"Mi sueño es el de la patria, el pan y la justicia para todos los españoles, pero especialmente para los que no pueden congraciarse con la patria, porque carecen de pan y de justicia.". JOSÉ ANTONIO

8 de febrero de 2008

María Centenera

Se llamaba María y era mi amiga. Cuando murió, hace ahora un año, me prometí a mí mismo escribir sobre ella, pero no fui capaz entonces de enhebrar algo digno de su memoria. Tenía por tanto una deuda pendiente conmigo mismo, que me he propuesto saldar ya, de forma definitiva.

La conocí hace dieciséis años, cuando iniciaba yo mi andadura profesional como abogado. Entonces yo lo tenía todo por aprender y ella fue la destinataria de mis más peregrinas preguntas, propias de un bisoño pasante en el despacho. Muy pronto se estableció entre nosotros un clima de confianza y de confidencia, que sólo la muerte pudo interrumpir.

Siempre admiré en ella su fuerte personalidad, su claridad de ideas y su buen humor. Atesoraba un sentido común fuera de lo habitual y siempre estaba disponible para escuchar. En ella encontré consuelo y comprensión en momentos de zozobra y buenos consejos en mis inquietudes. Pero fue su enorme fortaleza ante el descubrimiento de su fatal enfermedad y la increíble entereza con la que afrontó su penosa evolución lo que hizo que mi admiración por María se elevase a lo infinito.

María nos dio a todos los que la conocimos una enorme e impagable lección de fe y de esperanza ante la adversidad. Durante los tres años que duró su calvario, jamás se borró la sonrisa de su rostro y no hubo asomo de tristeza en su mirada. Recuerdo que sonreía irónica ante su mala fortuna, pero jamás la escuché quejarse, a pesar de los muchos sufrimientos y frustraciones que tuvo que padecer. Nunca pudimos tratarla ni verla como a una enferma, tal vez porque nos parecía imposible que su enorme vitalidad no fuese capaz de vencer a la enfermedad.

Cuando fue consciente de lo inevitable –y me consta que lo fue muy pronto-, puso su corazón y su fuerza en vivir intensamente cada día que Dios le pudiera conceder, como un precioso regalo que sabía que no podía desperdiciar en lamentos inútiles. Estoy seguro de que Dios le dio Su divino aliento para llenar de amor y alegría a Antxón, a Maite, a Luis y a Iñaki, a su familia y a todos los que la sentíamos como algo nuestro, hasta el día en que quiso llevarla con Él.

Recuerdo que un día me dijo que su enfermedad le había enseñado a comprender la absurda esterilidad de las discusiones domésticas y la importancia y fecundidad de vivir cada día como si fuese el último. Conservo como un tesoro un correo electrónico que, según me dijo, había recibido de esos muchos que circulan por la red, y que viene a resumir de forma certera, en sus tres últimos párrafos, toda una lección de vida que ella supo hacer suya con los demás:

Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma. Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más. Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente. Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría "te quiero" y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.

Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.

El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas.”

Estoy seguro que, desde el cielo, María sabrá perdonarme la escasa calidad literaria de unas líneas escritas, con algo de retraso, desde lo más profundo del corazón.

LFU

6 de febrero de 2008

Cara al sol



Somos legión los que lo hemos entonado, con emoción, desde hace setenta y dos años, pero pocos los que conocen la historia de los orígenes del himno de la Falange, que tomaría el nombre del principio de la primera estrofa: "Cara al Sol".

Su letra, que nos habla de amor y de guerra; de rosas, primaveras y amaneceres, fue un primer reflejo de la "poesía que promete" de la que hablaba José Antonio en su limpio, fresco y emocionante discurso del Teatro de la Comedia, que venía a servir de contrapunto a la áspera dureza de los himnos y canciones de sus adversarios.

La necesidad de contar con un himno propio rondaba la mente de José Antonio desde poco después de la fundación de la Falange. Pero la primera referencia a su imperiosa necesidad la encontramos a la salida de un multitudinario mitin en el Cine Madrid, que tuvo lugar el 17 de noviembre de 1935, al que habían acudido 12.000 falangistas, cuando Francisco Bravo, jefe de la falange salmantina, comentó con José Antonio la necesidad de contar con un himno para poder cantarlo al final de los actos del movimiento.

Pocas semanas después, el 2 de diciembre de 1935, tras asistir al estreno en el cine de la película francesa "La bandera" protagonizada por Jean Gabin y que ensalzaba los valores de la Legión Española, se reunieron en casa de Marichu de la Mora José Antonio, Rafael Sánchez Mazas, Dionisio Ridruejo y José María Alfaro. Al término de dicha reunión, José Antonio comentó a los demás que al día siguiente los esperaba en la Cueva del "Or kompon" para redactar la letra del himno de la Falange, cuya música había compuesto el maestro vasco Juan Tellería con el título de "Amanecer". "Si falta alguno –dijo socarrón a los reunidos- mandaré que se le administre ricino."

