeños corazones. Dicen que, en sus conversaciones, los hijos de puta comentaban jocosamente el número de “rompe-cocos” que había hecho cada uno. Y estoy seguro de que estos canallas habrán llorado alguna vez viendo La Lista de Schilnder, El Pianista o La Vida es bella. Claro que las víctimas de los Hitler y las de Stalin ya tenían carné de identidad y estos niños nunca podrán obtenerlo.

¿Qué sociedad es ésta que hemos creado? ¿Alguien ha escuchado a alguno de nuestros políticos rasgarse las vestiduras por la masacre cotidiana que miles de niños están padeciendo en Barcelona, en Madrid y en toda España? Unos, los de la izquierda, callan porque no les importa; no hay contradicción con su código moral, pues el aborto es una “conquista social”. Otros, los de la derecha, miran para otro lado para no molestar demasiado, y de tanto adoptar acomplejados perfiles bajos, están arrastrando por el suelo su propia dignidad y el humanismo cristiano que dicen defender.

Digámoslo claro: El aborto, como cualquier crimen, no es un ningún derecho de la mujer. En cambio, los embriones, los fetos, los niños, sí tienen derecho a vivir. El mismo que tiene un niño de dos años a seguir viviendo. Me repugna la indiferencia con la que la mayor parte de nuestra sociedad mira para otro lado ante el fenómeno del aborto, por el simple hecho de que el feto no ha salido del vientre materno. ¿Acaso un recién nacido es menos dependiente que un embrión de 4, 5 y 6 meses?. Triturar a un feto de ocho meses, o de dos, o de seis, o de unos cuantos días, es lo mismo que hacerlo con un niño recién nacido, cerrando la puerta para que nadie lo vea.

Vivimos en una sociedad hipócrita, que se escandaliza con las imágenes de los cadáveres amontonados en los campos de concentración de hace sesenta años, y asiste impasible e indiferente al holocausto diario de cientos de miles de inocentes criaturas, cuyo destino no es ya el horno crematorio, sino una fría e implacable trituradora, en la que se termina su dolor, se ahoga su llanto y se borra para siempre cualquier rastro de su existencia.

Estoy seguro de que algún día, no muy lejano, las generaciones venideras contemplarán con verdadero horror el estéril sacrificio de millones de vidas en nombre del egoísmo y de la sinrazón. Y yo le pido a Dios la dicha de poder verlo con mis propios ojos.

LFU

27 de noviembre de 2007

El último laureado


En medio del silencio oficial más absoluto, y con la misma discreción con la que vivió, ha muerto en Madrid, el último Caballero Laureado de San Fernando, el Teniente General Adolfo Esteban Ascensión. Le fue concedida la Cruz Laureada individual siendo Capitán de Caballería, por su heroica defensa de la posición de Las Minas, en el frente de Vizcaya, el 27 de mayo de 1937. Su escuadrón fue atacado por fuerzas enemigas muy superiores y, agotadas las municiones, las rechazó machete en mano. Es el último exponente del épico heroismo español, el último de los elegidos en un Capiítulo que, muy probablemente, ha cerrado con su muerte su gloriosa historia.

Rusia, una vez derribado el muro del comunismo, sigue honrando a los Héroes de la Unión Soviética. Estados Unidos rinde permanente homenaje al General Lee y a cuantos en el Ejército Confederado lucharon con valor y heroismo. España no. Porque aquí hasta los héroes tienen que ofrecer el pedigrí de "luchadores por la democracia" y liberarse de cualquier costra franquista. Mientras el Parlamento español, con la aquiescencia de la acomplejada derecha del Partido Popular, no tiene pudor alguno en elevar a la categoría de "luchadores por la libertad" a quienes procedentes de los partidos comunistas de toda Europa acudieron en 1936 a la llamada del Komintern para luchar por la victoria del comunismo en España, ni el Gobierno, ni tampoco la oposición, han tenido la generosidad ni la dignidad de representarnos a todos en la despedida al último de nuestros héroes de la milicia.

Por eso, y porque a mí no me representan los enanos que se sientan en el Parlamento, no quiero dejar, desde mi modesta tribuna, de rendirle mi más sentido homenaje a su valor, a su heroismo y a su vida.

Descanse en paz, mi General.

LFU

23 de noviembre de 2007

Valle de los Caídos



El pasado 17 de noviembre asistí, junto a otros miembros de mi familia, al funeral oficiado por el Padre Abad Mitrado del Valle de los Caídos y concelebrado por toda la Comunidad benedictina, en la Basílica del Valle. Se estima que fuimos entre 1.500 y 2.000 españoles los que allí acudimos a rezar por Francisco Franco, por José Antonio y por todos los Caídos enterrados en la basílica (unos 60.000, de ambos bandos), menos que otros años, debido al miedo infundado de algunos a que hubiera incidentes, tras la feroz campaña mediática empeñada en mezclar churras con merinas, o a nosotros con los nazis, cabezas rapadas y demás fauna. Por supuesto, no hubo incidente alguno, ya que el Valle está lo suficientemente apartado para disuadir a los grupos "antisistema" de dar la lata. Y pudimos escuchar una profunda y bien construida homilía, que transcribo a continuación:

Con la perseverancia que os caracteriza os reunís una vez más en torno al altar de esta Basílica para significar que vuestra memoria del pasado y de sus protagonistas la ponéis ante todo bajo la mirada de Dios y la encomendáis a su protección. Él es Aquel “en Quien y para Quien todos viven” (liturgia de Difuntos), el que tiene la última palabra sobre cada hombre y cada acontecimiento. En Él la ‘memoria de la historia’ tiene un testigo y un juez insobornables, el mismo que afirma que dará a cada uno según sus obras.


Pero mientras cada uno espera esa hora de la verdad, vosotros venís ante la Cruz y al mausoleo del Valle a pedir el descanso eterno para todos los caídos, así como la paz para todos los que hemos heredado su sacrificio por una España que sepa vivir en armonía entre todos sus ciudadanos. El vuestro quiere ser hoy un gesto de reconciliación en el que, siguiendo la voluntad del fundador de este templo, D. Francisco Franco, os hacéis valedores de todos ante el Redentor de todos, cuyos brazos abiertos envuelven, desde la Cruz que nos preside, a todos los que reposan detrás de estos muros o en cualquier lugar de nuestro suelo.

Pedís la misericordia de Dios para ellos y para cuantos, en aquella guerra que todos nos dimos, se dejaron su vida en defensa de la causa que creyeron más justa y útil para el interés de España. Ahora las almas de los que están sepultados en esta Basílica, y que se hallen en presencia de Dios, rodean este altar cada vez que en él se celebra el sacrificio de la Misa, y unen su sangre a la de Cristo, en la Cruz y en el cáliz, para expiar los errores que unos y otros pudieron cometer, así como para purificar las profundidades de la conciencia de nuestro pueblo.

Entre estos caídos enterrados en el Valle se cuentan algunos de los mártires ya beatificados, ocho de los cuales: un P. dominico y siete religiosas adoratrices, figuran entre los que lo han sido el pasado 28 de octubre. La misión de todos ellos, hoy, es abogar por esa reconciliación a partir, no de símbolos y palabras efímeras, sino desde la fuerza de su propio testimonio, con el que sellaron a la vez su muerte y su amor a una España que uniera para siempre, en el nombre de Dios y en un abrazo común, a todos los hijos de este pueblo.

Ellos pusieron los primeros hechos positivos por el perdón y la concordia, hechos que se prolongaron en este Valle de los Caídos donde una Cruz y un altar se han convertido en testigos de este propósito de reconciliación. En esos símbolos religiosos radica el máximo estímulo al entendimiento entre los hombres, muy superior al de cualquier palabra o gesto políticos. La conciliación de los corazones no se hace por ley, sino en virtud del amor y de la piedad que dimanan de la Cruz y que nuestros mártires transparentaron en su muerte.

A ellos nos encomendamos para hacer que el Valle pueda ser, de manera eminente y eficiente, ese ámbito religioso de presencia de Dios a través de los símbolos sagrados y del culto que lo caracterizan. Para que sea un espacio para la paz de los corazones a través de la atmósfera de quietud y religiosidad que envuelve cada rincón de este lugar, como tantas personas experimentan, a veces de forma muy sensible.

Los que llegan hasta aquí con espíritu abierto perciben sin dificultad ese mensaje de paz y espiritualidad que se desprende de todos los elementos y símbolos que se dan cita en el Valle, y que representan suficientemente su sentido, y lo consideran como un marco óptimo para esa doble tarea que a todos nos espera siempre: acercarnos en profundidad a la interioridad de nosotros mismos y, al mismo tiempo, tomar la medida de las realidades humanas, sabiendo discernir entre lo verdadero y lo falso de cuanto tenemos ante nosotros. Todos somos conscientes de la necesidad de esa terapia de serenidad y claridad en medio de la confusión que nos envuelve.

