"Mi sueño es el de la patria, el pan y la justicia para todos los españoles, pero especialmente para los que no pueden congraciarse con la patria, porque carecen de pan y de justicia.". JOSÉ ANTONIO

10 de septiembre de 2014

Sic transit gloria mundi

Eso es lo primero que me ha venido a la cabeza al escuchar la noticia del fallecimiento de Emilio Botín.  Reflexionar sobre lo efímero de la gloria terrenal y pensar si, sorprendido por la guadaña en plena noche, habrá tenido tiempo para bien morir. Saber que de nada sirve en ese último viaje lo atesorado en la tierra, que el único equipaje que hay que tener siempre a punto son las cuentas de amor que tenemos en el haber.

Me ha venido a la memoria aquella impresionante carta de un joven José Antonio, condenado a muerte, a su amigo Rafael en la que se quejaba de la forma en la que había de entregar la vida: “Quisiera haber muerto despacio, en casa y cama propias, rodeado de caras familiares y respirando un aroma religioso de sacramentos y recomendaciones de alma, es decir, con todo el rito y la ternura de la muerte tradicional. Pero ésta no se elige”

No se elige. Ni el día ni la hora tampoco. Viene sin avisar y todos vivimos como si fuéramos a estar aquí para siempre. Por eso olvidamos con frecuencia qué importante es vivir cada día como si fuera el último, disfrutar de los que queremos, darnos a los demás, no dejar para mañana esa palabra, ese perdón, ese gesto amable que los demás esperan y que siempre dejamos para un mañana que a lo mejor no lo es.

He rezado por su alma, que por muchos juicios terrenales que ahora reciba, sólo conoce Dios. Es lo que debe hacer un cristiano. Y estar preparado, también.


LFU 

8 de septiembre de 2014

Ha muerto el soldado Palomo. Por José Utrera Molina



Ninguna etapa de mi vida ha tenido una resonancia en mi corazón tan fuerte y definitiva como los años inolvidables del servicio militar.  Allí tuve la ocasión de conocer a un hombre excepcional. Una mañana, en el cuartel de San Jerónimo (Granada), sorprendí a un grupo de soldados que atendían absortos a las palabras de un soldado de filas, para mí desconocido. Me acerqué al grupo y escuché con admiración las palabras cortantes, lacónicas y firmes que utilizaba el soldado Francisco Palomo.  Cuando terminó, le pregunté: soldado, ¿vendrías conmigo a donde yo te dijera? “Aunque fuera al infierno” -me contesto-. “Al infierno, no –le dije-, pero tienes derecho a conocer muchas cosas de la vida, porque creo en tu valor, en tu inteligencia y mereces una vida nueva. Cuando termine mis prácticas de Alférez, quiero que vengas conmigo.”

No lo dudó y desde entonces tuve el extraordinario honor de su compañía. Lo llevé conmigo al Gobierno civil de Ciudad Real, luego a Burgos y por fin a Sevilla, donde se asentó, ya casado, en una pequeña vivienda juntó a la que instaló un quiosco en el que vendía todo aquello que sabía que la gente necesitaba.

Jamás se interrumpió nuestra amistad. Hablábamos con frecuencia. Palomo amaba a España con la intimidad de su corazón insatisfecho. Decía que su patria era la mejor del mundo, cuando él había nacido sin ningún medio y perpetuaba su existencia sin lujos de ninguna clase.

Pasó el tiempo. Yo cesé de ministro, abandoné mis responsabilidades políticas y con el tiempo, también las privadas pagaron el precio de mi lealtad. Palomo, que sabía de mi abundante carga familiar, me llamó un día y me dijo: “Mi alférez: tengo cinco millones ahorrados. Son para usted”. Las lágrimas que derramo ahora, brotaron entonces de la emoción y le dije: “Gracias, amigo. Puedo todavía enfrentarme con la vida sin ninguna clase de ayuda, pero jamás olvidaré tu enorme gesto de generosidad.” Esa era la nobleza de un hombre sencillo que atesoraba una riqueza en el corazón que no he conocido en nadie más.

Hace tres días me llamó su mujer: “Mi alférez, soy la mujer de Palomo y le llamo para decirle que se ha ido”. ¿Dónde se ha ido?, le pregunté. “Se ha ido, para siempre”, me contestó. Aquella lacónica comunicación me produjo una perturbación emocional que nunca había conocido. Palomo, mi soldado, mi entrañable amigo, había muerto, y su viejo Alférez lloraba de dolor.

Era su corazón el más puro, el más auténtico que traté jamás.  Poseía un altísimo grado de intuición, que es siempre el principio motor de la sabiduría. Tenía valor, pero sus límites estaban claros y limitados por su bondad. Ya no escucharé más su voz preguntándome “¿cómo está, mi Alférez?” Pero yo seguiré cada día, mientras pronuncie su nombre en mi oración de cada mañana,  contestándole lo acostumbrado: “voy viviendo, Palomo.”


Escribo esto en homenaje a su hombría de bien, a su profundo amor a España, a su generosidad y a su amor por su familia. Fue un soldado ejemplar. Un hombre de una pieza. Yo le rindo mi homenaje y se me rompe el corazón al recordarlo. Tengo la seguridad de que ahora nos mirará desde el lugar de privilegio que Dios tiene reservado para quienes pasan por la vida haciendo el bien, sin proclamarlo.

