"Mi sueño es el de la patria, el pan y la justicia para todos los españoles, pero especialmente para los que no pueden congraciarse con la patria, porque carecen de pan y de justicia.". JOSÉ ANTONIO

11 de marzo de 2016

"En defensa del Ejército". Por José Utrera Molina


Reconozco que el asombro casi ha desaparecido de mi esfera mental acostumbrado a contemplar la política española como una sucesión inagotable de mediocridades, impulsos irracionales,  odios contenidos y rencores ocultos.

El último episodio, por ahora, de esta decadencia nacional lo constituye la intolerable ofensa de la alcaldesa de Barcelona a nuestras fuerzas armadas. Desconoce esta “preclara” política catalana –o lo conoce demasiado bien- que un pueblo no puede vivir sin su Ejército, que vertebra y encarna siempre las mejores virtudes de su identidad nacional. Una nación sin ejército no es nada. La sangre derramada, la abnegación, el sacrificio personal, el espíritu de servicio y la ofrenda de una vida rechazando la comodidad, son señas de identidad de quienes visten el uniforme militar.

Nunca me he sentido más hombre ni más español que cuando he vestido ese uniforme y no puedo permanecer callado cuando se le ofende porque hay juramentos que obligan hasta el último día. La ofensa incalificable de esta alcaldesa alcanza límites insospechados, bravuconerías de burdel, desprecios de almas insanas. Como español, me siento orgullosamente representado por el ejército y me siento insultado sin poder responder adecuadamente a tanta desfachatez.

¿Qué clase de vergüenza le queda a la Sra. Colau para desairar así una institución que a todos nos representa? ¿qué clase de gobierno, qué clase de medios de comunicación tenemos incapaces de responder a esta mezquina ofensa con una condena rotunda?. ¿Imaginan las consecuencias de una ofensa igual en Estados Unidos, en Francia o en Gran Bretaña?

No nos equivoquemos. Vejando a ese uniforme no se pretende otra cosa que insultar a toda una nación, porque saben bien que su sola existencia garantiza todavía que España no pueda desaparecer del todo. Porque entre sus paredes se sigue pronunciando el nombre de España con unción y se cultivan el honor, la disciplina y la lealtad. Confieso que me siento abrumado por el desengaño porque nunca creí que llegáramos a contemplar la institucionalización de la chulería, la normalización de la zafiedad. No es posible permanecer indiferente ante tales hechos y no entiendo la indulgencia ante tanta provocación.

Sé que los muertos de mi propia familia, que son muchos y que honraron ese uniforme, me agradecerán que pronuncie mi grito de rebeldía y de indignación. Dios que ve y contempla a un pueblo como el nuestro a punto de desustanciar su historia juzgará algún día a quien se ha caracterizado por su indignidad y su desprecio ante el baluarte de un ejército al que yo desde estas páginas rindo mi homenaje y ante el que me cuadro con la misma emoción que lo hice cuando tuve el honor de vestir su uniforme.

Sé que muchos soldados habrán sentido como yo ante tamaño desafuero un estremecimiento cordial. Nuestro corazón apenas es capaz ya de resistir la infamia de tantos insultos continuados, de tanta falta de dignidad por quién se ha permitido ofender a vivos y muertos de una institución que en todo momento, con gallardía y limpieza ha estado dispuesta a darlo todo por salvar el honor de España.