En el Valle de los Caídos todo tiene como referencia la Cruz. La misma que ha estado siempre presente en nuestra historia personal y colectiva. Una vez más tenemos que acogernos a ella como lugar de encuentro y de esperanza en esta hora de España. Esa Cruz que permanece inmóvil e inmutable, como todo lo que ella representa en cuanto memoria, a la vez, de Dios y del hombre. Ella es luz en nuestro camino, vigía amorosa de nuestros días, puente entre las generaciones que nos han precedido y seguirán. Ella continúa siendo el signo del precio por nuestros pecados y desvaríos, también los de hoy. Una cruz que ha crecido tanto como esos pecados, pero también como el amor con que siguen siendo redimidos.

Pero se diría que nos estamos distanciando cada vez más de esta sombra de la Cruz, como si quisiéramos eliminar los vestigios de su presencia entre nosotros. Es como si una esponja estuviera barriendo la mente y el alma de los españoles y disipando las huellas del pasado marcado por ella. Lo que nos han traído los tiempos inmediatamente pasados no ha sido sólo unos cambios en el régimen de gobierno de nuestra sociedad, sino la amenaza de la quiebra histórica y espiritual de nuestra nación.

Lo que ha ocurrido ha sido ante todo la ruptura histórica con el pasado, una metamorfosis cultural e ideológica que ha anulado las ideas sustentantes de España, ante todo las de raíz espiritual. De hecho, nos estamos dejando arrebatar el alma a cambio de un plato de libertad y bienestar, de una libertad que, con palabras del profeta Baruc, nos ha convertido “en vasallos, no en señores”.

La sociedad española se está dejando desvertebrar casi sin una réplica” (“Vida Nueva”..), en un proceso de disolución acelerada y fervorosa. Pocas veces un pueblo ha girado tan bruscamente sobre sí mismo para darse la espalda y no reconocerse; pocas veces una nación ha apagado tan súbitamente su luz y su memoria.

Hemos olvidado de improviso que primero es el espíritu y después todo lo demás, porque todo lo demás es humano cuando está inspirado en lo más hondamente humano: el espíritu. Por eso, hay libertades que oprimen: precisamente las que ahogan el espíritu. Es opresiva la libertad que se erige contra Dios, contra la verdad y el bien, o contra el derecho y la justicia, porque son, en ese caso, libertades que se vuelven contra el hombre. La libertad que escapa a la esfera del espíritu escapa a ella misma, escapa al hombre, porque el hombre es su espíritu, es decir, su hálito divino, la fuente de su fuerza creadora y rectora.

Ese hálito se nos está apagando porque, como dice la Escritura (…), de improviso “nos encontramos luchando contra Dios”: contra la Verdad y la Luz, contra lo que el conjunto de los hombres ha considerado, en todas las épocas, como la expresión superior del alma humana. Lo cual no obsta para que imaginemos estar en los albores de una civilización nueva, por la que aseguramos estar alcanzando la plenitud del hombre.

Pero estas esperanzas están sustentadas sobre un falso Cristo, sobre un hombre elevado a supuesto superhombre, que ha decidido ser él mismo apoyado únicamente en sí mismo. Ahora bien, ‘nadie puede poner otro fundamento que el que ha sido puesto: Cristo’, afirma con fuerza el apóstol S. Pablo (1 Cor 3, 11). Nuestras obras, sin Él, se disiparán tanto más rápidamente cuanto más arrogantes sean. Lo hemos escuchado en el Evangelio: “esto que contempláis –el templo- llegará un día en que no quedará de él piedra sobre piedra” (Lc 21, 5) “La salvación procede de nuestro Dios”, asegura el Ap. (7, 11), no de los hombres, de los poderes humanos, las ideologías o los Estados de este mundo. Cristo es la Vida y la Luz del mundo. Él es la única juventud del mundo; por tanto, el único que nos la puede devolver.

En Él, en Dios, “vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17, 28), de manera que cuando le expulsamos nos precipitamos en la nada, aunque creamos haber encontrado todo en esa fiesta de la libertad y de la vida que hemos organizado. Él es la Piedra viva que, aunque desechada por los hombres, ha sido escogida por Dios para que sea fundamento de las obras humanas (cf 1 Pe 2, 7).

Es conocido el esfuerzo que se está haciendo para desplazar esta Piedra no sólo de las legislaciones sino de las conciencias humanas, en las que se quiere reblandecer la tenacidad de los que se oponen a este propósito. Una prueba de ello es la Constitución Europea. Pero el intento de anulación de la resistencia espiritual y moral es una acción que tiende al colapso del hombre y de las sociedades, porque busca producir el vaciamiento de su núcleo radical y la convulsión de cuanto se ha construido sobre él. Entonces al hombre no le queda nada de sí, ni para él ni para la sociedad.

Donde se ha anulado la resistencia moral tampoco subsiste la libertad, y sin ambas ya no hay sujeto, pero sin sujeto tampoco hay sociedad sino masa, a la que se puede manipular a placer.
Ocurre, además, que cuando se ha hecho perder el respeto a Dios y a la conciencia, y se ha promovido una sociedad sin criterios morales, la invocación del deber o de la ética, a la que a veces recurren esas legislaciones, resulta superflua: no hay nadie, no hay persona para responder a esa llamada. Tal vez, muchos de nosotros necesitamos un suplemento de energía para no ceder en esta tenacidad. Sabemos dónde encontrarlo: en la fuerza de la Cruz, en la fortaleza de nuestros mártires, en la fidelidad a la fe sobre la que nuestro pueblo ha erigido su identidad y su honra. Como nos ha asegurado Jesús: “con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”

20 de noviembre de 2007

Franco y el Rey


En la España de las libertades del año 2007, a punto de entrar en la clandestinidad por mi sincera admiración y homenaje a la figura de Francisco Franco, quiero recordar, como revulsivo de desmemoriados y amnésicos, las primeras palabras de quien hoy es Rey de todos los Españoles, sobre quien fue su mentor y antecesor:


Una figura excepcional entra en la historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea. Con respeto y gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del Estado. Su recuerdo constituirá para mí una exigencia de comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la Patria. Es de pueblos grandes y nobles el saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda la existencia a su servicio.


Juan Carlos I


Podéis ver el video pinchando aquí: http://www.youtube.com/watch?v=lHznQS8pt64



LFU

19 de noviembre de 2007

Franco: la figura política decisiva del siglo XX en España




Reproduzco a continuación, por su objetividad, concisión y justicia, el análisis que José Javier Esparza hace de Francisco Franco en http://www.elmanifiesto.com/ en la víspera de que se cumplan 32 años de su fallecimiento en la habitación de un hospital de la Seguridad Social. Otro día hablaré de la sensación de clandestinidad que empieza a invadirnos a quienes osamos defender su memoria....

Nos crucificarán por esto, pero ¿acaso no es verdad? Francisco Franco ha sido la personalidad política más decisiva del siglo XX en España. Sin duda es posible formular juicios positivos y, alternativamente, negativos sobre la persona y sobre su obra, pero parece indiscutible que el siglo XX, en la Historia de España, es el siglo de Franco, y que así debería ser recordado. Porque la era de Franco representa, estrictamente, la incorporación plena de España a la modernidad. Y ese debería ser su lugar en la Historia, más allá de leyes de memoria coercitiva. En la Historia, y no en el debate político, porque, treinta y dos años (¡treinta y dos!) después de su muerte, ¿qué sentido tiene hablar de Franco como si aún estuviera vivo? ¿Y a quién le interesa que Franco siga vivo? ¿Que no sea, simplemente, Historia?

Franco recoge simultáneamente dos herencias del XIX: la del reformismo conservador y regeneracionista –pensemos en aquel “cirujano de hierro” que Costa reclamaba- y la del pensamiento tradicional, ambas actualizadas en el primer tercio del siglo posterior. Desde esa trayectoria, Franco encabeza el Gobierno del país durante casi cuarenta años. Bajo Franco se opera la gran transformación de la nación desde un paisaje casi decimonónico hasta una modernidad plena en lo social y en lo económico, con unas amplias clases medias y un elevadísimo grado de industrialización. Desaparecido Franco, el Estado queda bajo el gobierno de personas e instituciones por él designadas. Todo eso acontece entre 1936 y 1978, si se acepta la convención –no del todo rigurosa- de cerrar la era de Franco con la Constitución que restaura la monarquía parlamentaria. En definitiva, con Franco tienen lugar las transformaciones más importantes de la España moderna. Por eso es la figura política decisiva de nuestro siglo XX.