Or Kompon era un restaurante vasco que estaba en la calle de Miguel Moya en Madrid que Foxá describe así en "Madrid de Corte a Checa": "era una especie de cueva vasca, con acuarelas de Guipúzcoa en los zócalos. Carros de bueyes rojos, con la lana sobre el testuz, caseros de boina, frontones, maizales y curas con paraguas, bajo los cielos plomizos de Loyola".

Al día siguiente, se reunieron en el restaurante José María Alfaro, Agustín de Foxá, Pedro Mourlane Michelena, Dionisio Ridruejo, Agustín Aznar, Rafael Sánchez Mazas, el Marqués de Bolarque y José Antonio, en unión del Maestro Tellería. A la puerta del local quedaron montando guardia, Luis Aguilar y Agustín Aznar, Jefe de Milicias de la Falange, según Foxá, para que no saliese ninguno hasta que el himno estuviese terminado.

Tellería se puso al piano e interpretó la música que había compuesto para servir de inspiración al plantel de poetas reunido en torno de la mesa. José Antonio dio la pauta de lo que quería: "Tiene que ser un himno sencillo. Una canción alegre, exenta de odio, pero a la vez de guerra y de amor. En la primera parte debe hablarse de la novia, después de decir que no importa la muerte, haciendo alusión a la Guardia eterna de las estrellas, y luego algo sobre la Victoria y la Paz.". José Antonio leyó los versos que traía compuestos:

"Traerán prendidas cinco rosas, las flechas de mi haz".

Foxá, José Antonio y Alfaro redactaron la primera estrofa


Cara al sol, con la camisa nueva
que tú bordaste en rojo ayer
me hallará la muerte si me lleva
y no te vuelvo a ver.

Foxá se ocupó igualmente de la segunda estrofa que no quedaría como la conocemos hasta el día siguiente.

"Formaré junto a los compañeros
que hacen guardia sobre los luceros
impasible el ademán
y están presentes en nuestro afán."

José Antonio añadió tres versos para enlazar con la tercera estrofa:


"Si te dicen que caí
me fui
al puesto que tengo allí".

Ridruejo escribió los dos primeros versos de la cuarta, en la que el adjetivo que acompañaba al "paso" fue primero "fuerte", después "recio" y finalmente, "alegre"

"Volverán banderas victoriosas
al paso alegre de la paz"


y José Antonio, los dos segundos, que traía escritos.

"Y traerán prendidas cinco rosas
Las flechas de mi haz".


La última estrofa fue obra de Alfaro:

"Volverá a reír la primavera",


Pedro Mourlane:

"que por cielo, tierra y mar se espera"
y, nuevamente, Alfaro

"¡Arriba escuadras a vencer!
que en España empieza a amanecer".


Cuenta Foxá que, a propuesta de Bolarque, se reunieron todos en torno al piano para entonarlo por vez primera:

"Sonaron los primeros compases. Comenzaron a cantar. La música se hacía densa: eran voces juveniles que invocaban la muerte y la victoria. Se ponían firmes inconscientemente, levantaban el brazo. Y era que estaba allí el himno, arrebatándoles, sorprendiéndoles a ellos mismos, vivo ya, independiente, desgajado de sus autores.

En los ojos de José Antonio brillaba una luz de entusiasmo velada por una ligera tristeza. Le parecía escuchar en la cercana calleja las pisadas rítmicas de sus camaradas que marchaban hacia un frente desconocido, y que penetraba por la ventana el aire frío de las batallas y de las banderas: Y se imaginó a sus mejores pronunciando, moribundos en la tierra, en el mar y en el aire, aquellas palabras que hacía unos minutos, sobre el papel, no eran nada y que ya no pertenecían a los poetas."


Gracias al camarada Francisco Valencoso López, a quien José Antonio regaló el manuscrito del himno tras acompañarle con su clarinete, sabemos que el Cara al Sol sería entonado por primera vez ante un público reducido en el parador llamado del Zurdo, en el pueblo conquense de Quintanar del Rey el 29 de diciembre de 1935, a la salida de un mitin celebrado en el Teatro Cervantes de dicha localidad:

"De pronto, José Antonio, al que se notaba muy contento sin duda por el feliz desarrollo del acto, preguntó de repente: ¿no hay un músico entre vosotros".

Yo, como verdaderamente lo era, aunque aficionado, contesté: Yo toco un poco el clarinete. Magnífico –dijo él- tráelo enseguida. Mandé a mi primo a mi casa a por el instrumento y al volver y dármelo, José Antonio dijo: "Os voy a enseñar una canción de amor y guerra que hace unos días hemos hecho en Madrid. Por cierto que no se ha cantado aún en ningún acto."

Habría que esperar al 2 de febrero de 1936 para que el Cara al Sol fuese cantado por miles de voces por vez primera, en el mitin del Cine Europa de Madrid.

Desde entonces, millones de gargantas han vibrado con sus notas, con el brazo en alto y la mano abierta a la esperanza de un nuevo amanecer de España.

