"Mi sueño es el de la patria, el pan y la justicia para todos los españoles, pero especialmente para los que no pueden congraciarse con la patria, porque carecen de pan y de justicia.". JOSÉ ANTONIO

24 de septiembre de 2015

¿Catalanizar España?

Dejo al margen la para mí disparatada decisión de que un ministro del gobierno de España se preste a debatir con el número 5 de una candidatura al parlamento autonómico que propugna la secesión de una parte de España. Si se sostiene que son unas elecciones autonómicas y que en ellas no se decide la soberanía, ¿a qué viene darle esta relevancia? ¿no se está entrando en el juego de los separatistas?

No vi el debate, pero sí alguno de sus cortes. Y una vez más Margallo nos regaló con una de sus píldoras de complejistina con las que trata de hacerse el simpático a quienes quieren robarnos la cartera a todos los españoles: “Hay que catalanizar a España”.

Cuando hablo con mi hija adolescente y tengo que decirle que no, no acostumbro a decirle después que pese a todo, su madre y yo debemos adolescentizarnos. Si lo hiciera, mi hija, que de tonta no tiene un pelo, captaría perfectamente el mensaje: ella lleva toda la razón, pero las cosas son como son. Una victoria moral.

Pues bien, la errática y suicida trayectoria del pueblo catalán en los últimos cuarenta años no es ni mucho menos como para alabar su sentido común. Teniendo la clase política catalana una evidente responsabilidad, no podemos olvidar que esa clase política ha sido elegida por sus conciudadanos, que han convivido sin inmutarse en una ciénaga de corrupción institucionalizada y con una estrategia creciente de discriminación étnica y lingüística –sí, lo que leen- propia de la Alemania de los años 30. 
Hace tan sólo unos días, un buen amigo catalán de más de 17 apellidos catalanes y sin embargo –o quizás por ello- español hasta la médula me decía con resignación “ya sólo falta, querido amigo, que nos pongan la estrella”.

Así pues, aquél seny que era señal de identidad de un pueblo próspero, abierto, emprendedor y cosmopolita como lo fue en un tiempo el pueblo catalán, ha sido arrumbado y sustituido por un aldeanismo excluyente y xenófobo que ha triunfado en la actual sociedad catalana, que avanza a marchas forzadas hacia el abismo frente a la cobardía y el silencio culpable de la mayoría.  Y los pocos que aún conservan aquél señero sentido común y se atreven a alzar su voz, son una minoría señalada y apestada que está a punto de ser desahuciada por española.

Nada de dorar la píldora a los canallas. El pueblo catalán de hoy –salvo muy contadas y honrosas excepciones- no tiene nada que enseñar al resto de los españoles. Más bien necesita -y merece- una buena cura de humildad que le redima de unos errores que ya nos están costando mucho a todos.


LFU

1 comentario:

marcre dijo...

El artículo en general es genial. No obstante, cada vez me cabrea más esta triste comparación entre estos exaltados separatistas con las nobles ideas de la Alemania de los años 30. Esta comparación es un sinsentido, por muchos motivos, empezando porque ya les gustaría a los separatistas tener ideal alguno que no fuera la destrucción, pero sobre todo porque los ideales de la Alemania de los años 30 eran de Unidad, primero, entre alemanes, y despúes, entre todos los europeos. Por eso mismo ya es una contradicción. Además, creo que no hace falta recordar lo bien que se llevan los sionistas con los separatistas. No hace falta decir nada más, sólo que debemos rezar para que este domingo la gente ponga cabeza antes de votar, o "seny" como decimos los catalanes. Un saludo.