Valoraciones negativas (y positivas)

Reconocer este carácter decisivo de Franco no impide, por supuesto, formular valoraciones negativas. Desde una perspectiva monárquica, puede reprochársele no haber devuelto el trono a sus titulares una vez lograda la pacificación del país. Desde una perspectiva liberal, puede reprobarse que la España de Franco limitara el pluralismo de fuerzas políticas, que mantuviera un perfil tradicional en cuanto a normas y convenciones sociales y que otorgara un peso tan obvio al Estado dentro del tejido industrial. Desde una perspectiva democrática, puede criticarse que el régimen no se preocupara por establecer cauces para la participación política de los ciudadanos, ni siquiera bajo la forma –nunca bien asentada- de la democracia orgánica. Desde una perspectiva socialista o comunista, como es obvio, se podrá censurar a Franco por haber frustrado la experiencia revolucionaria del Frente Popular. Inversamente, desde una perspectiva tradicionalista podrá achacarse al régimen del 18 de julio su progresivo alejamiento de las formas sociales y políticas derivadas del prístino modelo tradicional, del mismo modo que, desde una perspectiva falangista, se le ha afeado su abandono de la “revolución pendiente”. Todas estas objeciones de parte a la política de Franco son admisibles y pueden ser sometidas a discusión: todas ellas arrojarán luz sobre rasgos profundos de nuestra historia. Pero ninguno de estos reproches menoscaba la dimensión histórica del personaje, su cualidad de figura decisiva del siglo XX español.

Junto a las reprobaciones, sería de justicia consignar los méritos y las aportaciones objetivas, que podemos sintetizar en una sola afirmación: Franco contribuyó a resolver el tradicional “problema de España”. Desde la España invertebrada de Ortega, los principales puntos de quiebra del edificio nacional habían sido identificados con nitidez: la división entre las clases sociales, la división entre las regiones, la división entre los partidos –esa triple división que luego José Antonio recogería en un célebre discurso. Y la superación de tales divisiones era el horizonte esencial de todo proyecto reformador. La II República fracasó trágicamente en el reto: no fue capaz de resolver la cuestión social sino por la vía violenta de la lucha de clases, no fue capaz de solucionar el problema regional sino mediante cesiones infinitas al impulso de la periferia, y no fue capaz de solucionar el problema político –doblado, por cierto, con la cuestión religiosa- sino mediante la aniquilación física del contrario. Franco no solucionó definitivamente estos tres problemas, pero, a su muerte, el balance era incomparablemente mejor que en 1939: las divisiones sociales se habían reducido decisivamente gracias al formidable desarrollo económico, que permitió el nacimiento de una anchísima clase media; en ese paisaje social, las divisiones políticas perdieron casi por completo su tensión revolucionaria; respecto al problema territorial, nadie podrá decir que en 1975 era más grave que cuarenta años antes o que treinta años después.

Estos elementos que aquí consignamos forman parte del juicio de la Historia. Son opinables, discutibles, y nadie podrá considerar perjudicial que se sometan a debate. De hecho, ese debería ser estrictamente el lugar de Franco, treinta años después de su muerte, en la vida pública española: un objeto de estudio. Pero, por desgracia, la imagen de Franco en la España actual no tiene nada que ver con la serena ponderación del juicio histórico. Al contrario, la era de Franco y su propia persona aparecen esperpénticamente deformadas bajo una perspectiva que oscila entre la mitología de masas y el folletón sentimental, y donde el general desempeña siempre el papel tópico del Malvado por antonomasia. Sin excepción conocida, quienes hemos tratado de acercarnos a la figura de Franco y a su régimen desde una perspectiva fría, neutra, racional, hemos cosechado la reacción airada de los defensores del orden. Se diría que hemos violado un terrible tabú, como quien osa mirar a los ojos del Gran Monstruo.

La realidad y el mito

Franco se nos presenta hoy, en la rutinaria vulgata de los medios de comunicación y del discurso público, como un general que dio un golpe de Estado para arrasar la legalidad republicana y que instauró un régimen fascista que oprimió violentamente a los españoles hasta el día en que el dictador expiró. Esta descripción, que es la que podría proponer cualquier bachiller relativamente adelantado (los otros ni siquiera sabrían definir el objeto), es fruto del tenaz trabajo propagandístico que ha buscado legitimar al sistema de 1978 por oposición al régimen del 18 de julio. Pero es una imagen sencillamente falsa. Franco no dio un golpe de Estado: se sumó a él en el último momento y cuando la sublevación ya estaba en marcha. Franco no arrasó la legalidad republicana: ésta ya había sido desmantelada desde las propias instituciones de la República por el gobierno del Frente Popular, si no antes. Franco no instauró un régimen fascista: el régimen no tuvo de fascista más que ciertos aspectos litúrgicos, formales, y generalmente limitados a los años cuarenta. Franco no oprimió violentamente a los españoles: excluido el periodo de la represión de la posguerra, la oposición a Franco fue tan minoritaria que no exigió grandes despliegues represivos; mucho menores, en todo caso, que los ejecutados por los regímenes totalitarios o autoritarios que le fueron contemporáneos en Europa. Y ese es, en definitiva, el gran drama de la posteridad de Franco: el país que él gobernó ha desdibujado su figura hasta hacerla irreconocible.

¿Quién fue Franco? Esencialmente, un general que, por trágicos azares políticos, condujo a España desde una pre-modernidad traumática hacia una modernidad prácticamente completa. En este carácter mixto de militar y político, doblado por una mixtura paralela de reformador y conservador, se condensa toda la singularidad histórica y también individual de la persona de Franco y de su obra, así como todas sus contradicciones.

En lo que concierne a España, es sencillamente insensato que nuestra vida pública no ose mirar de frente a su propio pasado: es como si, de algún modo, nuestra democracia se avergonzara de sí. Lo cual tal vez explica esa descabellada operación, promovida por el actual Gobierno, de retrotraer el debate público ya no a 1978, sino a 1931. De Largo Caballero a Corto Zapatero, camino de ida y vuelta, como si tres cuartos de siglo de historia de España no hubieran existido jamás. Algo así sólo puede ocurrir en una sociedad enferma. Más exactamente: en una sociedad enferma de sí misma, como el neurótico que se mira al espejo y siente una profunda extrañeza de sí y un intenso odio de su propia imagen. Y dentro del diagnóstico, tal vez, quepa incluir ese rasgo patológico que consiste en negar quién y cómo incorporó a España a una modernidad plena. Negar, en fin, que Franco es la figura política decisiva del siglo XX español.

14 de noviembre de 2007

"Cortos de razones, largos de espada"

Hace unos días, recibí de un buen amigo copia del artículo del mismo nombre publicado por Arturo Pérez Reverte en El Semanal en el mes de agosto pasado y cuya autenticidad he podido comprobar en la página web del autor. Creo que merece mucho la pena su lectura y su divulgación.


"Eres joven y guipuzcoano, según deduzco por tu carta y el remite. Escribes como lector reciente de la última aventura de nuestro amigo Alatriste, contándome que es el primer libro de la serie que cae en tus manos. Te ha gustado mucho, dices, excepto el hecho «poco riguroso» y «poco creíble» de que una galera española estuviera tripulada por soldados vizcaínos que combatían al grito de "Cierra España" ; en referencia a la Caridad Negra, que en los últimos capítulos combate a los turcos, en las bocas de Escanderlu, llevando a bordo a la compañía del capitán Machín de Gorostiola. Y añades, joven amigo -lo de joven es importante-, que eso no disminuye tu entusiasmo por la historia que has leído; pero que el episodio de los vizcaínos te chirría, pues parece forzado. «Metido con calzador -son tus palabras- para demostrar que los vascos (y no los vascongados, don Arturo) estábamos perfectamente integrados en las fuerzas armadas españolas, lo que no era del todo cierto.»

Son las siete últimas palabras del párrafo anterior las que me hacen, hoy, escribir sobre esto; la triste certeza de que realmente crees en lo que dices. Te gusta la novela, pero lamentas que el autor haga trampas con la Historia real; la auténtica Historia que -eso no lo cuentas, pero se deduce- te enseñaron en el colegio. Así que, con buena voluntad y con el deseo de que yo no cometa errores en futuras entregas, me corriges. Debería, a cambio, escribirte una carta con mi versión del asunto. El problema es que nunca contesto el correo. No tengo tiempo, y lo siento. Esta página, sin embargo, no es mala solución. La lee gente, y así quizá evite otras cartas como la tuya. De paso, extiendo mi respuesta a la cuadrilla de embusteros y sinvergüenzas de los sucesivos ministerios de Educación, de la consejería autonómica correspondiente, de los colegios o de donde sea, que son los verdaderos culpables de que a los diecisiete años, honrado lector, tengas -si me permites una expresión clásica- "la picha histórica hecha un lío".