Escuchemoslo, una vez más: http://es.youtube.com/watch?v=SQcSTGz3XyY

LFU

4 de febrero de 2008

El PSOE contra la Iglesia. El Islam con el PSOE


Parece que no aprenden. Aunque la confrontación con la Iglesia pueda dar a la izquierda réditos a corto plazo, la historia nos enseña que, a largo plazo, el ataque a la Iglesia se vuelve contra sus promotores e instigadores como un certero bumerán. ZP está empeñado en retrotraer a la sociedad española a los años 30 y lo está consiguiendo en todos los órdenes.

La Iglesia española, en su último documento, ha establecido determinadas directrices morales para orientar el sentido del voto. No pide el voto para ningún partido -como victimistamente pretende el PSOE- , pero recomienda que no se vote a opciones que contemplen y amparen en su programa temas como el aborto, la ley del divorcio sin causa o el matrimonio homosexual, en los que, por cierto, la postura del PP no es ni mucho menos clara: “Es preciso afrontar - señala el Papa - con determinación y claridad de propósitos, el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, y a la promoción de la familia fundada en el matrimonio, evitando introducir en el ordenamiento público otras formas de unión que contribuirían a desestabilizarla, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible función social” (n. 56). La legislación debe proteger al matrimonio, empezando por reconocerlo en su ser propio y específico"

Guerra amenaza con denunciar los acuerdos con la Santa Sede; Pepiño acusa a la Iglesia de integrista y amenaza chulesco con un antes y un después del 9 de marzo; el gobierno amenaza con más y mejor aborto, y además por Real Decreto, algo que repugna no ya moralmente sino desde el punto de vista constitucional. Esto es, vamos a darle a la Iglesia en el trasero de los embriones, para que los puedan matar más y mejor y así rabien los curas.

En auxilio del Gobierno salen los de siempre, entre ellos, los paniaguados de la Industria subvencionada del Cine, incapaces de subsistir sin el dinero de todos, que no tienen otra ocrrencia que solicitar unos y aplaudir losdemás, la "disolución" de la Conferencia Episcopal. Pero no contábamos con Mansur Escudero, quien en nombre de la Junta Islámica, se ha descolgado pidiendo el voto de los musulmanes para el PSOE, lo que no deja de ser una sarcástica paradoja, teniendo en cuenta el papel que desempeña la mujer en el mundo islámico, en ocasiones peor tratada que un animal, y la consideración penal que merece el adulterio en los países islámicos, en alguno de ellos castigado con la muerte por lapidación pública.

En los años 30 la izquierda impulsó, alentó y promovió activamente la persecución a la Iglesia. El resultado fue enormemente fecundo para la Iglesia, que se nutrió espiritualmente con la sangre de los más de 7.500 religiosos asesinados en toda España y muy frustrante para la izquierda, que vio cómo mientras en sus filas resultaba imposible mantener el orden y la unidad, la perseguida religión fue la amalgama que consiguió que falangistas, requetés, monárquicos y conservadores, olvidasen sus diferencias para combatir en nombre de Dios y de España y luchasen codo a codo para alcanzar la victoria final.

Setenta años después, el ignorante y rencoroso Zapatero se dispone a repetir los errores de sus antepasados, a los que está deseoso de emular. No le arriendo la ganancia. Al final, aunque sea para algunos demasiado tarde, lo acabará pagando con creces.

LFU

30 de enero de 2008

El Ministro de Justicia con los verdugos

Ha pasado casi desapercibida la reunión, con luz y taquígrafos, mantenida por el Ministro de Justicia con los responsables de los abortorios que están siendo objeto de una investigación judicial relacionada con la comisión de diversos delito de aborto. Es un verdadero escándalo que estando abiertas unas diligencias judiciales, nada menos que el Ministro de Justicia se posicione públicamente en favor de los presuntos delincuentes y, no contento con ello, advierta en tono amenazante -secundado por el Ministerio fiscal- que no tolerará intromisión alguna en la intimidad de las mujeres que han abortado en dichas clínicas, ya sea legal o ilegalmente, en alusión directa al Juez que ha llamado a declarar como testigos a diversas mujeres que abortaron en dichos centros.

No existen precedentes en la historia de España de un hecho de tanta gravedad perpetrado por un Ministro de Justicia español, despreciando no sólo la acción de la Justicia y la división de poderes, sino ciscándose directamente en el Código penal vigente.

Hasta esta misma mañana, el aborto sigue siendo un delito en España (artículo 144 y siguientes del Código penal) y que sólo en ciertos supuestos contemplados por la ley está despenalizado, lo que no convierte su práctica en tales casos en un derecho merecedor de protección alguna.

Pues bien, ¿qué va hacer Fernandez Bermejo y la fiscalía si al final resultan condenados los responsables de los abortorios? ¿qué si condenan a las mujeres que asesinaron a sus fetos de siete meses?. ¿Va a garantizar su derecho a la intimidad?. ¿va a aplicar medidas disciplinarias contra el juez?

