2 de febrero de 2015

"Podemos" como síntoma.

Como a todo cuerpo enfermo, al sistema partitocrático de la segunda restauración le ha salido una pústula que, por un lado, muestra su propia fragilidad y, por otro, amenaza con su destrucción.

El sistema no ha soportado la prueba de una crisis económica profunda y prolongada. En la Alemania de entreguerras la terrible crisis alumbró un monstruo como el nazismo que vino a dar falsas esperanzas y sueños de grandeza a un pueblo sometido que vivía en una atmósfera irrespirable rodeada de miseria.  En España, el populismo de corte marxista de «Podemos» emerge con fuerza entre millones de mileuristas y cieneuristas que han visto como la crisis les dejaba sin trabajo, sin capacidad de hacer frente a sus deudas, desahuciados del hoy y del mañana, mientras asistían atónitos al imperio de la mentira y la corrupción generalizada en los partidos, sindicatos, cajas de ahorro y en la mayor parte de las instituciones del Estado. 

Resulta ingenuo no darse cuenta que el diagnóstico que hace «Podemos» de la realidad de nuestra nación es esencialmente correcto. Su percepción de la oligarquía financiera y partitocrática de estos años es, por desgracia, absolutamente certera y justa pues ha sobrado codicia y ha faltado ejemplaridad. Otra cosa son las fórmulas que propone, que son tan rancias o más que el sistema mismo, ancladas en un frentepopulismo marxista trasnochado y anclado en los postulados de la nefasta II República.

Ante la aparición de este síntoma de evidente agotamiento, ya no valen las formulas caducas y mucho menos la demonización del adversario. La apelación al voto del miedo es cortoplacista y peligrosa y centrarlo todo en la economía es de una ingenuidad mayúscula.   Si el sistema del 78 no afronta un cambio profundo que establezca cauces reales de representación que sustituyan a los aparatos de los partidos, que hurtando la soberanía al pueblo quitan y ponen a capricho parlamentos, gobiernos, miembros del consejo del poder judicial y tribunal constitucional, es muy probable que acabe siendo destruido por las fuerzas antisistema.

La única solución posible es ir hacia un sistema de circunscripciones en las que se asegure que cada representante responde ante su electorado y no ante su partido, hoy por hoy el único electorado que tienen los representantes. O el sistema barre y airea la casa o será inevitablemente barrido desde fuera.

O el sistema se reinventa totalmente y termina de una vez con la partitocracia,  o la partitocracia acabará con el sistema sustituyéndolo por algo mucho peor.


LFU

2 comentarios:

  1. Muy bueno Luis Felipe. Totalmente de acuerdo. Otra razón más para cambiar este sistema que venía mal de fábrica:

    Se han cargado o comprado la libertad de expresión y estos diagnósticos certeros que tu haces no se leen en los medios de comunicación, corrompidos por el poder.

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  2. Una idea-fuerza verdaderamente irreal y gratuita que -por inoportuna- prevaleció sobre el propio lema de aquella convención, no menos insolvente y presuntuoso: “España en la buena dirección”. Que España no estaba yendo precisamente en la buena dirección, y el estéril invento del “El PP o la nada”, quedaron en evidencia apenas dos meses más tarde, cuando más de un 16% de los votantes del PP en las elecciones europeas previas optaron por dejar en la estacada del 25-M a Rajoy y sus ‘marianitos’, y cuando más de 1.200.000 de los electores españoles (el 8% de los votantes) decidieron introducir a Podemos en la liza política por la puerta grande de las urnas, con cinco escaños y como cuarta fuerza política española entre las diez que lograron representación parlamentaria..............ETC.ETC.ETC

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