JOSÉ UTRERA MOLINA

Cabo honorario de la Legión

10 de marzo de 2016

Utrera Molina y el honor de Sevilla. Por Reyes Utrera

EL HONOR DE SEVILLA

Hace 45 años la Diputación de Sevilla concedió a un hombre bueno la medalla de oro de la provincia. Sevilla saldó entonces una deuda de gratitud con quien durante más de siete años dirigió los ásperos caminos de la dirección política de la provincia. Desde la Roda a Sanlucar la Mayor, desde el Cuervo a Cazalla de la Sierra, toda la provincia sintió en las más diversas circunstancias la enorme carga humana, esperanzadora y emotiva de quien fue su Gobernador Civil entre 1962 y 1969. De la misma manera se pateo la ciudad de Sevilla desde el Cerro del Águila o Torreblanca al Tardón, desde San Jerónimo a Heliópolis, no quedando barriada, casa, escuela, asilo, hospital o guardería que no haya sentido en alguna ocasión la alegría de su presencia, escuchando primero y disponiendo después, dentro o fuera de sus limitadas posibilidades, lo necesario para solucionar los problemas humanos más urgentes.
Los hombres y  mujeres de Sevilla, estudiantes y obreros, pobres y ricos, comerciantes, agricultores y ganaderos, los  círculos y las cofradías encontraron siempre abierta la puerta de un gobernador que no cejó ni un solo día en la tarea de buscar soluciones a los que acudían a él con el corazón atribulado. Su labor como gobernante no tuvo más fallos que aquellos que la realidad imponía a sus desbordados deseos de buscar lo mejor para Sevilla y para los sevillanos.
Hace 45 años, Sevilla entendió que, con buena o mala fortuna, un hombre joven se entregó apasionadamente a un servicio en el que dejó lo mejor de su vida. Desde aquel 14 de agosto -fecha que cada año recuerda con lágrimas en sus ojos-, en que iniciara su andadura en tierras hispalenses, supo identificarse plenamente con el sentir y el espíritu sevillano. Vivió horas de esperanza y muchas de zozobra, sufriendo como suyos los problemas de los sevillanos. En Sevilla dio la medida de su hombría y de su humanidad sin ningún puritanismo frío, y sin otra sonrisa que la que sale de la pureza de intenciones. Y allí gobernó con la llama intelectual y la acción decidida, como decía Ortega. Para comprobar todo esto no tienen más que asomarse a la hemeroteca de aquellos años, como yo hago hoy, al conocer hoy la indignidad cometida por la diputación hispalense.
Emotivas visitas a viviendas en ruinas que se erradicaron y sustituyeron por nuevos y decorosos hogares. Brenes y la Rinconada salen en la prensa por las mejoras en urbanización y pavimento para sus términos municipales, También se reflejan los continuos desplazamientos por Constantina, Carmona, Gerena, La Luisiana y Olivares, necesitadas de urgentes mejoras. Durante su mandato, se inicio el polo de desarrollo y la magna obra del canal de Sevilla-Bonanza que repercutió notablemente en la estructura sociológica de la provincia y sobre todo en la mejora de su bienestar. Nunca estuvo ajeno a los difíciles problemas de Villanueva del Río y Minas, y con resueltas y decisivas decisiones solucionó muchos de los problemas que angustiaban a los hombres que trabajaban en las minas. Por ello fue reconocido como hijo adoptivo de Villanueva del Río y Minas, también de Morón de la Frontera y de Utrera. Se crearon nuevos ambulatorios y parques infantiles tan pioneros como el de tráfico.  Pasó noches a la interperie con los afectados por las inundaciones de 1962, y no faltó nunca su aliento y compañía cuando la desgracia hizo acto de presencia en accidentes mineros y de otra índole.
Mi padre no cejo jamás en su lucha por dejar una Sevilla mejor que la que había encontrado. No se conformó con lo preciso de su deber, con pasar desapercibido. Se comprometió en cuerpo y alma, fomentó el acceso del pueblo a la cultura con la creación de centros de estudios y universidades laborales que adecuaran la formación de los hombres a la exigencia de los nuevos tiempos; luchó con denuedo y fue su máxima preocupación la justicia social como base para la convivencia, y no desfalleció en su lucha para que la juventud tuviese un papel activo en la tarea integradora. En el ámbito puramente económico consiguió subvenciones y auxilios económicos del orden de 170 millones de las antiguas pesetas.
A Sevilla, ciudad milenaria, de cultura vieja, excelsa sensibilidad e ingenio fino, llegó un hombre bueno el 14 de agosto de 1962, estrenando una nueva dimensión de su alma sensible. Luchó por ella con desvelo, escapando de la gestión política para entrar en el terreno de la obra humanitaria.   Hoy, la Diputación de esta misma ciudad, cuyos nuevos integrantes distan mucho de participar en lo que ha sido tradicionalmente la esencia hispalense, ha decido retirar los honores que le había concedido a José Utrera Molina en el año 1970, cuando se le otorgó la Medalla de Oro,  “por sus excepcionales cualidades personales de inteligencia y de carácter que han marcado un estilo y acción difícilmente inigualables en el cumplimiento de sus funciones”.
Nadie le regaló nada. Sevilla no le concedió la medalla de su provincia por adulación o protocolo, sino como muestra de gratitud, por una exigencia de justicia. La prueba es que fue el único gobernador de toda la era de Franco que recibió tal distinción. Hoy, 45 años más tarde y a punto de cumplir 90 años, tiene que contemplar con tristeza cómo otros sevillanos, quizás los nietos de sus testigos, sin conocerle de nada, han decidido que todos sus desvelos y sus realizaciones sociales no merecen reconocimiento alguno. Ninguna justificación han alegado para aprobar la moción presentada por Izquierda Unida y Participa Sevilla, que salió adelante con los votos a favor de PSOE y Ciudadanos, y con la cobarde y miserable  abstención del Partido popular. 
Nadie puede dar lo que no tiene. Los diputados provinciales de hoy podrán borrar reconocimientos oficiales, pero jamás podrán administrar honores que les son ajenos. Desgraciados ellos que  no saben que el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios.