Esto es una verdadera vergüenza. Y más vergüenza me da que la prensa nacional no haya reaccionado de manera más contundente contra uno de los atentados más graves contra el Estado de derecho que ha cometido un gobierno presuntamente democrático.

LFU

28 de enero de 2008

Desilusión

Cada vez tengo más claro que Rajoy no es el hombre que España necesita para salir de la postración e inseguridad en la que la está sumiendo ZP. Su lamentable actuación en relación con la elaboración de las listas de Madrid, en la que se ha visto incapaz de soportar las presiones del aparato del partido, provocando una escena ridícula, innecesaria y extemporánea en época preelectoral, se suma a sus explicaciones posteriores directas e indirectas que son todo un insulto a la inteligencia de los españoles y que demuestran que le preocupa mucho más que no le muevan de su silla que servir a España desde donde sea.

Rajoy ha perdido una oportunidad de oro para conformar en torno suyo una mayoría social capaz de derribar al imperio de la mediocridad que representan Zapatero y su gobierno. En lugar de convocar a todos, sin exclusión de credos ni ideologías, a una ilusionante tarea de reconstrucción nacional, de recuperación del sentido nacional, de los valores y de la seriedad en el servicio público, ha preferido, con tal de tener la fiesta en paz en su casa, encerrarse en el caparazón de su partido pariendo unas listas que lo son todo menos algo ilusionante: Trillo, Zaplana y Acebes, estrellas rutilantes de un pasado de derrota, con la inestimable colaboración de Esperanza Aguirre, han confeccionado unas listas para meter cada uno a los suyos a costa de lo que sea, y así sale lo que sale. Por ejemplo, la mano derecha de Acebes, Cayetana Álvarez de Toledo, discípula de Pedro jota y Federico Jiménez Losantos, cuyos méritos políticos (¿cuantos años lleva en el PP, dos o uno?) brillan por su ausencia, cuya pedantería en las tertulias y en sus artículos, supera lo inadmisible y a la que, por cierto, a esta chica alguien debería explicarle que no se puede comparar a Franco con Videla, ni con Stroessner, ni con Hitler. ¡Algo más de seriedad, que encima me están pidiendo el voto!

Esto es lo que les importa España. Han hecho unas listas para su autocomplacencia, pero no para ganar y mucho menos para ilusionar y terminarán perdiendo ante los inagotables, a los que se lo están poniendo como a Fernando VII.

LFU

25 de enero de 2008

Recortes (I). La Vegetación del Páramo

Mi nada despreciable colección de recortes de prensa me permite salvar la falta de tiempo para cumplir mi propósito de escribir al menos, dos entradas semanales. En esta ocasión, he escogido dos magníficos artículos de Julián Marías, por cierto, nada sospechoso de tener apego alguno al régimen anterior.

El primero "¿Por qué mienten?" publicado en ABC el 16 de enero de 1997 es tan sólo un recordatorio del segundo "La Vegetación del Páramo" publicado en "La Vanguardia Española" (actualmente "La Vanguardia" a secas) el 19 de noviembre de 1976, cuando ya apuntaban maneras los muñidores de la falsificación de la historia, pretendiendo borrar de la memoria de los españoles unos años de gran fecundidad en el mundo cultural.

LFU

¿POR QUÉ MIENTEN?

Reconozco que tengo una aguda sensibilidad para la mentira. La verdad me importa hasta tal grado, que la mentira me deprime y entristece. Por desgracia, su frecuencia es inquietante, y en personas individuales o grupos ha adquirido un carácter que se podría llamar "profesional": se puede contar con la mentira con la seguridad de que no falte.

La historia es objeto preferente de esa operación, lo que resulta fatigoso y encierra quizá los peligros más graves que nos amenazan. Todo lo que se haga para establecer –o restablecer– la verdad histórica me parece tan precioso como necesario. Pero, aunque existen, se cuentan con los dedos los que se entregan a fondo a esa urgente tarea.

La voluntad de mentir se concentra especialmente en la presentación del pasado cercano y del presente, sobre todo en sus dimensiones intelectuales, culturales en general. Casi todo el mundo considera necesario decir que España, durante cerca de medio siglo –o más– ha sido un desierto, y se ha acuñado la expresión "páramo cultural".

Hace veinte años escribí un largo artículo titulado "La vegetación del páramo" (recogido luego en mi libro "La devolución de España", 1977). En él consideraba la actividad cultural en España entre 1941, fecha en que se reanudó tras la guerra Civil, y 1955, en que murió Ortega. Era un recuento fragmentario, sin rebuscas ni propósito exhaustivo, de lo que se había hecho, en medio de grandes dificultades, en esos quince años. Resultaba una larguísima lista, impresionante, de "libros libres", fruto de vocaciones admirables; se veía la continuidad, no interrumpida, de los autores existentes antes del feroz corte de la guerra, y la aparición de promociones nuevas, de sorprendente fecundidad, y en la mayoría de los casos, capaces de innovación e independencia. La vegetación del páramo, concluía yo, es bastante frondosa.