Machín de Gorostiola es un personaje ficticio, como su compañía de infantería vizcaína. En efecto. Pero uno y otros deben mucho al capitán Machín de Munguía y a los soldados de su compañía, «la mayor parte vascongados», que, según una relación del siglo XVI conservada en el Museo Naval de Madrid, pelearon como fieras durante todo un día contra tres galeras turcas, en La Prevesa.

En cuanto a lo de "Cierra España", ni es consigna franquista ni del Capitán Trueno. Quien conoce los textos de la época sabe que, durante siglos, ése fue usual grito de ataque de la infantería española -en su tiempo la más fiel, sufrida y temible de Europa-, que en gran número, además de soldados castellanos y de otras regiones, estaba formada por vizcaínos; pues así, vizcaínos, solía llamarse entonces a los vascos en general, «a veces cortos de razones pero siempre largos de bolsa y espada». Y guste o no a quien manipuló tus libros escolares, amigo mío, con sus nombres están hechas las viejas relaciones militares, de Flandes a Berbería, de las Indias a la costa turca.

Los oprimidos vascos fuisteis -extraño síndrome de Estocolmo, el vuestro- protagonistas de todas las empresas españolas por tierra y mar desde el siglo XV en adelante. Ése fue, entre otros muchos, el caso de los capitanes de galeras Iñigo de Urquiza, Juan Lezcano y Felipe Martínez de Echevarría, del almirante Antonio de Oquendo, su padre y su hijo Miguel, o de tantos otros embarcados en las galeras del Mediterráneo o en la empresa de Inglaterra. Las relaciones de Ibarra, Bentivoglio, Benavides, Villalobos o Coloma sobre las guerras del Palatinado y Flandes, los asedios, los asaltos con el agua por la cintura, las matanzas y las hazañas, las victorias y las derrotas, hasta Rocroi y más allá incluso, están salpicadas de tales apellidos, sin olvidar las guerras de Italia: en Pavía, por ejemplo, un rey francés fue capturado por un humilde soldado de Hernani, en el curso de una acción sostenida por tenaces arcabuceros vascos. Y te doy mi palabra de honor de que aquel día todos gritaron, hasta enronquecer, "Cierra España": voz que, en realidad, no tenía significado ideológico alguno. Sólo era un modo de animarse unos a otros -eran tiempos duros- diciéndole al enemigo de entonces, fuera el que fuera: Cuidado, que ataca España.

Así que ya ves, amigo mío. No inventé nada. El único invento es el negocio perverso de quienes te niegan y escamotean la verdadera Historia: la de tu patria vasca -«La gente más antigua, noble y limpia de toda España», escribía en 1606 el malagueño Bernardo de Alderete- y la de la otra, la grande y vieja. La común. La tuya y la mía."
Arturo Pérez Reverte

12 de noviembre de 2007

Bien por el Rey

El sábado por la noche, por primera vez, y sin que sirva de precedente, me sentí orgulloso del Rey de España. En medio de una infame lluvia de groseras y burdas agresiones verbales contra España, contra sus empresas, sus políticos y su Historia, Juan Carlos I reaccionó con la dignidad de un español y la autoridad de un Rey. Les mandó callar y les trató de tú, lo que estos sátrapas no olvidarán fácilmente.

Lo que pasó en Santiago de Chile no es más que el fruto de largos años de humillación y complejos por parte de Gobiernos españoles que, desde que en 1992 celebraron de puntillas y pidiendo perdón el quinto centenario del descubrimiento de América, no han dejado de arrastrar el glorioso nombre de España por el mundo entero, hasta enfangarla con las más procaces alianzas que han terminado dejándola sin sitio en el mundo civilizado. Si ni siquiera el Presidente del Gobierno Español tiene claro lo que es España, ¿cómo vamos a exigirles respeto a las demás naciones del mundo?.

Nos guste o no, la corona es, quizás, uno de los pocos factores de cohesión que puede salvar la unidad de España, en grave peligro de desaparición. Es un debilitado cordón umbilical que puede servir como revulsivo canalizador de las dormidas conciencias de tantos españoles anestesiados por el nihilismo que nos domina.

Estoy seguro de que la digna y viril reacción del sábado ha despertado muchas conciencias y les ha permitido volver a sentir el orgullo de ser español.

Ojalá que no sea ésta la última vez.

LFU

6 de noviembre de 2007

Yo también quiero ser nombrado persona non grata en Casares.



Y es que, a semejanza de Vidal Cuadras, quiero decir aquí, en voz alta, como andaluz y como español, que Blas Infante, el vergonzantemente aupado –por todo el arco político andaluz- a la ridícula condición de “padre de la patria andaluza”, era un cretino y un impresentable y el hecho de que muriese fusilado en zona nacional nunca podrá borrar las inmensas cretineces que él mismo hizo y escribió en vida. La realidad es que nadie sabe lo que hizo y lo que escribió, y sólo saben que murió fusilado, como lo hicieron miles de españoles en los dos bandos, sin que nadie les haya nombrado padres de nada.

El “adelantado” Blas Infante abogaba por una confederación basada en el "derecho de autodeterminación", en un conjunto de Estados confederados por libre decisión de sus naciones, en un pacto rompible a demanda de cualquiera de las partes. Y Andalucía sería una federación de Estados provinciales, incluyendo a Marruecos. “Porque lo español –que Blas Infante identificaba con la civilización europea y el cristianismo– es dañino”. Así, como recuerda Horacio Vázquez Rial en un reciente artículo sobre el inefable Infante (del que he obtenido gran parte de los textos que transcribo), el Padre de la Patria Andaluza no tuvo ningún reparo en viajar a Marruecos, en 1924, en plena guerra de África, para visitar la tumba de Al-Motamid, último rey alhomade de Sevilla, mientras morían acribillados miles de compatriotas suyos en las tierras de Maruecos.

Pero no hacen falta muchos comentarios. Basta con leer algunas de las estupideces que escribía el “padre de la patria andaluza” emulando al no menos iluminado Sabino Arana.

"Sí. Nosotros aspirábamos y aspiramos y seguiremos aspirando a la elaboración de un Estado libre en Andalucía. Y qué, ¿no proclamó su República Cataluña? Pues, ¿cómo va a ser delito en el Sur una aspiración que vino a constituir en el Norte, un hecho lícito, acatado por el Poder Público en España? ¿Que en Cataluña se llegó a atenuar el radicalismo nominativo de República Catalana, con el nombre actualmente eufémico de Generalidad? Pues nosotros no tenemos, por ahora, otras denominaciones que las de 'República Andaluza o Estado libre o autónomo de Andalucía', para llegar a expresar aquella 'Andalucía Soberana, constituida en Democracia Republicana', que dice el artículo primero de la Constitución elaborada para Andalucía, por la Asamblea de Antequera, hace medio siglo, en 1833".

Infante hacía además gala de un anticatolicismo brutal, abrazando, en cambio, el islamismo en su reivindicación de Al Ándalus:

"Legiones raudas y generosas corren el litoral africano predicando la unidad de Dios. El 'arroyo grande', que dijo Abu-Bekr, las separa de Andalucía. Ésta les llama. Ellos recelan. Vienen: reconocen la tierra y encuentran un pueblo culto atropellado, ansioso de liberación. Acude entonces Tarik (¡14.000 hombre solamente!). Pero Andalucía se levanta en su favor. Antes de un año, con el solo refuerzo de Muza (20.000 hombres), puede llegar a operarse por esta causa la conquista de España. Concluye el régimen feudalista germano. Hay libertad cultural. Andalucía entera aprende el árabe, y dice que se convierte. Poco después, Andalucía, ¡Andalucía libre y hegemónica del resto peninsular! ¡Lámpara única encendida en la noche del Medievo, al decir de la lejana poetisa sajona Howsrita! Europa germánica es un anfictionado, bárbaro, inspirado por el Pontífice de Roma. 'Nadie, ni aun los nobles, exceptuando al clero, sabía leer ni escribir. En Andalucía todo el mundo sabía'. No hay manifestación alguna cultural, que en Andalucía libre o musulmana, no llegase a alcanzar una expresión suprema"

Y, por supuesto, en su exaltación de Al Andalus, no tuvo reparos en arremeter contra los Reyes Católicos por la Conquista de Granada, que según Infante fue el origen y la causa de la decadencia de la nación andaluza, haciendo suyo el texto de Abu-Bekr:

"A medida que las cruces y las campanas iban afeando las airosas torres de las mezquitas, la tierra de jardín se tornaba en yermo, y la cruz presidía la esterilidad de los campos, cerrados a los andaluces".