Reyes Utrera 



7 de marzo de 2016

"Utrera Molina" por Francisco Correal

Utrera Molina

FRANCISCO CORREAL |  Publicado hoy en el DIARIO DE SEVILLA
PEPITA Barbero tenía tres años y nunca más volvió a ver a su padre. Emilio Barbero Muñoz, interventor de ferrocarriles, fue fusilado el 10 de agosto de 1936 en el cortijo de Hernán Cebolla ante el mismo pelotón que acabó con la vida de Blas Infante. Sigue viviendo en la misma casa de la calle Jamaica de Heliópolis de la que se llevaron a su padre, militante de Unión Republicana, uno de los catorce concejales del Ayuntamiento de Sevilla fusilados. Su madre, la viuda de Emilio Barbero, sacó adelante a su familia convirtiendo la casa en pensión de huéspedes y con sus trabajos de costurera. 

Conocí a Pepita Barbero en 2011, cuando se cumplían 75 años del asesinato de su padre. El historiador Juan Ortiz Villalba me puso en la pista y el encuentro fortuito con uno de los nueve hijos de Pepita me llevó hasta su casa de Heliópolis, uno de los antiguos hotelitos construidos para la Exposición de 1929. Gracias a ella pude conocer a José Utrera Molina, a quien la Diputación Provincial de Sevilla le acaba de retirar la medalla de la provincia que le entregó en 1979. Fue el propio ministro de Franco, gobernador civil en los años sesenta de Ciudad Real, Burgos y Sevilla, quien se puso en contacto conmigo para devolverle la gratitud que Pepita Barbero mostró en aquella entrevista. 

La hija del interventor de ferrocarriles me contó las duras vicisitudes de una infancia sin padre, de una madre trabajando en plan estajanovista, del estigma de criar a su propia familia como hija de republicano fusilado. Pepita tuvo nueve hijos, nunca consiguió el certificado de defunción de su padre, ni las bonificaciones de familia numerosa. Pudo conservar la casa de la que se llevaron a su padre gracias a la gestión que realizó en Madrid ante el ministro de Vivienda. "No quiero morirme", me decía el día que la conocí, "sin darle las gracias a Utrera Molina". Fue esa frase la que me permitió conocer por teléfono al político malagueño que en abril cumplirá 90 años y visitarlo en su casa de Nerja. 


Tiene razón Manuel Alcántara, decano de los columnistas, amigo de Garci, Aldecoa y Neruda, letrista de Mayte Martín, cuando en el prólogo del libro del ex ministro Sin cambiar de banderaescribe: "¡Cómo tendrían que revisar sus opiniones sobre ese hombre si algunos de los que hablan de Utrera Molina conocieran a Pepe Utrera!".




29 de febrero de 2016

Nunca podrán quitarte la honra

Querido papá:

Me dicen esta mañana que la Diputación de Sevilla ha decidido con el voto a favor de los partidos de izquierda y la abstención cobarde del Partido popular, retirarte los honores que esa misma institución te concedió allá por el año 1979, por los servicios prestados a esa tierra que está en lo más profundo de tu corazón.

Dicen que te retiran los honores como si pudieran hacerlo, como si en esa institución quedase una brizna de honra que poder administrar. No hay honra alguna en el odio de quienes pretenden insultarte sin conocerte. Y menos aún en la cobarde y vergonzosa abstención del Partido popular. Porque esa abstención no es sino un lavado de manos propio de aquél gobernador de Judea, cuyas iniciales coinciden con las del partido que fundó Manuel Fraga.

Se contaron por miles las viviendas nuevas que entregaste a los más humildes. Creaste barriadas nuevas, pasaste noches a la intemperie junto a familias sin techo tras las inundaciones del Tamarguillo hasta conseguirles un alojamiento digno, peleaste para recuperar empresas hundidas y conservar los puestos de trabajo. Te entregaste en cuerpo y alma a los sevillanos, sobre todo a los más humildes, le robaste horas a la noche, a tu salud y a tu familia para estar disponible siempre a una Sevilla que, como sigues diciendo, es el paisaje que mejor te sonríe. 

No estés triste. Allí en Sevilla hay mucha gente que te quiere. Ya te lo escribió De Prada hace unos pocos años cuando otra diputación, la de tu Málaga natal decidió otro tanto de lo mismo: “Las mezquindades de los miserables no logran sino aquilatar el honor de los hombres buenos».