Baroja decía con humor que los españoles discuten sobre cuestiones de hecho. Muchos hacen ahora algo mejor: ni siquiera discuten, sino que hacen caso omiso de los hechos. Al cabo de tantos años, casi nadie ha leído el artículo, ni siquiera en el libro, agotado hace mucho tiempo. Y el hecho es que, con raras excepciones, cada vez que se habla de lo que ha sido la realidad cultural de España después de la guerra civil, se acumulan las mentiras más evidentes, más contrarias a la irrefragable realidad.

Lo más curioso es que a veces las cometen los que dieron frondosidad a la vegetación del páramo, los que con su propia obra desmienten lo que dicen. Hay gran número de autores que surgieron precisamente en aquel tiempo, que florecieron y alcanzaron fama, que contribuyeron a que, a pesar de tantos pesares, España fuese habitable, esperanzadora, interesante, en muy alta proporción creadora.
¿Por qué lo hacen? Tengo una irrefrenable propensión a intentar entender. Hay que distinguir de edades o generaciones. Los jóvenes –y en esta categoría, para estos efectos, son los que no han llegado a los cincuenta años– mienten, diríamos, en nombre de otros. Su motivo principal es la ignorancia: no saben nada, aceptan pasivamente lo que les han dicho y lo repiten como cosa propia.
Hay un curioso grupo, formado por los que empezaron a actuar hacia 1956 –fecha muy significativa–. Tuvieron, ya desde entonces, la voluntad de dar por nulo todo lo que se había hecho antes –es decir, todo lo que se enumeraba en el artículo de que hablo–, para dar la impresión de que con ellos, y sólo con ellos, se iniciaba una resistencia a las presiones oficiales y un intento de independencia.

Finalmente, los decididamente mayores, los que vivieron y escribieron en ese ya lejano periodo, con frecuencia se pliegan a las presiones dominantes, temen ser acusados de complacencia con ellas si afirman y valoran lo que muchos hicieron precisamente para no aceptarlas, pagando por ello el precio necesario. Algunos tuvieron en efecto esa complacencia para buscar una vida más fácil, lo que al fin y al cabo es humano; otros no. Todos contribuyeron a que no se rompiera la continuidad de una cultura que data ya de un siglo largo –y me refiero a la que es "actual", no a la dilatadísima que constituye el patrimonio milenario de todos los que hablan español a ambos lados del Atlántico–.

En España, desde hace veinte años, han sucedido muchas cosas, buenas y malas, con evidente predominio de las buenas. Sobre todo, el incremento de la libertad, cuyos retrocesos no han sido tan profundos que hayan impedido su posible recuperación. Lo que sigue faltando, y me preocupa extraordinariamente, es el triunfo de la veracidad. La verdad fue, como en todas las guerras, la primera víctima en 1936. Una crisis previa de la veracidad fue la causa últimamente decisiva de la discordia que llevó a la guerra civil; se buscan las causas de su origen, y rarísima vez se piensa en esta.

La verdad fue evitada, perseguida durante los decenios siguientes, por el partidismo, la obsesiva politización de los que mantenían su versión interesada de las cosas y los que aspiraban a sustituirla por otra opuesta pero igualmente tendenciosa y deformadora.

Esto es comprensible, pero ¿lo es la perduración de tales actitudes cuando se ha cancelado lo que de siniestro ha tenido una larga época, cuando se puede decir la verdad? Es gravísimo que no se haga, que no se quiera usar la libertad para lo que debe ser su finalidad primaria.

No se abrirá de verdad el horizonte de España mientras no haya una decisión de establecer el imperio de la veracidad, la exclusión de la mentira. Esto, claro es, en todos los órdenes; me estoy refiriendo particularmente a la vida intelectual, porque es lo que conozco mejor y porque es algo "notorio", controlable, que consta y en buena media queda.

Creo que mentir descalifica al que lo hace, y debe tener la consecuencia inmediata de su desprestigio. Cuando alguien lo hace, los que lo saben deben tomar nota y obrar en consecuencia. Hay que tener en claro a quién se puede estimar, en quién se puede confiar. No es infrecuente el caso de quienes, en cierto momento de su vida, han cedido a las tentaciones dominantes y han renunciado a decir la verdad; ese día han perdido su condición de intelectuales y se han convertido en "militantes" de lo que sea. La proporción es variable según las edades y las regiones españolas, pero el peligro es muy amplio.

Con diversos pretextos, hay gentes dedicadas a lo que llamo la "calumnia de España". Ningún pretexto me parece aceptable para ello; no sólo en nombre de España, sino, todavía antes, en nombre de la verdad.

Julián Marías



LA VEGETACIÓN DEL PÁRAMO

«Se trata –no hay que decirlo- del famoso “páramo cultural” español de los últimos decenios. La imagen ha sido moneda corriente desde poco después de la guerra civil. Primero circuló fuera de España; se suponía que en ella no quedaban más que “curas y militares”, y ni rastro de vida intelectual, refugiada en la emigración. La propaganda oficial, mientras tanto, afirmaba que se había eliminado –hacia el cementerio, la emigración, la prisión o el silencio- la escoria “demoliberal”, y se había restablecido el esplendor “imperial” de España, ejemplificado en nombres de los que hace mucho tiempo nadie se acuerda, y que no es piadoso recordar.