Descansa en paz, Palomo, amigo del alma.


José Utrera Molina, Exministro y Alférez del Arma de Ingenieros

4 de septiembre de 2014

Un heróico 16%

Con la que está cayendo, que algo más de un 16% de los jóvenes españoles esté dispuesto a dar la vida por España, lejos de ser una mala noticia, resulta una invitación a la esperanza.  Yo creía que eran, o éramos -pues con cuarentaytantos aún  me considero joven-muchos menos.

Fue la derecha –no olvidarlo- la que eliminó de un plumazo el servicio militar con la repugnante gracieta del peor ministro que recuerdan los militares, Federico Trillo, que quiso hacerse el enrollado con aquello de “se acabó la puta mili”.  Era evidente que Aznar pensaba más en las próximas elecciones que en las siguientes generaciones, aunque con su proverbial humildad seguro que tampoco es capaz de reconocer aquél inmenso error. Se privó a generaciones de jóvenes de conocer la milicia, de aprender valores como la disciplina, la humildad, la renuncia o el compañerismo. Se les hurtó la posibilidad de escuchar en la orden del día las hazañas gloriosas de nuestro ejército, de sentir el orgullo de servir a una patria que para muchos ha desaparecido de su entorno, de saber en definitiva, lo que representa ser español.  

Como decía Spengler, al final siempre es un pelotón de soldados el que ha salvado la civilización. Y en una España en plena decadencia, en la que los valores del honor y de la patria quedaron arrumbados, cuando no proscritos, hace decenios; en los que los chavales estudian de memoria los churros, rosquillas y huesos de santo como alimento tradicional e ignoran el nombre de nuestros legendarios conquistadores del XVI; en la que la categoría de las personas se mide por el precio de su teléfono y el sacrificio ha pasado de ser un valor a convertirse en una patología más del masoquismo, saber que hay un 16% de los españoles que, resistiendo heroicamente el colosal embite de un medio hostil, serían capaces de dar su vida por España, es como para estar orgullosos y sacar pecho.

En ese 16% caben muchos pelotones. Con muchos menos, D. Pelayo inició la reconquista. Definitivamente, un nuevo motivo para creer aún en nuestra querida España.


LFU

1 de septiembre de 2014

De vuelta

Gracias a Dios, he podido disfrutar de un mes de vacaciones en compañía de mi mujer, de mis hijas, de mis padres y de mis hermanos. No todos pueden decir lo mismo. Por eso sé que soy un privilegiado. Por eso no sé qué es eso del "síndrome posvacacional", esa horterada insensible con quienes no pueden permitirse ni un día de vacaciones porque no tienen donde trabajar.

Así que de vuelta al trabajo y feliz por tenerlo. Ojalá muchos españoles encuentren trabajo el curso que comienza, que se nos antoja vital para nuestra querida España y en el que procuraré asomarme a esta página, en su7º año de vida, cuando mi trabajo me lo permita. "Primum vivere..."

Como decía Don Quijote, podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo, jamás.

Un abrazo a todos

LFU


29 de julio de 2014

Pujol, Game over

El reciente destape de una mínima parte sus vergüenzas pecuniarias por el patriarca nacionalista Pujol ha hecho emerger de las profundidades enormes dosis de impostura en no pocos políticos y comentaristas que parecen recién caídos del guindo tras décadas mirando para otro lado mientras la familia hacía caja con las pingües comisiones que formaban parte de la normalidad empresarial en medio del paisaje putrefacto de un oasis mantenido durante lustros por tirios y troyanos gracias a una ley electoral hecha a la medida de las fuerzas centrífugas.

No creo demasiado en las casualidades. Que precisamente en el año clave para la ofensiva separatista y pocos días antes de que el presidente de la Generalidad visite la Moncloa se destape el escándalo conocido y tapado por tantos durante tanto tiempo, tiene un tufillo a seria advertencia más que a descubrimiento policial, y me provoca un asco inmenso por el desprecio y agravio que supone al resto de los españoles que procuramos cumplir con nuestras obligaciones y no tenemos nada que ofrecer para la “estabilidad” institucional de la nación.

Es precisamente la quiebra del Estado de derecho que durante tantos años ha estado ausente de forma selectiva en Cataluña y que tuvo quizás su faceta más turbia en la Sentencia del caso Banca Catalana, la que me hace dudar que, una vez más, al final de esta historia, y a cambio de frenar el proceso secesionista, hayamos de tragarnos los demás el inmenso sapo de que las millonarias comisiones del 3% se hayan convertido para la historia en una romántica y añeja masa hereditaria tardíamente regularizada.

Parece claro que a Pujol y a su familia se les ha acabado su rentabilísimo juego. Pero no apostaría a que sufrirán como cualquier otro ciudadano el rigor de la justicia. Las cloacas del Estado aprietan, pero no parece que ahoguen.


LFU

17 de julio de 2014

Cataluña. La cesión al chantaje

Sólo desde la humildad y la autocrítica pueden afrontarse los problemas que nos afectan. España debe reconocer que, ante el desafío separatista del nacionalismo catalán, lleva décadas a la defensiva, cediendo continuamente a su chantaje y tratando de encontrar un “encaje” de “Cataluña” en España, cuando en realidad de lo que se trata es de calmar a la fiera con carne cruda.