Lo dicho, un auténtico cretino, que debió seguir viviendo para seguir desacreditándose ante la humanidad. ¡Que se enteren en Casares y en el mundo entero!

LFU

5 de noviembre de 2007

Qué vergüenza

Que el Presidente de la República Francesa tenga que rescatar a unas españolas en Chad y traérnoslas a casa, ante la absoluta pasividad del Gobierno Español.

Que la Familia Real española no enviase a ninguno de sus miembros a la ceremonia de beatificación en Roma de 498 mártires españoles.

Estos dos son los últimos de la innumerable serie de sonrojantes eventos que estamos padeciendo los españoles en la hégira del peor gobernante que ha sufrido España en los últimos quinientos quince años.

¿Se os ocurre alguna más que añadir a esta incipiente lista? Serán bienvenidos vuestros comentarios...
LFU

30 de octubre de 2007

29 de octubre


Esa es una atmósfera turbia.....

"En un movimiento poético, nosotros levantaremos este fervoroso afán de España; nosotros nos sacrificaremos; nosotros renunciaremos, y de nosotros será el triunfo, triunfo que –¿para qué os lo voy a decir?– no vamos a lograr en las elecciones próximas. En estas elecciones votad lo que os parezca menos malo. Pero no saldrá de ahí vuestra España, ni está ahí nuestro marco. Esa es una atmósfera turbia, ya cansada, como de taberna al final de una noche crapulosa. No está ahí nuestro sitio. Yo creo, sí, que soy candidato; pero lo soy sin fe y sin respeto. Y esto lo digo ahora, cuando ello puede hacer que se me retraigan todos los votos. No me importa nada. Nosotros no vamos a ir a disputar a los habituales los restos desabridos de un banquete sucio. Nuestro sitio está fuera, aunque tal vez transitemos, de paso, por el otro. Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto, las estrellas, Que sigan los demás con sus festines. Nosotros fuera, en vigilancia tensa, fervorosa y segura, ya presentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas. "




José Antonio

26 de octubre de 2007

Francisco Franco y la persecución de los judíos

Esta mañana, escuchando la entrevista que en Radio Nacional de España hacían a uno de los supervivientes de la persecución nazi a los judíos, salvado por obra de la embajada española en Hungría, no pude por menos que estremecerme al escuchar de los labios del pobre anciano una frase que dijo, al final y sin venir a cuento, como introducida con calzador por indicación de alguien: “Quiero aclarar que todo esto lo hizo Sanz Briz sin tener ninguna orden del Gobierno español”. De esta manera y con esta clamorosa mentira, se enervaba la posible repercusión positiva que la salvación de miles de judíos en Hungría pudiera tener en el régimen de Franco, que para el pensamiento único que nos oprime, era el mayor exponente de la “maldad humana”.

Al margen de que resulta cuando menos extraño pensar que en 1940, cuando Hitler era el dueño de Europa, las legaciones diplomáticas de los países neutrales fueran por libre en sus actuaciones –máxime con las presiones de Alemania para que España entrase en la guerra con el Eje- existe abundantísima documentación y múltiples testimonios que demuestran la implicación directa del Gobierno de Franco en la salvación de millares de judíos, en un número que alcanza los 60.000. Y que, por cierto contrasta con la actitud de Suiza, que cerró sus fronteras a millares de judíos, haciendo una interpretación estricta e inhumana de su neutralidad.

Así, en una entrevista que mantuvo Ángel Sanz Briz -siendo Cónsul General de España en Nueva York- con el historiador judío Isaac Molho, aquél le manifestó que todo el mérito de sus acciones se debía al Generalísimo Franco, de quien había recibido instrucciones para dar protección a los judíos perseguidos. En la misma línea, la revista digital "Sefarad", reconoce que el diplomático español “actuó siguiendo órdenes de su gobierno”. Y es que, sin restarle méritos al joven diplomático, su actuación hubiera sido del todo imposible si el Gobierno español no hubiera concedido la nacionalidad española a esas 200 familias judías alegando su origen sefardita y hubiera concedido el pasaporte a otros miles de judíos bajo diversas excusas.

A finales de 1943, cuando la “solución final” estaba en marcha, el Ministerio de Asuntos Exteriores español ordenó a los diferentes consulados españoles que volvieran a conceder pasaporte o tarjeta de nacionalidad a los sefarditas que estuvieran o hubieran estado inscritos como tales en nuestras representaciones, aunque la hubieran perdido por falta de uso. En la primavera de 1944 se ordenó que se aceptara como sefardita a cuanto judío solicitara nuestra protección, haciéndolo de manera que la documentación proporcionada contuviera una contraseña capaz de permitir su anulación cuando fuera necesario, una vez terminada la guerra. Fueron estas instrucciones las que motivaron o permitieron la actuación de Ángel Sanz Briz en Budapest, quien las interpreto y amplió con generosidad y suma eficacia.

Resulta revelador, en este sentido, el testimonio directo del diplomático Pedro Schwartz, que en 1943 vivía en el consulado español en Viena por ser su padre Cónsul en dicha capital, y que, en un artículo publicado en el año 1999 en “La Vanguardia Digital” afirmaba lo siguiente:

Siempre me ha sorprendido la ayuda que Franco prestó a los judíos perseguidos por el nazismo.(…) durante la Guerra Civil, Franco y sus ministros dieron instrucciones a los representantes consulares de España para que protegieran de la discriminación y la expropiación a los sefardíes de los territorios que iban cayendo bajo el control de los alemanes. Tras la caída de Francia en 1940, el falangista Serrano Suñer concedió visados a numerosos judíos askenases, que así salvaron la vida; y a los que conseguían atravesar la frontera, les daba salvoconducto para que pudieran pasar a Portugal y América. Cuando Hitler, a partir de 1943, puso en marcha la solución final, la entrega de pasaportes españoles a los judíos de habla castellana en los consulados de la Europa ocupada se tornó sistemática. De resultas de esta política humanitaria salvaron la vida de 46.000 a 63.000 judíos o quizá más. ¿Quién decidió que los sefardíes eran españoles? ¿Cómo cuadraba la poca simpatía por los judíos en la España oficial de aquellos tiempos con una política tan discorde de la del amigo alemán?

(…) La creciente dureza de la persecución hizo evidente que ya no bastaba con insistir en la posición legalista de que España no admitía que se conculcaran los derechos de sus súbditos. A partir de 1942, sobre todo tras el relevo de Serrano Suñer, comenzó una política sistemática de concesión de pasaportes y visados para permitir la huida de los perseguidos. Además, todos los comentaristas e historiadores subrayan que nunca fue devuelto a las autoridades alemanas ningún judío de los que conseguían entrar en España incluso clandestinamente.”

Lo cierto es que, salvo muy contadas excepciones, el pueblo judío ha sabido reconocer estos hechos. Merece destacarse el testimonio del rabino Chaim Lipschitz, del seminario hebreo Torah Vodaath and Mesivta, de Brooklyn, publicado en la revista Newsweek en febrero de 1970:

“Tengo pruebas de que el jefe del Estado español, Francisco Franco, salvó a más de sesenta mil judíos durante la II Guerra Mundial. Ya va a ser hora de que alguien dé las gracias a Franco por ello”.

En el libro "La banalidad del bien", de Enrico Deaglio. (Editorial Feltrinelli. Milán. y publicada en España por Herder), en uno de sus párrafos, dice:

“Si bien el papel de la España franquista en las operaciones de salvamento de los judíos europeos ha sido silenciado casi del todo, fue decididamente superior al de las democracias antihitlerianas. Las cifras varían entre 30.000 y 60.000 judíos liberados del holocausto.”

El filósofo e historiador alemán Patrik von zur Mühlen en su libro Huída a través de España y Portugal. (J.H.W. Dieta Nachf. Bonn), afirma que:

“España hizo posible que más de 50.000 disidentes y judíos escaparan de los nazis.”