Hace mucho tiempo que quedaron atrás, desmentidas por los hechos, las dos versiones, si se quiere, las dos caras de la moneda falsa, de curso “legal” cada una de ellas en campos acotados y para propósitos muy definidos. Sin embargo, ahora reverdece la primera, destinada primariamente al consumo de los jóvenes nacidos a la vida histórica hace poco tiempo, un decenio o dos a lo sumo, que tienen más presente la imagen de los últimos años y confunden los tiempos que no han vivido.

¿Cómo es posible que pueda usarse –y prosperar- la imagen del “páramo”? Los jóvenes tienen ante los ojos, sobre todo, las instituciones en las cuales estudian, a las cuales tienen acceso; y se podría hablar, en efecto, de un páramo institucional desde que la guerra arrasó las Universidades, el Centro de Estudios Históricos, la Institución Libre de Enseñanza, la Residencia de Estudiantes y la de Señoritas, y en muy buena medida las Academias. Se les ha dicho además, incansablemente, que no han tenido maestros -lo cual ha contribuido tanto a que no los tengan aunque los haya, a que renuncien a ellos y no los hagan suyos-. Se ha tratado de inculcar en sus mentes la idea de que sólo en los últimos años –a lo sumo desde 1956- ha habido intentos de resistencia a la falta de libertad, de afirmación de las opiniones discrepantes, de ejercicio de la inteligencia. Es decir, hasta que han empezado a hacer algo los interesados en difundir esa imagen. Todo lo anterior –y, en definitiva, todo durante cuarenta años- ha sido el páramo intelectual de España.

La verdad ha sido muy distinta. En La España real he escrito: “La libertad empezó a germinar y brotar, como brota la hierba en los tejados y en las junturas de las losas de piedra. Sería apasionante y conmovedor una historia fina y veraz del tímido, vacilante, inseguro renacimiento de la libertad en España”. No puedo hacerlo aquí –lo he hecho parcialmente, en otros lugares, desde hace un cuarto de siglo, por ejemplo en El intelectual y su mundo, 1956, publicado en Buenos Aires, prohibido muchos años en España: en Los Españoles; en El oficio del pensamiento; en Innovación y arcaísmo-; voy a limitarme a recordar algunos hechos, algunos datos, todos ellos anteriores a la muerte de Ortega a fines de 1955, es decir, en el apogeo del supuesto “páramo”.

La guerra civil –en ambas zonas- significó la ruptura de la continuidad, la casi total extinción de la vida intelectual, el dominio de la propaganda, la persecución de la verdad, el triunfo del partidismo. Sin embargo, en la zona republicana, en Valencia y luego en Barcelona, se publicó la revista mensual Hora de España, que mantuvo un decoro intelectual y literario, sorprendente en medio de una feroz discordia civil. La noble pluma de Antonio Machado honraba todos los números de la revista, y a su sombra colaboramos muchos que no hemos tenido nunca que avergonzarnos ni arrepentirnos de lo que allí escribimos. No sé si en la otra zona hubo algo comparable –no ha llegado a mí la noticia-, pero hay que hacer constar que, terminada la guerra, desde 1940 y durante los dos años de dirección de Dionisio Ridruejo y Pedro Laín Entralgo, Escorial significó un esfuerzo de reanudación de la convivencia intelectual y de los derechos de su ejercicio. Y, en forma ya más independiente, no se olvide lo que fue Leonardo en Barcelona, y desde 1946 Ínsula en Madrid (puede repasarse el índice de esta revista que hace unos veinte años compuso Consuelo Berges, y que no puedo ver sin admiración y una nostálgica melancolía).

Tres son los elementos que pueden distinguirse en los años posteriores a la guerra:

1) La exclusión de los disidentes por el Estado y las fuerzas políticas que lo respaldaban, su recuperación por el resto de la sociedad.
2) La reanudación de la continuidad intelectual por parte de los grandes escritores.
3) La aparición de otros nuevos, de las generaciones posteriores a la guerra.

Tan pronto como fue posible, quiero decir desde el término de la Guerra Mundial, que había impuesto un casi absoluto aislamiento, se empezó a hablar de los escritores emigrados. Mientras la censura proscribía sus obras y hasta se tachaba con indeleble tinta negra su nombre al frente de la edición de un clásico, Ínsula fue el órgano principal de su difusión y comentario. En el Diccionario de Literatura Española de la Revista de Occidente (1949) hablé de Alberti, García Lorca, Salinas, Guillén, Antonio Machado, Azaña, Gómez de la Serna, Casona, José Gaos, y allí aparecían igualmente otros muchos, sin otro criterio que la calidad y la información disponible.