Pero la fiera –el nacionalismo separatista- cada vez pide más. Hasta ahora se había contentado con inyecciones de dinero y transferencia de competencias. Con ese dinero y esas competencias han educado a dos generaciones que en su mayor parte no se sienten españoles, con la inestimable ayuda del control de los medios de comunicación, al servicio de los mitos goebbelsianos del separatismo.  

Resulta desazonador comprobar cómo en las élites de la sociedad prevalece el tacticismo y la resignación y toda la estrategia gira en torno a ver cómo se puede contentar “a los catalanes” cuando de lo que verdaderamente se trata es de contentar la voracidad del separatismo, olvidando absolutamente a ese 40 o 50% de los catalanes que se sienten españoles, a los que nadie toma en serio y que sufren en silencio la opresión nacionalista.

No resulta baladí el hecho de que el rey Felipe en los últimos meses haya viajado en ocho ocasiones a Cataluña y en ninguno de sus viajes se haya reunido con alguna de las plataformas que se atreven a hacer frente públicamente al nacionalismo.  

En los últimos días se habla incesantemente de nuevas maniobras opacas para ofrecer nuevos privilegios al nacionalismo a costa de la soberanía de los españoles y si hace falta cambiar la Constitución, ésta no será la barrera.

Es la derrota del Estado de derecho frente al desafío y la chulería del nacionalismo. España está abandonando a su suerte a millones de catalanes que se sienten catalanes y españoles y sobre cuyo atemorizado silencio cabalga triunfante la hidra nacionalista.

El verdadero triunfo del nacionalismo separatista está en la extrema debilidad de España como nación. Se equivocan quienes piensan que esta vez lo van a solucionar con dinero. Ya es demasiado tarde. La única solución pasa por la firmeza en la defensa de la ley y el estado de derecho frente al chantaje y la desobediencia.


LFU

15 de julio de 2014

Mariano Rajoy y el peligro Chamberlain

“Bien está, sí, el diálogo, como primer instrumento de comunicación (…)” pero quienes elevan el diálogo a categoría absoluta corren el riesgo de ser derrotados por los que presionan con la fuerza de los hechos consumados.

Daladier y Chamberlain creyeron que debían dialogar con Adolfo Hitler tras la anexión por el Reich de los Sudetes y el Anschluss y el resultado fue la invasión de Polonia, y de la mayor parte de Europa, la guerra mundial y el caos. “Renunciasteis al honor para tener paz y ahora no tendréis ni paz ni honor” les reprochaba Sir Winston Churchill a aquellos ingenuos enamorados del diálogo.

Ante la ofensiva separatista de los nacionalistas catalanes, Mariano Rajoy parece más inclinado a emular a Chamberlain que a Churchill. Sólo así puede entenderse que ante el constante y abierto desafío a la legalidad vigente, ante la descarada desobediencia de las sentencias judiciales, ante la bravuconería y chulería del Gobierno de la Generalidad y ante la quiebra del Estado de derecho en una parte querida de España, el Presidente del Gobierno reaccione con una nueva invitación al diálogo con el agresor.

No hay nada de qué hablar con quien amenaza abiertamente con romper la convivencia y atentar contra la soberanía de la nación española. Con los que chantajean al Estado y se burlan de la ley no se dialoga, se aplica la ley, con todas sus consecuencias. Hacer lo contrario constituye un síntoma de debilidad alarmante y un precedente extremadamente peligroso, además de una colosal injusticia y agravio comparativo con el resto de los españoles que cumplimos la ley.


LFU

8 de julio de 2014

Pablo Iglesias, el "bueno" y el "malo"

Aunque no soy asiduo al género chamuscado de las tertulias, resulta difícil husmear entre los canales y las redes sociales sin que alguien esté hablando de Pablo Iglesias. Y cuando el que habla pertenece al Partido socialista, suele apostillar su referencia distinguiendo al líder de “Podemos” de su fundador, al que le ha caído el apelativo de Pablo Iglesias, “el bueno”, quizás para destacar la radicalidad del omnipresente y flamante eurodiputado.  

Pero de “bueno” o de moderado tenía poco el linotipista. Según recoge Luis Gómez Llorente en su libro "Aproximación a la historia del socialismo español hasta 1921",( Cuadernos para el Dialogo, Madrid, 1972, página 169-) el 12 de noviembre de 1921, en su discurso pronunciado ante el VI Congreso del PSOE en Gijón, Pablo Iglesias, “el bueno” pronunciaría éstas palabras pletóricas de talante: "Queremos la muerte de la Iglesia… para ello educamos a los hombres, y así les quitamos la conciencia… No combatimos a los frailes para ensalzar a los curas. Nada de medias tintas. Queremos que desaparezcan los unos y los otros".

Pues bien, no sé cuál de los dos Pablos es peor, aunque seguramente ambos habrán renegado por igual de su apellido. Del contemporáneo, debo señalar su fuerte dogmatismo, su carácter sectario y la extraordinaria habilidad que demuestra ante las cámaras. No hay duda de que la cámara “le quiere” y lo más sorprendente –o no- es que todos los medios hayan decidido promocionarle de forma gratuita. Me barrunto que algo tendrá que ver la cocina de Arriola en todo esto, pero la estrategia no es nueva y es peligrosa. Ya lo intentó Miterrand con el Frente Nacional y ahora es la primera fuerza política de Francia.