En The American Sephardi, con motivo del aniversario del fallecimiento de Franco, publicó el siguiente artículo:

“El Generalísimo Francisco Franco, Jefe del Estado español, falleció el 20 de noviembre de 1975. Al margen de cómo le juzgará la Historia, lo que sí es seguro que en la historia judía ocupará un puesto especial. En contraste con Inglaterra, que cerró las fronteras de Palestina a los judíos que huían del nazismo y la destrucción, y en contraste con la democrática Suiza que devolvió al terror nazi a los judíos que llegaron llamando a sus puertas buscando ayuda, España abrió su frontera con la Francia ocupada, admitiendo a todos los refugiados, sin distinción de religión o raza. El profesor Haim Avni, de la Universidad Hebrea, que ha dedicado años a estudiar el tema, ha llegado a la conclusión de que se lograron salvar un total de por lo menos 40.000 judíos, vidas que se salvaron de ir a las cámaras de gas alemanas, bien directamente a través de intervenciones españolas de sus representantes diplomáticos, o gracias a haber abierto España sus fronteras”.

Como señala el historiador Eduardo Palomar Baró -de cuyo completísimo estudio sobre el particular he obtenido parte de la información que aquí se recoge- , desde el rey Nimrod hasta nuestros días, a través de cinco milenios, según las leyendas hebreas, quedan escritos los nombres de los tiranos y de los enemigos de Israel en el Libro de la Muerte. Y el de sus protectores y amigos en el de la Vida. Pues bien, Francisco Franco tiene su nombre en el Libro de la Vida. Y con letras de oro. En las sinagogas de EE.UU. todos los 20 de noviembre se pronuncia un responso o “kadish” en memoria del hombre que libró a tantos hebreos del holocausto.

Los judíos honran y bendicen el recuerdo de este gran benefactor del pueblo hebreo... que ni buscó ni obtuvo ningún beneficio de lo que hizo.
Pero muchos españoles, siguen sin enterarse...

LFU

25 de octubre de 2007

23 de octubre de 2007

Varios lustros...


"Aproximadamente 600.000 españoles habían muerto durante el conflicto, y otros dos millones habían quedado mutilados o heridos. Medio millón de hogares habían sido destruidos o gravemente damnificados. Ciento ochenta y tres pueblos habían sido arrasados; dos mil iglesias habían sido pasto de las llamas; una tercera parte de las cabezas de ganado de la nación habían sido sacrificadas y casi la mitad del equipo ferroviario había quedado destruido. Pero era todavía peor el daño moral y espiritual inferido a España por los tres años de guerra. Tendrían que pasar varios lustros para borrar los odios encendidos en el alma española por el conflicto y para eliminar la herencia psicológica de una guerra fraticida cuya ferocidad superó la de la mayoría de las luchas internacionales."

"O llevarás luto por mí".
Larry Collins y Dominique Lapierre, 1967. (pág.155)

Esto fue escrito hace ya cuarenta años por dos extranjeros que se impregnaron del alma y del ser español. La sociedad española había olvidado la guerra, miraba al futuro con esperanza y estaba lejos de pensar que un niño que entonces tenía siete años iba, cuarenta años después, a remover de nuevo los odios de la guerra. El odio es el arma favorita de los pusilánimes y Zapatero lo es. Por eso estoy seguro de que tarde o temprano acabará probando su propia medicina.


LFU

17 de octubre de 2007

Mayor Oreja y el sentido común

Reproduzco literalmente las declaraciones, llenas de sentido común, de D. Jaime Mayor Oreja a “La Voz de Galicia”, que le han valido todo tipo de insultos e improperios - entre ellos, cómo no, el consabido de “fascista”- procedentes de las filas de la izquierda “tolerante y democrática”. “Es un auténtico escándalo”, dicen, “es el portavoz de la extrema derecha”. Sólo una reflexión: Si todos los españoles que piensan igual que Mayor Oreja son unos fascistas, yo que ellos me empezaba a preocupar….

-¿Por qué le cuesta tanto al PP condenar el franquismo?

-Porque eso forma parte de la historia de España. Yo no lo he condenado, yo elogio y alabo la transición democrática. ¿Cómo voy a condenar lo que, sin duda, representaba a un sector muy amplio de españoles?

-Por esa misma lógica, tampoco condenará el nazismo o el estalinismo, porque muchos alemanes y soviéticos los apoyaron.

-En la guerra hubo dos bandos y en el nazismo solo uno.

-En el franquismo solo hubo un bando que reprimía.

-También hubo dos, porque el franquismo fue la consecuencia de una Guerra Civil en la que hubo dos bandos. No es lo mismo que el régimen nazi, donde había un solo verdugo.

-Entonces, dejando al margen la Ley de la Memoria Histórica, ¿no considera pertinente condenar el franquismo?

-No, por muchas razones. ¿Por qué voy a tener que condenar yo el franquismo si hubo muchas familias que lo vivieron con naturalidad y normalidad? En mi tierra vasca hubo unos mitos infinitos. Fue mucho peor la guerra que el franquismo. Algunos dicen que las persecuciones en los pueblos vascos fueron terribles, pero no debieron serlo tanto cuando todos los guardias civiles gallegos pedían ir al País Vasco. Era una situación de extraordinaria placidez. Dejemos las disquisiciones sobre el franquismo a los historiadores.

¡Dios mío cómo les escuece la verdad!. ¿Alguien vió anoche cómo se amilanaba la hidra de María Antonia Iglesias cuando Juan Manuel de Prada le recordaba las más de 40 personas que las milicias socialistas echaron como comida a los leones de la Casa de Fieras de Madrid, cuyos cadáveres no han podido, ni podrán ser nunca recuperados y enterrados?. Memoria histórica.

LFU

15 de octubre de 2007

Una memoria que envilece


Para los que no leyeron el ABC del sábado 13 de octubre, reproduzco a continuación el magnífico artículo de mi padre, que sigue resistiéndose a la carcoma del silencio, ese mal que afecta a tantos españoles:


Vivimos un tiempo en el que la estupefacción, el asombro y la sorpresa indignada reinan por doquier. Nuestra existencia, normalmente tranquilizada por los muchos años que ha vivido sin mortales sobresaltos, contempla ahora sin dar crédito a lo que ve el perfil resignado de la actual situación española, donde todo nuestro ser físico y moral se revela con la amarga angustia de la impotencia. ¿Es posible que un solo hombre, me refiero claro está, al presidente Zapatero, albergue tal caudal de odio en su alma para ser capaz de reconducir la historia de España a una situación de conflicto, de confrontación y de reverdecimiento de antiguos rencores? Por haber ejercido función política durante muchos años, me he abstenido siempre de realizar una crítica ligera y apresurada referida a los que ostentaban responsabilidades políticas, pero en esta ocasión no tengo más remedio que lanzar mi «yo acuso» a quien increíblemente, por una incomprensible nostalgia del pasado, está dispuesto a abrir de nuevo las zanjas que los años habían cubierto de hierba apacible.

La principal tarea del gobernante es tratar, sin duda, de obedecer el código de sus convicciones sin producir detrimentos insoslayables en aquellos que se sitúan en una posición adversa. La prudencia es una virtud superior a la astucia; la serenidad, la clave de cualquier género de comportamiento responsable. La demagogia temeraria deja de ser un error para convertirse en un mal incalculable. Insisto en que volver otra vez a recordar lo que el tiempo ha cubierto con su peso y con su valor es un disparate de tremendas e insospechadas consecuencias. El ejercicio de la reconciliación nacional lo llevamos a cabo hace mucho tiempo. En las filas del Frente de Juventudes, donde yo me honré en pertenecer, jamás se habló de rojos ni se lanzaron vituperios contra los que considerábamos adversarios. Yo pertenezco a una generación que no hizo la guerra, pero fui testigo con nueve años de la tragedia que asoló a nuestra tierra. En mi propia familia sentí el desgarrón que suponía esta lucha fratricida. Un hermano de mi madre, comandante de la Guardia Civil en Albacete, fue fusilado y rematado horas después a bayonetazos en el Hospital Naval de Cartagena. Mientras tanto, en otro lugar de nuestra misma tierra, un hermano suyo pertenecía al ejército republicano. Moriría después en el exilio. Nadie puede, pues, acusarme y como a mí, a centenares y a miles de españoles, de haber fomentado una moral cainita. Mejor que memoria histórica, cabría decir olvido histórico, porque aunque creemos que la situación originada por la República española demandaba una solución quirúrgica, y la verdad no puede estar en modo alguno en dos sitios, los que servimos unos ideales de justicia y de amor no nos podemos resignar ahora a refugiarnos en un silencio cómplice, ante lo que acontece actualmente en la vida española, es decir, con la ruptura de su unidad, con la suicida disgregación que esta ley supone, con la sumisa aceptación de culpabilidades no existentes y con el olvido de hechos reales que muchos de nosotros contemplamos en nuestra primera juventud atónitos y prematuramente desesperados. Esta demagogia social nos puede conducir de nuevo a un enfrentamiento que no existe, a una lucha apagada en el tiempo y, en la razón, a un conflicto señalado tan sólo por una memoria que pretendió la integración y que no suscitó nunca el ánimo de contienda entre los españoles. La responsabilidad histórica del actual presidente tiene caracteres de enormidad, es un salto mortal, una daga venenosamente afilada para que se introduzca de nuevo en el corazón de los españoles y que también produce un hecho que quizás no hayan tenido en cuenta los legisladores. Que el actual Rey de España, que lo es de todos los españoles, aceptó en su día la legitimidad histórica del 18 de julio. La condena total al Régimen no admite excepciones e incorpora a la figura del Rey a esta condenación.

