"Mi sueño es el de la patria, el pan y la justicia para todos los españoles, pero especialmente para los que no pueden congraciarse con la patria, porque carecen de pan y de justicia.". JOSÉ ANTONIO

15 de abril de 2020

Escolios (VI)


Uno de los frutos amargos de la opulencia suele ser la esterilidad, fraterna hermana del egoísmo. En el siglo pasado en Occidente, en un momento de crecimiento y optimismo, la mentalidad anticonceptiva se abrió paso a partir de 1968. Un Papa, ese mismo año, advirtió, profético, de todas sus consecuencias al mundo entero. Demasiados dentro de su Iglesia desoyeron y desoyen, aún, con soberbia, sus enseñanzas. 52 años después, tanto las sociedades opulentas de todo el mundo como la Iglesia Católica junto con muchas otras iglesias cristianas, fueron transformadas por esa mentalidad. Los resultados: se enfrentan mal a su inevitable envejecimiento; asisten debilitadas a una pandemia que afecta más a sus ancianos; sus mensajes de apoyo espiritual de las Iglesias se diluyen en un maremágnum de mensajes bienintencionados. Es preciso recordar, ahora, que fruto indirecto y cuasi simultáneo de la píldora y la mentalidad anticonceptiva son las innumerables víctimas del aborto, siendo imposible deslindar este horror de esa mentalidad cuya tristeza casi nunca ha sido contada y cuya imposición blanda o imperativa casi nadie combate y que sigue perfilando una pendiente inclinada por la que transitan todas las sociedades opulentas sin excepción hasta su colapso o catársis.

                                                                                                                                       FUEYO


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