Lo peor es que a Pablo Iglesias se las ponen con a Fernando VII. No es que el muchacho sea tonto, ni mucho menos, pero si le ponen de sparring a tertulianos de profesión a sueldo de los partidos, intelectualmente menesterosos y sin otros principios que los de Groucho Marx, la victoria la tiene asegurada. Vean si no el repaso que Fernando Paz le dio a Pablemos a cuenta del franquismo, esgrimiendo con valentía la verdad frente el rancio argumentario  de la historiografía marxista.

Ya sé que al Partido popular le interesa sacar el espantajo de este revolucionario con coleta para alentar el voto del miedo, pero mucho cuidado con estos experimentos. La campaña se la están haciendo gratis y esto se acaba pagando.


LFU

27 de junio de 2014

Pablo Iglesias le abre la puerta grande a Rubalcaba

El cinismo, o tal vez la fragilidad de la memoria, nos presenta hoy a Alfredo Pérez Rubalcaba como un gran hombre de Estado al que se despide como a los buenos toreros, con una gran ovación y el olvido de sus tardes negras.

El mismo Rubalcaba que hizo el trabajo sucio en aquella terrible jornada de reflexión de marzo de 2014, el que sirvió de escudero al infame Zapatero durante sus dos legislaturas, el que ha sido capaz de justificar y defender tripartitos, aborto libre y educación para la ciudadanía, ayer era despedido por tirios y troyanos –y cómo no, por el cursi pomposo de Posada, como un gran prócer de la democracia.

Me quedo con el Suum cuique tribuere de Ulpiano y líbreme Dios de juzgarle, pero sus actos y dichos están en la hemeroteca.  No derramaré una lágrima por un político que tanto daño a hecho a nuestra nación por mucho que lo que haya de venir sea peor.

Pero la pura verdad es que Rubalcaba se va, porque Pablo Iglesias le echa. La izquierda se está echando al monte encendida por la mecha del sectarismo que prendió el infame con su escudero.  El hijo se revuelve contra el padre y lo aparta, porque la semilla del odio acaba dando sus frutos podridos. Descanse en paz.


LFU       

20 de junio de 2014

Mi hermana Reyes

“No hay quinto malo”. Eso decimos los aficionados a los toros para agarrarnos a un clavo ardiendo cuando la corrida no da para más. En este caso, de ocho morlacos que somos los hermanos Utrera, la quinta, es sin lugar a dudas, la mejor. Y para no romper la tradición, le dedico esta página con motivo de su cumpleaños.

Mi hermana Reyes es, simplemente, la personificación de la bondad.  Siempre he admirado en ella su extraordinaria capacidad para ver y mostrar siempre la luz de los demás, ignorando las sombras que nos rodean.  Alérgica a la murmuración y a la maledicencia, sabe apartar los prejuicios para ponerse en lugar del otro y siempre encuentra justificación para salvar al árbol caído, algo que sólo lo consiguen los que tienen enorme el corazón.

En algún sitio he leído que no hay mayor signo de superioridad que la bondad, y es que ésta sólo brota con fuerza en el corazón de los elegidos por Dios para servir de faro a los que le rodean. 

Reyes es la dulzura sin empalagos, la sinceridad piadosa, no hay persona en el mundo que sepa como ella arrimar el hombro como el Cireneo para cargar con las cruces que los demás llevamos a cuestas, siempre con una sonrisa.  Y tiene el corazón –como su casa- abiertos de par en par. Por eso son tantos los que buscamos la paz en su consejo y por eso también, si alguna vez he sentido, no ya su enojo, sino un leve reproche en su mirada, nunca he dudado que era yo quien había fallado.

De los ocho hermanos, la única que cambió el Código civil por el de Hammurabi, volcó su enorme sensibilidad en el cultivo de la historia y del arte, y es de esas personas que saben que la luz que entra por su balcón cada mañana viene a iluminar la tarea justa que Dios les ha asignado en la armonía del mundo.

Sólo los que saben darse alcanzan la verdadera felicidad. Mi hermana quiere y es querida por todos. Su marido, Alejandro -que compite con ella en bondad- y sus hijos, Victoria y Alejandro, saben muy bien de lo que hablo. Por eso sólo puedo imaginarla con una sonrisa.  

Que Dios te bendiga siempre, querida Reyes y te conserve intacta esa mirada luminosa que te hace grande entre los demás.

Tu hermano que te quiere.


Luis Felipe

16 de junio de 2014

¿Proclamación o simulacro?

La monarquía es, sobre todo, tradición y rito. Al margen de las justificaciones accidentalistas de la institución por su utilidad contingente, la corona representa el vínculo que nos une a nuestra historia. Felipe VI será rey en tres días por haber nacido Borbón e hijo de rey y porque sigue en vigor la Pragmática Sanción de 29 de marzo de 1830 que posterga a la mujer en el orden sucesorio por detrás del varón independientemente de su edad.

La monarquía española es, además, de tradición católica. Las reinas de España gozan por su condición católica del “Privilegio de Blanco” que ejercen habitualmente vistiendo de blanco en las Audiencias con el Papa.

Todo ello forma parte del rito y de la tradición histórica de nuestra patria. Por eso, la decisión de la Casa Real de prescindir de la Misa del Espíritu Santo posterior a la proclamación, del Crucifijo y los Evangelios no es un signo de modernidad, sino, cuando menos, un desprecio a la tradición que forma parte de la esencia misma de la Corona y justifica su existencia y también al sentido cristiano mayoritario del pueblo español.