De todo lo escrito, me gustaría señalar un ejemplo claro de cómo actuamos la mayoría de los hombres que ostentamos responsabilidades políticas en el Régimen anterior. En cierta ocasión, un gobernador civil de una provincia española, cuyo nombre no hace al caso recibió una carta desgarrada y patética de un miembro del Partido Comunista condenado a muerte en la prisión de Burgos. En aquella carta se dirigía al gobernador del que había tenido noticias y sabía que actuaba en su misión con generosidad y con justicia. Al recibir la carta el hombre que ostentaba la responsabilidad en de Gobierno en la provincia, se trasladó a la capital de España para lograr cumplir el deseo de quien rogaba poder asistir a su madre, gravísimamente enferma, en los últimos días de su vida. Aquel gobernador consiguió el traslado del recluso a la provincia de Ciudad Real y éste permaneció junto a su madre hasta que recibió las últimas paletadas de tierra. Este militante del Partido Comunista vive aún, se llama Benito Ruiz, y habita en la calle Ciudad Real de Miguelturra.

Él dio siempre muestras -porque quedó indultado años después- de una gratitud fervorosa y conmovida dirigiendo cartas significativas a quien había realizado aquellas gestiones por su nobleza y generosidad. No bastaría con conocer esta anécdota, a la que podríamos sumar centenares de actos que evidenciaban por parte de los vencedores o de los hijos de los vencedores un ánimo de reconciliación definitiva. Es posible que la fuerza mediática desatada a favor de la corriente que ha originado el presidente del Gobierno crean lo contrario, pero yo afirmo en este artículo que el tiempo pasará factura de este colosal error y que los españoles veremos claramente que en la angelical sonrisa del presidente Zapatero no había nada más que la turbia mirada de un rencor inabatible.

JOSÉ UTRERA MOLINA

10 de octubre de 2007

La embriaguez de la equidistancia

Anoche, una voluminosa periodista de apellido teutón, contraria a la Ley de Memoria Histórica, dulcificaba su posición -algo incorrecta políticamente hablando- situándose en una casposa equidistancia entre los dos bandos que lucharon en la guerra civil, a los que identificó como defensores del totalitarismo marxista y defensores del totalitarismos fascista y, en consecuencia, adjudicando a ambos la misma perversidad.

Mire usted, señora: Una cosa es predicar la reconciliación, hacer homenaje de los españoles que cayeron en unas y otras trincheras y tratar de dejar el pasado a los historiadores y otra muy distinta insultar la inteligencia de los espectadores. Afirmar que el bando llamado "nacional" defendía el totalitarismo fascista es, simple y llanamente, mentir. Y mentir es pecado, y de los gordos (si no, pregúnteselo a sus jefes). La España "nacional", formada por monárquicos, tradicionalistas, conservadores, falangistas y católicos perseguidos no se levantó en armas para imponer el fascismo en España. Se levantó precisamente para evitar que España se convirtiera en un satélite de la Unión Soviética. Se rebeló contra una revolución impulsada desde el poder de un Frente Popular cuyo respeto por la democracia era igual a cero y cuyo afan por perseguir y aniquilar a sus adversarios era verdaderamente terrible. ¿Quién dio un golpe de Estado en el año 1934 contra el gobierno de la CEDA? ¿Quién amanezó y ordenó el asesinato del lider de la derecha, José Calvo Sotelo en el año 1936? ¿Quién inició y consumó una persecución religiosa sin precedentes en la Historia con más de 7.000 religiosos asesinados?.

Mientras un bando asumió como propia la denominación de "ejército rojo" adoptando como símbolo la estrella roja de cinco puntas -tan "tradicional" en España-, el otro recuperó la enseña bicolor y reivindicó el nombre de España. Mientras en la Puerta de Alcalá se colocaban los retratos de Stalin, de Lenin y de Vorochilov, la Gran Vía se convertía en Avenida de Rusia y se quemaban y destruían iglesias y conventos, en Burgos no se tiene noticia de que el retrato de Hitler o Mussolini presidieran el Cuartel General del Generalísimo, ni se adoptó la Cruz gamada, ni se persiguió a los judíos. Y es que, mientras la Unión Soviética envió a España más de 1.000 comisarios políticos que se integraron en las filas del ejercito republicano, Alemania e Italia se limitaron a ofrecer ayuda material y humana al bando nacional, por sus concomitancias anti comunistas, sin enviar comisarios a las filas de su ejército.

Con esto no quiero negar que en los dos bandos se cometieran injusticias, ni pretendo establecer ningún tipo de jerarquía moral entre los españoles que cayeron en diferentes trincheras. Pero me niego a situarme en la equidistancia entre los dos bandos contendientes. Yo tengo muy claro a cual de los dos me alistaría si España tuviera la desgracia de repetir su historia, y no me cabe duda de que la mencionada periodista tampoco se lo pensaría mucho, aunque ahora no se atreva a reconocerlo.

LFU

8 de octubre de 2007

¿Sabíais que....?


Mi hermana Reyes, la única que en casa trocó las leyes por la Historia, me ilustra con unos datos históricos verdaderamente interesantes sobre la Batalla de Lepanto cuyo aniversario celebramos ayer en plena era de la alianza de civilizaciones...

La festividad de Nuestra Señora del Rosario que ayer 7 de Octubre celebramos, es una ocasión de oro para recordar uno de los acontecimientos históricos más importantes de la Historia de España, gracias a la cual hoy honramos a esta preciosa advocación mariana. Y es que en el amanecer de tal día como ayer del año 1571, la Liga Cristiana dirigida por el joven generalísimo de los ejércitos, Don Juan de Austria (con tan solo 26 años), se enfrentaba a la flota turca anclada en el Golfo de Lepanto. Ante el decisivo encuentro bélico para toda la Cristiandad, el Papa Pio V, miembro de la orden de Santo Domingo, pidió encarecidamente el rezo del Santo Rosario, suplicando a la Virgen su auxilio ante el peligro infiel. A la vez Don Juan daba la señal de batalla enarbolando la bandera enviada por el Papa con la imagen de la Santa Cruz y el Santo Rosario. Conviene recordar que entonces los turcos poseían la flota mas poderosa del mundo, y que frente a los 300 galeones turcos, la flota cristiana luchaba con solo 101 naves, aunque magistralmente conducidas por los mejores hombres de la armada española e italiana Tanto Cataluña como Castilla brillaron con la actuación de los generales Requesens, Cardona, Gil de Andrade y Alvaro de Bazán entre otros.

Tras la Victoria militar de Lepanto, el Papa Pío V, agradecido con Nuestra Madre, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanías de la Santísima Virgen el título de "Auxilio de los Cristianos". Más adelante, el Papa Gregorio III cambió la fiesta a la de Nuestra Señora del Rosario.

Pero aparte de recordar la victoria militar de Lepanto con motivo de la festividad de la Virgen que la hizo posible, viene al caso recordar a algunos y dar a conocer a otros pocos, la milagrosa historia de la talla del Crucificado, donada por la ciudad de Barcelona, y que Don Juan de Austria fijó en el palo mayor de su nao. Pues según un relato piadoso, una bala de cañón llevaba dirección de impactar sobre él pero la figura, con milagro extraordinario, se ladeó ligeramente esquivando el proyectil, quedando la santa imagen con el escorzo que puede observarse en la imagen. Don Juan de Austria la devolvió a la Ciudad Condal, y desde entonces se venera en la Catedral de Barcelona como el Santo Cristo de Lepanto. Esta imagen es la de mayor devoción del templo y su capilla donde se realiza el culto ordinario. Así desde esta pequeña tribuna os invito a los que estéis o paséis por Barcelona para que no dejéis de visitarla y rezar ante ella uno de los misterios del Santo Rosario que hoy celebramos, para que Cataluña, que es España, resista y venza también bajo su amparo el envite del azote nacionalista.