Los grandes autores de la generación del 98, de las dos siguientes, empezaron muy pronto a escribir, y una parte esencial de su obra corresponde a los años que estoy recordando. Menéndez Pidal publica Los españoles en la Historia y Los españoles en la literatura –tan independientes, tan contracorriente, que tanto rencor oficial provocaron-: Reliquias de la poesía épica española, Romancero hispánico, El Imperio Español y los cinco reinos, innumerables estudios lingüísticos, literarios e históricos. Azorín, Españoles en París, Pensando en España, los dos prodigiosos libros Valencia y Madrid, novelas como El enfermo, La isla sin aurora, María Fontán, Salvadora de Olbena; cuentos como Cavilar y contar, ensayos y memorias como París, Memorias inmemoriales, Con permiso de los cervantistas, Con Cervantes, El cine y el momento. Baroja en los mismos años publica sus memorias, Desde la última vuelta del camino, Canciones del suburbio, El cantor vagabundo... Los títulos de Ortega se suceden: Historia como sistema, Ideas y creencias, Teoría de Andalucía, Estudios sobre el amor, los prólogos a Bréhier y Ybes, a Alonso de Contreras y El collar de la Paloma, Papeles sobre Velázquez y Goya... Zubiri publica Naturaleza, Historia, Dios; Morente, Lecciones preliminares de filosofía y Ensayos; Dámaso Alonso, La poesía de San Juan de la Cruz, Ensayos sobre poesía española, Vida y obra de Medrano, Poesía española, y nada menos que los libros de poesía original Oscura noticia, Hijos de la ira y Hombre y Dios. García Gómez, después de las Qasidas de Andalucía, Silla del Moro y Nuevas escenas andaluzas, la traducción de El collar de la paloma.Vicente Aleixandre, nada menos que Sombra del Paraíso; y por si fuera poco, Mundo a solas, Poemas paradisiacos, Nacimiento último, Historia del corazón. Miguel Mihura estrena en colaboración Ni pobre ni rico sino todo lo contrario y El caso de la mujer asesinadita, y solo Tres sombreros de copa, El caso de la señora estupenda, Una mujer cualquiera, ¡Sublime decisión!, etc. José López Rubio, Alberto, Celos del aire, La venda en los ojos, La otra orilla. Fernando Vela publica El grano de pimienta, Circunstancias, Los Estados Unidos entran en la historia. Marañón da una larga serie de libros admirables: Ensayos liberales, Crítica de la medicina dogmática, Luis Vives, Españoles fuera de España, Antonio Pérez, Elogio y nostalgia de Toledo. ¿Quién ha podido romper la continuidad de la cultura española del siglo XX, más fuerte que el partidismo, la violencia y el espíritu de negación?

¿Y los nuevos? Quiero decir los escritores apenas conocidos o desconocidos enteramente, que hacen la mayor parte de su obra después de la guerra civil. Aparte de algunos libros promovidos por la guerra misma, poesía o narraciones de Miguel Hernández, Herrera Petere, Rafael Alberti, Agustín de Foxá, Dionisio Ridruejo y otros a ambos lados de las trincheras, hasta 1941 no empieza ese nuevo brote de pensamiento, narración o poesía.

Casi toda la obra poética de Gabriel Celaya es de ese período: Tentativas, Movimientos elementales, Objetos poéticos, Las cosas como son, Las cartas boca arriba, Paz y concierto, Vía muerta, Cantos iberos. Casi lo mismo podría decirse de Luis Rosales: después de Abril, anterior a la guerra, Retablo sacro del Nacimiento del Señor, La casa encendida, Rimas. De Dionisio Ridruejo son Primer libro de amor, Fábula de la doncella y el río, Sonetos a la piedra, Poesía en armas, En la soledad del tiempo. La obra de Leopoldo Panero, José Luis Hidalgo, Carlos Bousoño, Eugenio de Nora, Blas de Otero, se condensa o al menos se inicia y madura en estos años.
Zunzunegui, anterior a la guerra, publica con fecundidad tras ella: ¡Ay..., estos hijos!, La quiebra, La úlcera, Las ratas del barco, Esta oscura desbandada. Pero es Camilo José Cela el que inicia la novela de su generación, a fines de 1942: La familia de Pascual Duarte; y luego, Pabellón de reposo, Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes, La colmena, Viaje a la Alcarria y tantas invenciones más. Y tras él Ignacio Agustí con Mariona Rebull y El viudo Rius, Carmen Laforet con Nada, Gironella con La marea y Los cipreses creen en Dios, Miguel Delibes con La sombra del ciprés es alargada, Aún es de día, El camino, Mi idolatrado hijo Sisí, Diario de un cazador. Todavía en ese plazo empiezan a aparecer cuentos de Ignacio Aldecoa y su novela El fulgor y la sangre y Congreso en Estocolmo, del economista y novelista José Luis Sampedro, y Gonzalo Torrente, y el comienzo de la obra teatral de Buero Vallejo, desde Historia de una escalera hasta Irene o el tesoro.