Jamás el odio podrá borrar la huella de tu generosa entrega. Los que carecen de honor jamás podrán quitarte la honra. Porque tu honor y tu amor siempre han sido y será mucho más fuerte que el odio mezquino de unos y la vergonzosa cobardía de otros.

Un beso fuerte, papá, de tu hijo sevillano, que te quiere, admira y siempre llevará con orgullo tu apellido.

Luis Felipe Utrera-Molina Gómez

24 de febrero de 2016

Hora expiatoria

Para los que afirman que la Historia no se repite, aquí una muestra de cómo la derecha acaba rindiéndose al compromiso utilitario dejando que la izquierda se dedique a hacer política. 

80 años después, asistimos a los mismos errores de ayer.

«Nos llamaban ingenuos, locos o ignorantes, y ellos eran los listos. Ahora se ve quién ha acertado.
El eje de nuestra previsión y de nuestra crítica procedía del razonamiento siguiente: "Cuando las cosas fracasan por dentro acaban fracasando por fuera". La derecha se apoyaba con aparente éxito en cosas exteriores: dinero, propaganda, masa numérica, grandes diarios, etc., etc. En ella todo acusa un mundo interior, un mundo moral íntimamente fracasado. Se ha ido desprendiendo de todas sus raíces patrióticas y religiosas para ponerse al servicio de intereses materiales y subalternos. En ninguna zona de derechas aparece un clamor auténtico por la patria, el pan y la justicia. Los supremos valores espirituales se convierten en verbalismos, en banderines de enganche electoral, en pabellones para cubrir las mercancías. Sólo les une el miedo y el egoísmo. Están ya derrotados en el fondo de sus almas. Perderán. Las derechas se habían convertido en una enorme falsificación, mientras las izquierdas, con todos sus yerros y pecados, eran auténticas, creían en lo que decían, ponían pasión en aquello que decían defender.
La Falange fue la tremenda piedra de toque, la terrible piedra de parangón para desenmascarar la verdadera conciencia de las derechas españolas.»

Rafael Sánchez Mazas
"Arriba" nº 33, 23 de febrero de 1936

18 de febrero de 2016

Líbranos del mal

La última blasfemia institucionalizada de hace unos días en Barcelona ha puesto de manifiesto, una vez más, la confusión de los cristianos ante el mal.  Junto a loables reacciones de firmeza en forma de querella criminal, fluyen por las redes sociales mensajes melifluos en los que, ante los ataques y manifestaciones del odium fidei se “pide” respeto para nuestra religión y nuestras creencias. Lo más insólito es que el destinatario de ese mensaje es precisamente el mal, que sonríe complaciente.

Y al mal no se le pide, se le combate. Con firmeza. Con la misma que se usa contra aquellos miembros de la Iglesia cuyas conductas, guiadas por el mal, nos hieren y escandalizan. Jesucristo no rogaba a Satanás, le ordenaba y María aplasta a la serpiente. Los cristianos pedimos a Dios en el padrenuestro que nos libre del mal porque somos conscientes de que necesitamos de Su fuerza y de su espíritu para combatirlo.

Como decía el papa Francisco en su homilía de Santa Marta, el mal crece, se contagia y finalmente se justifica. El mal no dialoga, ni transige. Al mal se le combate con firmeza y con la ayuda de Dios. Como cristianos estamos obligados a dar testimonio, a salir de nuestros complejos y a perder el miedo a proclamar públicamente nuestra fe. El buenismo -que no es sino otra impregnación del mal en nuestra sociedad- confunde firmeza con violencia, para tachar de intolerante a quien defiende con convicción sus principios.

A Dios rogando y con el mazo dando. A Dios no le pedimos que el mal nos respete, sino que nos libre de él.  Con la misma firmeza con la que combatimos el mal cuando está dentro de la Iglesia debemos combatir el mal que nos ataca con el propósito de que poco a poco nos retiremos a los cuarteles de invierno, para eliminar la presencia de Dios en nuestra sociedad.  Actitudes como la del obispo Osoro respecto al asalto a la capilla de la Complutense no ayudan en absoluto, Yo también tuve 19 años y no me dedicaba a asaltar capillas. Orgullo y compromiso, firmeza y alegría. Ahora más que nunca estamos llamados los cristianos a dar testimonio de nuestra fe. Si nos callamos, si nos acobardamos, si negociamos con el mal, habremos perdido la batalla y no seremos dignos de la coda del padrenuestro: y líbranos del mal.

LFU