Todo el rito y ceremonial de la Corona -que con tanto mimo cuidan y respetan las monarquías sajonas, tan orgullosas de su historia y tradición- forma parte también de lo que los cursis denominan ahora “marca España”. Y ese remedo que se inventó Aznar del “Patriotismo constitucional” es una filfa que a nadie puede emocionar.  

Si tan empeñados están en que España nació con la Constitución –esa especie de big-bang que nos hizo surgir de la nada- no sé qué narices le van a explicar a los independentistas de Cataluña. España es mucho más, siglos de historia de la nación más antigua de Europa no pueden despacharse con un simulacro vergonzante que a nadie contentará. Porque los nostálgicos del Frente popular no lo agradecerán y los monárquicos de convicción acusarán el agravio. Al resto de los españoles, ni fu ni fa. Con lo que le gusta al pueblo presumir de boatos y añejas estirpes, la fría proclamación constitucional que se anuncia es como la leche esterilizada, sin microbios, pero también sin vitaminas.

Me vienen a la cabeza los versos de Martínez Mesanza:

Quien no comprende la razón del rito,
quien no comprende majestad y gesto
nunca reconocerá la humana altura,
su vano dios será la contingencia.
Quien las formas degrada y luego entrega
simulacros neutrales a las gentes,
para ganarse fama de hombre libre,
no tiene dios ni patria ni costumbre.

Mal comienzo, Majestad.


LFU

4 de junio de 2014

Ante la Abidicación del rey, "Asumir la Historia" Por José Utrera Molina

(Ante la negativa del Diario ABC a publicarlo, "Arriba" lo hace con orgullo.)

Tras escuchar atentamente a su Majestad el Rey de España, hacer un resumen de su vida sin hacer la menor mención a quien fue el verdadero artífice de que la monarquía se instaurara en España, me he preguntado sobre la oportunidad y acierto de esta omisión, en mi opinión injusta, aunque políticamente comprensible. Hago mías, aquí, las palabras de Nietzsche citadas por Ortega, precisamente, en su elogio a la Monarquía británica por mostrar su afán de continuidad escrito en «La rebelión de las masas», «cuando define al hombre superior como el ser de más larga memoria». Relatar el presente inmediato mutilando parte de los eslabones que explican la continuidad con el pasado, no deja de ser una operación cosmética que disimula pero no puede borrar el pasado. Nadie, nunca, comienza enteramente de nuevo. El pasado es el patrimonio singular del hombre como especie, su privilegio y señal. Asumirlo, sin jactancias y olvidos, es propio del hombre seguro de sí.

Ningún historiador riguroso puede negar, sin incurrir en una clamorosa parcialidad, la tenaz voluntad de Franco para instaurar en España el régimen monárquico continuando la línea dinástica de Alfonso XIII, su padrino de boda. Jamás tuvo la menor vacilación en su decisión cuando no fue una cuestión nada fácil, políticamente hablando, dentro del Régimen anterior, donde los monárquicos no eran precisamente legión y D. Juan de Borbón- sin duda mal aconsejado-, no ayudó precisamente con su célebre e inoportuno Manifiesto de Laussane.  Me encuentro en la obligación de señalar este pequeño detalle de olvido por un elemental imperativo de justicia. Y es que hubiese bastado una levísima señal que en modo alguno le comprometiera ante nadie. Asumir la historia en su integridad es muestra de fortaleza, de superación valiente de añejos rencores.

Ojalá que el nuevo Rey de España, que estoy seguro que el pueblo espera y aclamará, mantenga una sabia neutralidad y distancia en relación con tantos y tantos vuelcos que ha tenido la historia española. Que sirva con su innegable juventud a España enfrentándose a los riesgos del futuro. Yo lo espero así porque tiene condiciones suficientes para cumplir su misión limpiamente. Él no debe nada a nadie sino a su padre y es depositario de una tradición histórica secular.

Pido a Dios que le asista en su andadura. No hay en mí el menor reproche a su imagen y a las palabras que hasta ahora ha pronunciado. Creo en él y pido a Dios que le asista para que España fuertemente unida alcance los ideales de bienestar y de grandeza que muchos españoles seguimos soñado.


JOSÉ UTRERA MOLINA

2 de junio de 2014

La Abdicación del rey

Si hay algo que los años le enseñan a uno es que, en política, casi nada es lo que parece.  Estoy seguro de que la abdicación del rey hoy anunciada, obedece a causas últimas que se nos escapan, aunque podamos barruntarlas. Qué duda cabe que si su decisión no era la de morir siendo rey, el momento de abdicar era hoy, que la estabilidad parlamentaria permite la rápida aprobación de una ley orgánica que asegura una sucesión sin sobresaltos.  

En cualquier caso, a pesar de mi escaso fervor dinástico provocado por la más que cuestionable trayectoria política y vital del rey Juan Carlos y sus predecesores en el trono, pensando en España y nada más que en España, creo que lo mejor para esta hora de tribulación en la que se encuentra nuestra patria es que la Jefatura del Estado permanezca ajena a los vaivenes de la lucha partidista y a salvo de los desvaríos del sufragio universal.