5 de octubre de 2007

Apesta


La actuación de Garzón, una vez más, resulta inefable. Sus decisiones, lejos de estar amparadas por la búsqueda de la justicia y la defensa del imperio de la ley, desprenden un hedor insoportable a incienso monclovita. Constituyéndose en hermeneuta del artículo 3 del Código civil , ha decidido que "la realidad social del tiempo en que tienen que ser aplicadas"(las normas) es la que decida el Gobierno, en cada momento, en función de sus conveniencias políticas. Hace tan sólo unos meses justificó la vergonzante retirada de la acusación por parte de la fiscalía contra Otegui, alegando que había que tener en cuenta la realidad social -ya no del tiempo- sino del "momento". Ahora, cuando el "Gobierno de España" quiere ponerse a la cabeza de la manifestación contra ETA y su entorno, ha decidido encerrar a la mitad de los miembros de la mesa de HB, (que nadie entiende, por cierto, que lleven tanto tiempo en la calle). ¡Tiemble la Sala a la que corresponda juzgar el caso instruido por Garzón!
LFU

4 de octubre de 2007

España como nación


"Nosotros amamos a Cataluña por española, y porque amamos a Cataluña la queremos más española cada vez, como al País Vasco, como a las demás regiones. Simplemente por eso: porque nosotros entendemos que una nación no es meramente el atractivo de la tierra donde nacimos, no es esa emoción directa y sentimental que sentimos todos en la proximidad de nuestro terruño, sino que una nación es una unidad en lo universal, es el grado a que se remonta un pueblo cuando cumple un destino universal en la Historia. Por eso, porque España cumplió sus destinos universales cuando estuvieron juntos todos sus pueblos, porque España fue nación hacia fuera, que es como se es de veras nación, cuando los almirantes vascos recorrían los mares del mundo en las naves de Castilla, cuando los catalanes admirables conquistaban el Mediterráneo unidos en naves de Aragón, porque nosotros entendemos eso así, queremos que todos los pueblos de España sientan, no ya el patriotismo elemental con que nos tira la tierra, sino el patriotismo de la misión, el patriotismo de lo trascendental, el patriotismo de la gran España. "


José Antonio Primo de Rivera

1 de octubre de 2007

Un ejemplo de amor




Se llamaba Caroline Aigle. Era la primera mujer que consiguió ser piloto de caza de la Armada francesa. Llena de espíritu aventurero, se preparaba para ser también astronauta. Se había casado con un piloto; esperaban un hijo. Este pasado mes de julio, embarazada de cuatro meses, recibió una noticia espantosa: sufría un cáncer irreversible. Podía recibir un tratamiento para alargar su vida, pero eso mataría al bebé. Le aconsejaron abortar. Caroline, valiente, libró el mayor combate de su vida: rechazó el tratamiento para que su hijo pudiera nacer. Caroline murió el pasado mes de agosto; pocos días antes nacía su hijo, Gabriel. (Por cortesía de El Manifiesto)


¿Merecerá esta preciosa noticia algún segundo en los telediarios? ¿Alguna portada en los periódicos? Ejemplos como éste son los que hay que poner delante de sus narices a una juventud ayuna de referentes morales. Un ejemplo de entrega, de generosidad y de amor que debería llegar al más recóndito de los rincones de un mundo carcomido por el egoismo. Que Dios la colme de su Gloria.


LFU

28 de septiembre de 2007

Divide y vencerás



Tal debieron pensar los partidos nacionalistas al cerrar con un apretón de manos el Título VIII de la Constitución. Era cuestión de esperar y ver crecer a las nuevas generaciones educadas en el odio a España y a todo lo que representa. Y lo están consiguiendo. Una nación que no se preocupa de sí misma está condenada a la desaparición. Como en cualquier organismo vivo -y la Nación lo es- la dejación anticipa la debilidad y es entonces cuando no puede resistir el embite de cualquier agente hostil. La colosal miopía de los constituyentes, que no pensaron en las nefastas consecuencias que tendría el reparto de competencias entre Autonomías en una nación como España, sin un previo rearme moral que amortiguase las tendencias centrífugas, ha sido la causante de lo que estamos viviviendo treinta años después.

Y que nadie se engañe. Zapatero no es el verdadero culpable. No es más que un agente propicio, por la debilidad en la que ha dejado al Estado y a sus instituciones, para que se haga fuerte en nuestra nación el virus destructivo del nacionalismo. Y lo peor es que este virus, ya convertido en epidemia, está agarrándose a las raices de una España en la que muy pocos están dispuestos a partirse la cara por ella. Son muchos años los que la mayoría ha asistido indiferente al debilitamiento del sentido de la Nación española, con tal de gozar de un relativo bienestar econónico, por lo que resulta dudosa la legitimación de muchos para asombrarse de lo que estamos contemplando.

Los que ahora piden en el parlamento que se elimine el juramento a la bandera y la promesa de derramar hasta la última gota de nuestra sangre en defensa de la unidad e integridad de la Patria lo hacen con la chulería de quien sabe que esa ofensa le saldrá gratis. Son los mismos que queman nuestra bandera y los símbolos de nuestra nación ante la mirada indiferente de las fuerzas del orden. Los mismos que desde algunos diarios ofrecen fotografías del jefe del Estado para quemarlas. Saben de la extrema debilidad del Estado y se envalentonan porque no tienen nada ni a nadie que temer. Es la adrenalina del insulto cobarde sin respuesta.

Nadie puede imaginar hechos semejantes en naciones como Francia, Estados Unidos o Inglaterra. Allí no se juega gratis con los símbolos de la Nación. Y es que siempre habrá alguien que se ocupe de que la ofensa no quede sin castigo. Pues bien, para todos los españoles que han jurado la bandera y sienten el orgullo de España en sus venas, tal vez ha sonado la hora de plantar cara, en todos los frentes, a quienes están dispuestos a forzar su desaparición.

LFU

25 de septiembre de 2007

Azaña y Foxá


Sabido es que una de las enfermedades más comunes de los que forman nuestra clase política, derivada del virus de lo políticamente correcto y que afecta por igual a la izquierda y a la derecha, es la de citar con arrobo a Manuel Azaña, personaje nefasto para la historia de España al que la izquierda ha elevado a los altares con la tácita anuencia de una derecha acomplejada y con claros síntomas de alzheimer historiográfico. Claro que lo que más se cita de Azaña no es lo de "Ni heridos ni prisioneros, tiros a la barriga", "todas las iglesias de España no valen la vida de un republicano"o "España ha dejado de ser católica", sino aquello de las tres pes: Paz Piedad y Perdón, algo que está muy bien escribirlo cuando has perdido una guerra, pero que debiera haber escrito mucho antes, cuando las milicias del Frente Popular sembraban el terror delante de sus propias narices. Ayer, releyendo la magnífica novela de Agustín de Foxá, "Madrid de Corte a Checa", me detuve de nuevo en la genial y descarnada semblanza que el autor, inmisericorde, hace de Azaña, muy alejada de lo políticamente correcto, que es obligado transcribir, para compensar tanto botafumeiro:

"Tenía una cara ancha, exangüe, con tres verrugas en el carrillo, y unos lentes redondos, bajo las cejas alzadas. Vestía de oscuro. Hablaba frío, despectivo, extenso. Construía la frase literariamente salpicándola de cinismo, de ironía, de orgullo, porque quería "epatar", desconcertar, herir. Era árido y de metáforas apagadas. Se veía la carga enorme de rencor y desilusión, que era su motor y su fuerza. Era un lírico del odio, un polemista de la venganza.

Allí estaban de pie, detrás de él, sus largos años de humillación y de silencio. Hería su brazo porque había sido amansado demasiado tiempo por el manguito burocrático, y quemaba su lengua sometida a los humildes "un servidor" o "a las órdenes de su señoría" del registro de últimas voluntades.

Era el símbolo de los mediocres en la hora gloriosa de la revancha. Un mundo gris y rencoroso de pedagogos y funcionarios de Correos, de abogadetes y tertulianos mal vestidos, triunfaban con su exaltación. Era el vengador de los cocidos modestos y los pisos de cuarenta duros de los Gutiérrez y González anónimos, cargados de hijos y de envidia, paseando con sus mujeres gordas por el Parque del Oeste, de los boticarios que hablan de la Humanidad, con h mayúscula, de los cafés lóbregos, de los archivos sin luz, de los opositores sin novia, de los fracasados, de los jefes de negociado veraneantes en Cercedilla, de todo un mundo sin paisaje ni sport, que olía a brasero, a Heraldo de Madrid y a contrato de inquilinato."

LFU