¿Cómo olvidar la obra ingente de Pedro Laín Entralgo, autor caudaloso y profundo a un tiempo? Medicina e historia, Menéndez Pelayo, Las generaciones en la historia, La generación del 98, España como problema, La historia clínica, Palabras menores, La espera y la esperanza, son sólo unos cuantos de sus libros de quince años. Y, aunque con obra iniciada unos años antes, Enrique Lafuente Ferrari da en éstos mismos lustros obras capitales: Velázquez, Vázquez Díaz, Zuloaga, la expansión y maduración de su Breve historia de la pintura española, el libro esencial sobre el tema. ¿Y los innumerables libros de Camón, Juan Antonio Gaya Nuño, Sánchez Cantón, Angulo, María Luisa Caturla, María Elena Gómez Moreno? Añádase la obra de Fernando Chueca, desde Invariantes castizos de la arquitectura española hasta Nueva York: forma y sociedad, El semblante de Madrid o La arquitectura del siglo XVI, los estudios de geografía social de Manuel de Terán, los ensayos de patología psicosomática y psicología de Juan Rof Carballo, y tantas obras originales. Los libros de historia de las ideas de Antonio Tovar, Luis Díez del Corral, José A. Maravall, Enrique Gómez Arboleya, Lapesa, Blema, Díaz-Plaja...

Y no puedo omitir mi nombre, porque, si no me equivoco, mi Historia de la Filosofía (enero de 1941), fue el primer libro nuevo de autor nuevo, que invocaba la tradición filosófica española anterior a la guerra para seguir adelante con otros libros: La filosofía del P. Gratry, Miguel de Unamuno, El tema del hombre, Introducción de la Filosofía, Filosofía española actual, El método histórico de las generaciones, Biografía de la Filosofía, Ensayos de teoría, Idea de la Metafísica, La estructura social...

Repare el lector en que esto es una fracción de lo que se ha publicado en España después de la guerra civil y hasta 1955. Y que me he fiado de mis recuerdos más vivos, sin disponer de tiempo ni de espacio para tratar adecuadamente el tema. Pero pienso que no son buenos botánicos los que hablan del “páramo” y se les pasa esta frondosa, esperanzadora vegetación, que pudo brotar en el clima más inhóspito, sin abono, sin cultivo, mientras tantos intentaban simplemente descastarla».

JULIAN MARIAS

22 de enero de 2008

Divorcio express. La familia a la interperie.

“Divorcio Express” Todo incluido. Su convenio en 24 h. Divorcios con hijos o bienes 490 €”. Es el primer vínculo que aparece en Google si tecleamos las dos palabritas mágicas.

Ya sabemos que el PP no piensa modificar la actual legislación del divorcio, modificada por el PSOE con la introducción del “divorcio Express”. Así lo ha confirmado Rajoy en una entrevista radiofónica. Nada nuevo bajo el sol, pues el PP en el Congreso no se atrevió a votar en contra de esta ley, pese a constituir una legislación sin parangón en los países de nuestro entorno, que no en vano el Consejo General del Poder Judicial, calificó como inspirada en el repudio islámico al alcance tanto del hombre como de la mujer.

El alarmante y exponencial incremento del número de divorcios en España desde la aprobación de la citada ley es un dato que debería preocupar, y mucho, a alguien que tiene la intención de gobernar esta nación. La institución de la familia ha quedado a la intemperie con una legislación que promueve e incentiva la falta de compromiso y seriedad que deben exigirse a los que contraen matrimonio, lo cual por otro lado, está en consonancia con el espíritu nihilista y hedonista y la ausencia total de valores que imperan en España.

Las estadísticas nos ofrecen datos para la reflexión y para la preocupación. No era ni mucho menos marginal el número de matrimonios que durante el año que debía mediar entre la separación y el divorcio, alcanzaban la reconciliación desistiendo de la demanda. Hoy, por el contrario, la irresponsable facilidad y rapidez con la que se obtiene el divorcio, priva a los matrimonios con problemas de dicho período de reflexión, que reconducía muchas veces situaciones nacidas en un momento de tensión y ofuscamiento de la razón.

Los más perjudicados, los niños, que contemplan impotentes como en sólo unos días se derrumba el castillo de su seguridad y da comienzo de una nueva vida no querida ni buscada, en la que deberán repartir su cariño al albur de un convenio regulador. Resultado: los índices de fracaso escolar se disparan en los niños de familias desestructuradas. Su felicidad es la principal víctima del egoísmo y la falta de espíritu de sacrificio de unos padres educados bajo la ley del mínimo esfuerzo y el engañoso canto de la libertad. ¿Sólo 490 €?

Consideraciones religiosas aparte, la crisis de la familia debería hacer reflexionar a quienes aspiran a gobernar España. Una educación en valores como el sacrificio, la fidelidad, el perdón, la entrega y la generosidad es más que nunca necesaria en nuestra sociedad.

Pero el PP está tan interesado en captar votos por donde sea, que no duda, con tal de molestar lo menos posible, en dejarse arrastrar por la miseria moral de una sociedad sin rumbo y abocada a su definitiva decadencia.

LFU