La Corona es hoy, indiscutiblemente, uno de los pocos elementos vertebradores de la nación española, por representar el lazo de unión con nuestra tradición histórica. Ahora, cuando la unidad de España está en peligro, la mayor parte de las instituciones desprestigiadas y la clase política en entredicho por la corrupción y la falta de ejemplaridad, la Corona tiene ante sí una ocasión histórica única para hacer valer su papel integrador y evitar que España perezca como nación.

Si así lo hace, justificará para cien años más su existencia. Si no, se verá arrastrada con toda justicia por el ocaso de una nación a la que no habrá sabido servir como debía.

Que Dios ilumine al nuevo rey y bendiga siempre a España.   


LFU

21 de mayo de 2014

La muerte no es el final


Pilar, la mujer de mi amigo Federico, me llamó hace unos días para invitarme al funeral de su suegra. Llegué antes de la hora y me acerqué circunspecto a dar el pésame a mi amigo con el consabido y mecánico “Lo siento mucho”. A mitad del abrazo, Federico se apartó y con los ojos muy abiertos me pregunto: «¿Por qué? ¡Pero si lo que tienes que hacer es darme la enhorabuena!.  No te imaginas la muerte más bonita que tuvo. Vino la Virgen a llevársela cuando estaba en paz, rodeada de sus siete hijos que rezábamos el rosario junto a su cama. Allí se respiraba alegría –incluso mientras la velaba se me escapaba una sonrisa- porque todos sabíamos cómo había vivido en el amor y lo grande que era la felicidad que le esperaba.»

Aunque una y otra vez leamos el Evangelio, a los cristianos rara vez se nos nota la alegría que debíamos tener cada mañana. Vivimos como si no creyésemos de verdad que al otro lado está la Gloria, como si no fuera más que un consuelo o engañifa con el que mitigar nuestro dolor, como si la muerte fuera de verdad el final.  Federico no es así. Allí por donde pasa se encarga de predicar con su ejemplo la alegría de la resurrección. Y así fue el impresionante funeral de su madre, que comenzó con un impresionante Gloria y acabó con un emotivo y vascongado Agur Jesusen ama. Allí se respiraba alegría, gratitud y mucho amor. Se estaba en la gloria. No había ninguna duda de que allí mismo estaba Dios.

Enhorabuena Federico y gracias, Pilar por no dejar que me perdiese una celebración tan feliz y entrañable.

Laus Deo

LFU


7 de mayo de 2014

A mi hija Victoria, en su Primera Comunión

Querida Victoria

                Hace algo más de nueve años, cuando ya te intuíamos sin conocerte, visité el Santuario de Santa María de la Victoria y te encomendé para siempre a la Virgen anunciándole que si eras niña, llevarías Su nombre.

                El día de tu bautismo elegimos mamá y yo la carta de San Pablo a los Corintios “si no tengo amor, no soy nada”.  Quisimos que tu primera entrega a Cristo empezase con una invocación al amor.

Mañana será un día grande para toda la familia. Abrirás tu corazón a Jesús recibiendo el sacramento más importante, el de la comunión, y por eso quiero dedicarte unas líneas escritas desde el corazón.

                Jesús dijo: "Si uno come de este pan, vivirá para siempre [...] El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna [...] permanece en mí y yo en él".  No olvides nunca que no hay amor más grande que el del que da su vida por los demás. Cada vez que comulgues te unirás más a Jesús, y te harás partícipe de su amor. Es la “poción mágica” de los cristianos, la que nos hace más fuertes frente al mal que se esconde detrás de cada esquina. Por eso no olvides nunca que antes de tomarla deberás tener el corazón preparado para recibirle, como preparamos la casa cuando recibimos a un invitado.

Hace tres años, tu abuelo Pepe ya definía a la perfección los rasgos de tu carácter en los últimos versos del soneto que te dedicó:

Curiosidad y afán avizorante,
llenan de gozo tu mirar sereno
descubriendo la vida a cada instante

Atrevida, audaz, perseverante,
está tu corazón de magia lleno
y te lo llevas todo por delante.

Ansiosa siempre por descubrir el afán de cada día, hoy estás preparada para recibir por primera vez el cuerpo y la sangre de Jesús. Cuando pasen los años, la fecha de mañana será de las pocas que nunca olvidarás en tu calendario. La alegría y la fortaleza que salen de ti son prueba de que el amor de Dios reina en tu corazón, que debes cuidar para que sea el mejor portal en el que pueda nacer cada mañana. 

Que Él te bendiga mañana y el resto de tu vida, que deseo feliz y adivino intensa, decidida y arrolladora. Persevera en tu generosidad y en la facilidad con la que das amor a los demás. Esa y no otra será la clave de tu felicidad.


Tu padre que tanto te quiere.

Luis Felipe Utrera-Molina

25 de abril de 2014

¡No tengáis miedo!

La Navidad de 1981 tuvo para mí un significado especial. Mis padres nos llevaron a los ocho a Roma para celebrar sus bodas de plata. Por primera vez pisé la ciudad eterna y tuve el privilegio, junto con mis padres y hermanos, de besar el anillo del pescador y hablar brevemente con el que el próximo domingo será elevado a los altares por la Iglesia. Aquí os dejo el testimonio gráfico de la ocasión.

San Juan Pablo II pasará a la historia como el papa de la familia y el que mejor representó la aceptación de la pasión de Cristo en carne propia. El que abrió su pontificado, joven y vigoroso saliendo al balcón de la logia de San Pedro con aquél grito potente y esperanzador:  ¡¡No Tengáis miedo, abrid las puertas a Cristo!! acabó sus días enseñando al mundo la dignidad de su dolor y la entrega a los demás desde la postración de su enfermedad. En un mundo en el que se aparta a los ancianos y se elude la visión molesta del dolor, él quiso dar al mundo una lección de esperanza y de amorosa aceptación de la cruz que le había correspondido.

Jamás olvidaré la emoción del día en que su voz se quebró para siempre ante las cámaras del mundo entero. Su mirada, mezcla de impotencia y aceptación humilde de su dolor era una escena estremecedora de la pasión. Recuerdo que lloré con esa mezcla de tristeza y alegría que tiene la emoción de contemplar algo tan terriblemente doloroso como extraordinariamente hermoso.

El próximo domingo, una de mis hermanas tendrá el inmenso privilegio de estar de nuevo en Roma en la canonización del que será para siempre mi Papa. De alguna manera, nos representará a todos para agradecerle las gracias que por su intercesión hemos alcanzado.  Cuando el mal nos acecha, cuando nos gana la partida, cuando nos damos cuenta de nuestra pequeñez y miseria, cuando el dolor nos puede y acobarda, siempre tendremos su imagen fuerte de esperanza del primer día y la amorosa y dulce mirada de su última postración.

San Juan Pablo II, ruega por nosotros.

LFU


13 de abril de 2014

Respeto a nuestra Historia. por José Utrera Molina



Cada día, cada mañana, tropiezo con alguna que otra nota que desfigura intencionadamente una verdad histórica de por sí dolorosa. Una guerra civil suscita siempre pasiones controvertidas, recuerdos que no se deben airear para que encontremos la historia del futuro suficientemente limpiay libre de trabas condenatorias. Me refiero al propósito avalado por una autoridad judicial de derribar el bello y singular monumento que Granada dedicó a la memoria deJosé Antonio Primo de Rivera.

No voy a hacer aquí la apología de quien fue fundador dela Falange Española. Es una figura tan ejemplar, tan llena de joven heroísmo que solo merece una mención con una alabanza superlativa. Somos muchos los que creemos que hay que reivindicar para España entera esta figura simpar que amó profundamente a España y por ella se sacrificó cuando tenía solamente 33 años. Pero dejando aparte estas necesarias y justas apreciaciones, voy a referirme en estas líneas al disparate histórico y al crimen narrativo que presupone no superar nuestra contienda civil sino avivarla con nuevos y escasos argumentos que establecen una situación absolutamente falsa: “Los vencedores no tenían razón y los vencidos eran depositarios de la limpieza democrática”. Si lo que se pretende es difuminar un tiempo que tuvo sus claroscuros, lo que se estáperpetrando es un disparate monstruoso, al situar a unos españoles ejemplares en el cieno y elevar sobre la fuerza de la historia a otros que fueron culpables clarísimos de nuestra contienda.

Pues bien, en Madrid existen estatuas que hacen la apología de aquellos que originaron con sus palabras y con sus hechos nuestra guerra civil. Me refiero a las imágenesde Indalecio Prieto y de Francisco Largo Caballero que están situadas en lugares importantes de Madrid. A ellos sí se les cubre de una falsa gloria, de una ofensiva falsedad.¿Cómo se puede denostar en el terreno de los hechos históricos a un hombre en plena juventud cubierto por el plomo y el odio de los que le fusilaban, y elevar a los altares de la ciudadanía a los que sin duda alguna fueronlos instigadores de aquella masacre?. Se pueden señalar párrafos enteros de condenaciones de ideologías y de actitudes que radicalizaban el ambiente español tanto por Largo Caballero como por Indalecio Prieto.

Lo que pretendo con estas líneas es mostrar mi radical condena de la Ley de la Memoria Histórica que elPresidente Rajoy anunció en su día que sería severamentecorregida. Nada se ha hecho en este sentido, por lo que cada día se destruyen para siempre toda clase de referencias al régimen anterior y a quienes, como José Antonio, ni siquiera pudieron alzarse en armas contra el proceso revolucionario en marcha, porque llevaba meses encerrado en la prisión por el frente popular,  mientras seensalzan los falsos valores que no lograron elevar las fuerzas históricas de la democracia. El escandaloso asesinato del Jefe de la oposición parlamentaria, Calvo Sotelo, por miembros de la escolta del propio Indalecio Prieto y con la clara complicidad de significados elementos del gobierno frentepopulista se posterga en el olvido mientras se intenta cubrir de oprobio a quienes no tuvieron otra alternativa que luchar por su propia supervivencia y la de España.

Yes hora de que las espadas levantadas entonces, se doblen con propósito de reconciliación y de armonía entre todosPero jamás sobre la mentira institucionalizada, jamás sobre una memoria impuesta desde el rencor, sino sobre la verdad del dolor que en una y otra España sufrieron los protagonistas de aquella lejana tragedia.

JOSÉ UTRERA MOLINA

7 de abril de 2014

Pilar Urbano, el 23-F y los Colmillos retorcidos

Uno de los inconvenientes de cumplir años es que se nos van cayendo escamas de ingenuidad que son sustituidas por colmillos retorcidos.

Hace una semana el diario "El Mundo" en coordinación con el Grupo Planeta arrojaba una bomba a la línea de flotación al reinado de de Juan Carlos de Borbón. El detonante de esa bomba no es otro que la inefable Pilar Urbano a quien, por cierto, la reina Doña Sofía escogió inter pares hace unos años para confiarle su biografía autorizada hace unos años.

Lo que cuenta Pilar Urbano -novelaciones al margen- no sólo es absolutamente verosímil, sino que no es nada nuevo. Coincide con un análisis aséptico de los hechos que acontecieron durante los meses de enero y febrero de 1981 y con la personalidad del rey Juan Carlos, un hombre acostumbrado a decirle a todo el mundo lo que quiere oír y hacer luego mangas y capirotes según le convenga. Quizá el mayor problema para la credibilidad de lo que cuenta es la propia Urbano, tantas veces desacreditada por cultivar en exceso el género de la ficción histórica.


¡Qué pena que D. Ramón del Valle Inclán no esté vivo para contarlo! El esperpento de la clase política y periodística rasgándose las vestiduras de forma colectiva y unánime al ponerse en duda la verdad oficial tras las cínicas exequias del presidente Suárez, constituye un espectáculo bochornoso que huele a la naftalina de todo un sistema en decadencia asaeteado por los más diversos flancos. Ya lo decía el sabio refranero español. “A perro flaco, todo son pulgas”. 

Atando cabos con el colmillo retorcido, no es difícil concluir que alguien de su entorno más cercano tenga mucho interés en darle la puntilla a D. Juan Carlos para que abdique de una vez en su hijo antes de que sea demasiado tarde para el futuro de la institución.

LFU

25 de marzo de 2014

A propósito de Suárez

Por un imperativo de conciencia y de respeto he evitado pronunciarme sobre el insólito proceso de mitificación de la figura política de Adolfo Suárez mientras estuviera de cuerpo presente.

Adolfo Suárez está sometido ya al juicio de la historia. La gran cantidad de lugares comunes, medias verdades, falsedades completas y halagos póstumos de estos días de duelo quedan para el anecdotario luctuoso del político abulense. Tengo para mí que la clase política ha querido utilizar su figura para auto-justificarse en un momento en el que la política está desprestigiada y las instituciones están siendo seriamente cuestionadas por el pueblo español. De hecho, ninguno ha querido faltar a la cita, ni siquiera los que más denigraron en vida al fallecido presidente.

Por más que lo repitan ad nauseam Suárez no fue el artífice de la transición. El que hizo posible la misma fue el propio régimen que lo encumbró y en el que llegó a sus más altas cumbres de poder, al crear unas condiciones de bienestar y desarrollo en los españoles que actuarían como elemento disuasorio capaz de neutralizar cualquier aventura que implicase un nuevo enfrentamiento. Sí fue eficaz en triturar aquél régimen en un tiempo récord, aunque no era muy difícil teniendo en cuenta que la mayoría de sus servidores estaba por agarrarse a las alfombras como aves de rapiña.

Quien diseñó el tránsito del régimen autoritario al sistema de democracia parlamentaria fue otro hombre del régimen, Torcuato Fernández Miranda, por encargo del rey. Un Fernández Miranda que, sin embargo, no se avino a transigir con la formulación del título VIII de la Constitución pronosticando que abriría abismos en el futuro y adelantándose al drama desintegrador que hoy vive nuestra nación. Como consecuencia de ello, acabó sus días en la más absoluta soledad y abandonado de todos.

Suárez, que en sólo seis meses pasó de hablar de “la gigantesca obra de ese español irrepetible al que siempre deberemos homenaje de gratitud, que se llamaba Francisco Franco” a afirmar que “España estaba saliendo de la larga noche de la dictadura”, prefirió el disparate del “café para todos” a una formulación más responsable de la estructura territorial del Estado que garantizase su estabilidad a largo plazo. Heredó una España con menos de un 4% de paro y salió del gobierno con una tasa de paro del 16%. Era un hombre con una clara vocación de poder y con escasos escrúpulos, tal vez lo que el rey necesitaba en esos momentos para desmontar la estructura del régimen que había posibilitado el regreso de la Corona.

Aunque ahora todos le colman de alabanza, lo cierto es que acabó completamente solo y en buena parte por méritos propios. Ganó unas elecciones desde el poder con todo a su favor, una sola televisión, férreo control de los medios y del aparato del Estado y no logró acabar ninguna legislatura, llevando al país a una situación insostenible que culminó en el intento nunca aclarado de golpe de estado del 23 de febrero de 1981. 

No fue, a mi juicio,  el gran gobernante que ahora dicen, ni tampoco el mejor presidente de la democracia, aunque el nivel no haya sido muy alto entre los que han ocupado esa magistratura.

Todo ello no puede hacerme olvidar el calvario que tuvo que sufrir en lo personal. La entereza y testimonio de fe de su hija Mariam en su enfermedad, anteponiendo la vida de su hijo no nacido a la suya propia, la enfermedad y muerte de su mujer por un cáncer que hizo estragos en sus otras dos hijas, su temprano declive presa del Alzheimer….demasiadas cruces para un solo hombre, que sin duda le servirían para redimir cualesquiera deudas que tuviera ante Dios.

Lo cortés no quita lo valiente. Rezar por la salvación de su alma es lo que hice cuando tuve noticia de su fallecimiento, pero no estoy dispuesto a sumarme al insufrible botafumeiro al que nos ha sometido el sistema y el pensamiento único, que me produce verdadera alergia primaveral.

Que descanse en paz.


LFU